Las olas de calor, que tanto han marcado este verano de 2026, ya empiezan a pasar factura al sector turístico de los municipios donde los termómetros son más implacables. Hasta el punto de que el 13,8% de los turistas extranjeros que visitaron España en 2024 y que experimentaron temperaturas extremas durante su estancia cambiaron al año siguiente de destino, «con preferencia a elegir lugares con temperaturas más frescas«, explica David César Heymann, economista de CaixaBank Research y autor del informe ‘El cambio climático y la fidelización del turismo internacional: nuevas evidencias para España’, en el que se analiza el comportamiento de los visitantes internacionales a partir del gasto realizado con sus tarjetas de crédito.
Otros afectados optaron también por reajustar las fechas de sus siguientes vacaciones, pero eso sí, subraya Heymann, la mayoría de ellos siguieron viajando a España. Lo que hacen aquellos que sufren una ola de calor, señala el investigador, «son pequeños cambios, modificaciones finas, pero que pueden tener una repercusión económica relevante en esas zonas más frescas, que son las beneficiarias».
En un año en el que el turismo va a volver a romper récords, con una afluencia en los aeropuertos españoles que ya en julio había superado los 67 millones de pasajeros internacionales, los investigadores de CaixaBank Research constatan que los extranjeros que vienen a España suelen regresar, «porque son turistas, por decirlo de alguna manera, superfieles a la oferta vacacional que hay aquí», sobre todo los que suelen elegir el Mediterráneo como destino, indica Heymann en conversación con este diario.
«Lo que pasa es que, tras una experiencia de calor extremo, tienden a modificar su lugar de vacaciones, eso sí, suelen buscar en el mismo ámbito geográfico». Esto beneficiaría, por ejemplo, a ubicaciones como la Costa Brava o algunas áreas más elevadas de la isla de Mallorca, y aunque el autor prefiere no citar ningún caso concreto, la lista de municipios más perjudicados por los efectos del calor sofocante apunta claramente hacia el sur.
Algo parecido ocurre, prosigue el economista de CaixaBank, con los viajeros que eligieron destinos de interior. «Es lo que hemos denominado margen de sustitución climática y hemos detectado que se produce de modo importante dentro de las mismas temporadas y categorías de destino«, señala. Así, los turistas que visitaron un municipio o realizaron una ruta por el interior de España en el verano de 2024 bajo condiciones de olas de calor, «tendieron a elegir en 2025 destinos con mayor altitud que los visitantes que no experimentaron esas temperaturas tan extremas».
Reordenar las preferencias
«La probabilidad de elegir un destino con una temperatura histórica al menos cinco grados inferior a la de 2024 aumenta en función de la proporción de días de la estancia previa en los que se superaron temperaturas máximas de 32º C», recoge el estudio. «Dicho de otro modo, la experiencia de calor extremo reordena las preferencias dentro del mercado turístico español«, concluye el análisis que firma Heymann junto con su compañero Eduard Alcobé.
Respecto a la posibilidad de cambiar de fechas, «lo que se constata es que los extranjeros siguen viniendo preferentemente en verano, entre otras razones, porque es cuando los niños tienen vacaciones en la escuela o, en el caso de las familias sin hijos, es cuando las empresas que no tienen flexibilidad por la carga de trabajo permiten librar a sus trabajadores«, apunta el investigador.

Una familia de turistas se refresca en una fuente del parque de la Sagrada Familia de Barcelona, el pasado julio. / Belén González / EPC
Con todo, pese a que el clima en verano es cada vez más riguroso, «España no ha dejado de ser un destino muy competitivo por la riqueza de su oferta, la calidad de sus infraestructuras y la amplitud de su calendario turístico», afirma Heymann. «Pero una parte relevante de su atractivo se apoya todavía en unas condiciones climáticas que están cambiando con rapidez«, avisa. Eso puede erosionar la fidelidad de los turistas internacionales.
Adaptar la oferta al calor
La adaptación de la oferta será cada vez más clave. «Mejorar el confort térmico de alojamientos y espacios públicos, ampliar las zonas de sombra, reforzar la eficiencia energética, adaptar horarios y diversificar actividades en interiores y al aire libre son medidas que pueden reducir el impacto del calor sobre la experiencia turística y mantener los niveles de fidelización de los turistas internacionales en España», proponen los autores del estudio.
Los datos de CaixaBank reflejan que quienes sí están cambiando el Mediterráneo por el Atlántico (o el Cantábrico) son los turistas domésticos, los españoles que veranean en España, quienes en los últimos años han modificado sus lugares de vacaciones con preferencia hacia el norte de España. Entre los veranos de 2019 y 2023, el crecimiento del gasto turístico fue considerablemente mayor en los municipios con temperaturas medias más bajas. Así, mientras en los destinos menos cálidos, el gasto realizado por los viajeros aumentó cerca de un 45%, en los municipios con temperaturas medias superiores a 23 grados ese crecimiento fue algo menor, de entre el 25% y el 35%.
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