El insoportable calor debió abrasar la cabeza a más de uno. Es el Gamper uno de aquellos torneos familiares en que el Barça se deja agasajar por su hinchada –pero también por los turistas que aflojan la cartera– mientras se prepara para lo importante. No hubo paz, sin embargo, en el Gol Nord del Camp Nou, donde los aficionados del Al-Ahly se mezclaron con el resto sin que nadie dijera nada. Hasta que sacaron una pancarta, volaron los vasos desde arriba y se liaron a mamporros con la seguridad privada del club antes de ser expulsados. Una vez fuera, el resto pudo ponerse a hacer la ola porque el triunfo azulgrana frente a los egipcios no iba a dar ya mucho más de sí.
Ya había empezado extraña la tarde. A Cancelo se lo llevaron los demonios ya embutido en su camiseta azulgrana, sin poder ser presentado por culpa del papeleo. Tuvo que hacer el camino de vuelta en el túnel haciendo aspavientos. Tampoco entró Rodri en la convocatoria para jugar el Gamper, pero poco importó. Aun sin atarse las botas, la hinchada azulgrana, al verlo asomar por la hierba del Camp Nou para ser presentado junto a sus nuevos compañeros, lo recibió como si fuera un dios, con ese griterío ansioso que activa la maquinaria estival de los sueños. Ayuda, claro, que el capitán de la selección española diera la espalda al Real Madrid de Mourinho para abrazar la causa barcelonista.
Está la afición del Barça de lo más entusiasmada con el tercer capítulo de Flick, sin que parezca inquietarle demasiado la problemática del agujero dejado por Lewandowski y Ferran en la posición de delantero centro. Con Julián Álvarez convencido ya de que tendrá que poner buena cara en el Atlético, y con Deco buscando la manera de satisfacer a su entrenador con un ariete de garantías –la canción de Lautaro Martínez acostumbra a aparecer con los sudores del verano–, hay un chico que busca con ahínco su gran oportunidad. Está en el lugar adecuado y en el momento oportuno Hamza Abdelkarim, un adolescente espigado que habla poquito, sonríe aún menos, pero hace justo lo que le piden: marcar goles. El delantero de 18 años, mundialista con Egipcio y por el que el Barça pagó 1,5 millones de euros precisamente al Al-Ahly, tiene cosas de los viejos especialistas del oficio: remata de lo lindo al primer toque y tiene la gran virtud de que los balones acaben en sus dominios.
El pie izquierdo de Hamza
Con ese pie izquierdo con el que sería capaz de aporrear un tambor, Hamza marcó el 1-0 (su cuarto gol en esta pretemporada, quien más en el equipo) después de aprovechar una asistencia de Balde, a quien había habilitado un motivadísimo un Raphinha. Hamza, con ficha del filial, tiene duende. Pero le tocará esperar a que Flick le dé una vuelta al asunto de cara al debut liguero del domingo en el Martínez Valero ante el Elche.
En el amistoso en Basilea, el ariete fue Raphinha. Pero al brasileño, al que el brazalete de capitán le sienta de lujo, le va mucho mejor cuando lo ve todo de cara, escorado a la izquierda y haciendo un poco lo que le da la gana. Fue Raphinha, que marcó de penalti después de forzarlo, el gran motor del Barça en un Gamper tórrido y difícil de jugar. Con una sensación térmica de 40 grados y una humedad que bordeaba el 80%, bastante hacían los futbolistas con ir de un lado atro sin quedar fritos sobre el césped.
Raphinha se dispone a marcar de penalti en el Gamper. / AFP7 vía Europa Press
Como la temperatura no iba a dar tregua e impediría sacar demasiadas conclusiones, al menos uno pudo detenerse en el paulatino regreso de los campeones del mundo –Lamine, cómo no, ya fue titular en el Gamper– y recrearse en los movimientos de Flick. Uno de los más importantes fue el de colocar a Koundé como central. Desde que llegó al banquillo del Barça, Flick nunca había devuelto al francés a su posición original (no estuvo muy fino en el contragolpe del 2-1 de Zizo). Eric, pues, parece que se estabilizará como lateral derecho titular mientras Xavi Espart siguió ganando puntos, esta vez ejerciendo de interior junto a un Fermín que corre y corre mientras trata de olvidar su traumática ausencia del Mundial.

Anthony Gordon encara a un rival. / AFP7 vía Europa Press
Gordon y Adeyemi, los dos grandes refuerzos para las orillas, pudieron gustarse durante la segunda mitad. Y especialmente activo estuvo el internacional inglés como correcaminos en la izquierda, forzando incluso un penalti. Gordon, que quería acabar la noche como un rey, falló el penalti y resopló. No debe estar acostumbrado a estos calores.
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