Los mercados de bonos han acaparado la atención de la semana por el fuerte aumento de los rendimientos, y es que según los expertos «enfrentan a una tormenta perfecta» que «refleja la creciente inflación y las preocupaciones en torno al petróleo, la situación fiscal y el endeudamiento vinculado a la inteligencia artificial (IA)».
Esto señala que la era de la ‘deuda ultrabarata’ está llegando a su fin y genera «un nuevo obstáculo para el crecimiento económico y los mercados de renta variable», según Axel Rudolph, analista técnico jefe de la plataforma de inversión y trading online IG.
«Los rendimientos de los bonos del Tesoro de EEUU alcanzaron su nivel más alto en casi dos años, impulsados por una oleada de emisiones de deuda, riesgos inflacionistas persistentes y la inquietud ante el aumento de los déficits fiscales, factores que provocaron una venta masiva de deuda a largo plazo», detalla.
Además, «las expectativas de un elevado endeudamiento corporativo relacionado con la IA intensifican la presión sobre la oferta, mientras que el encarecimiento del petróleo —en un contexto de continuas tensiones con Irán— refuerza los temores inflacionistas».
«Esta combinación lleva a los inversores a exigir mayores rentabilidades por mantener bonos a largo plazo y plantea dudas sobre si la Reserva Federal deberá mantener una política monetaria restrictiva durante más tiempo», agrega.
La situación está pasando factura también a la renta variable, ya que la mayoría de los índices bursátiles mundiales —a excepción del FTSE 100— cerraron la jornada en terreno negativo, en este contexto de «fuerte alza de los rendimientos de los bonos a nivel global y datos dispares».
En Alemania, el índice ZEW de confianza económica repuntó hasta su nivel más alto desde febrero, lo que para este experto refleja «una mejora de la confianza, ya que unos resultados empresariales sólidos, unas exportaciones resilientes y la inversión pública contrarrestaron los riesgos geopolíticos y económicos persistentes».
«En Estados Unidos, el inicio de obras de construcción de viviendas y las ventas de viviendas pendientes cayeron más de lo previsto y la producción industrial aumentó menos de lo estimado, si bien los precios de las importaciones registraron su mayor descenso mensual desde mayo de 2025″, recuerda.
Para el analista Stephen Innes «desde hace casi dos meses, el tramo de largo plazo de la curva de rendimientos viene enviando el mismo mensaje, cada vez más inquietante», y es que «Washington está emitiendo una enorme cantidad de deuda en un mercado donde el comprador marginal se muestra cada vez más sensible al precio, la prima por plazo va en aumento, la demanda extranjera ya no es automática y el auge de la inversión en inteligencia artificial empieza a competir directamente con el sector público por capital a largo plazo».
Según su criterio, «lo que ha cambiado es la dinámica de precios», y recuerda que «el rendimiento del bono estadounidense a 30 años ha superado niveles que lo habían contenido durante años, alcanzando cerca del 5,33%, mientras que el bono a 10 años amenaza con emprender su propia escalada».
«Al mismo tiempo, unos datos económicos más moderados han dado a la Reserva Federal más motivos para mantener la paciencia en el tramo corto de la curva; esta divergencia resulta cada vez más difícil de ignorar, dado que la Fed sigue ejerciendo una influencia considerable sobre los vencimientos a corto plazo, mientras que el tramo largo empieza a comportarse como si tuviera otras prioridades», concluye.












