¿Qué quita el sueño a los jóvenes universitarios? Un estudio revela que su vida sería más fácil si se agilizase el pago de las becas, se redujese la burocracia o aumentase el contenido práctico en los estudios. Esas propuestas salieron a relucir en el año 2022, cuando el Ministerio de Universidades investigó sobre el bienestar psicosocial y la salud mental del colectivo entrevistando a más de 50.000 alumnos.
Las conclusiones de ese macrosondeo fueron preocupantes: más del 50% del estudiantado percibió que precisaba apoyo psicológico por problemas de salud mental en el cuatrimestre previo a la encuesta y un porcentaje similar consultó alguna vez con profesionales sanitarios por esa razón. Un año después, esa constatación se tradujo en el reconocimiento en la nueva ley orgánica del sistema universitario de la importancia del bienestar emocional del estudiantado y de la comunidad universitaria.
Desde entonces, las universidades gallegas han trabajado para hacer realidad esa declaración de intenciones y solo en 2025 recibieron casi 500 solicitudes de atención psicológica de su alumnado. Finalmente, según datos de la Consellería de Sanidade, 367 personas se beneficiaron de los dispositivos de atención psicológica habilitados por los campus gallegos el año pasado.
El dispositivo más «adecuado»
El resto de los demandantes de atención (123) fueron asesorados respecto a la opción que podría ser «más adecuada» para dar respuesta a sus problemas al no cumplir los criterios de inclusión establecidos en un programa en el que ahora van de la mano el Sergas y los campus.
El año pasado el Sergas y las tres universidades públicas gallegas firmaron un convenio para elaborar un protocolo de colaboración cuyas metas son «homogeneizar» los servicios existentes en el ámbito universitario, «favorecer la coordinación» institucional y fijar mecanismos que permitan «dar continuidad al acompañamiento» cuando las necesidades de los pacientes exijan la intervención de otros recursos sanitarios o sociosanitarios.
Además, la iniciativa contempla labores de sensibilización, divulgación y formación en materia de salud mental dirigidas a toda la comunidad universitaria con la idea de trabajar también desde la prevención y la promoción del bienestar individual para «complementar» el abordaje individual.
Casi dos de cada tres estudiantes (un total de 234) que se beneficiaron de esa opción, la del acompañamiento psicológico individual, en 2025 están matriculados en la Universidade de Santiago. En la Universidade de Vigo fueron 44, la mitad de los beneficiarios de la Universidade da Coruña (89). La diferencia no obedece solo al tamaño de las universidades porque Santiago registra 9,4 atenciones por cada mil estudiantes frente a las 5,2 en A Coruña y las 2,3 en Vigo.
Una evaluación positiva
Si el año pasado se pusieron las bases del protocolo común, que Sanidade presenta como «pionero» en España, este año ya está aplicándose y siendo evaluado. El balance preliminar está siendo «muy positivo». Por ahora, indica la Xunta, registra una evolución «favorable» que se concretaría, por ejemplo, en «una mejora significativa y de magnitud relevante» en los indicadores de sintomatología de ansiedad y depresivos, además de un «alto nivel de satisfacción» entre quienes completan el proceso.
Asimismo, el Sergas apunta a una demanda «estable» en los campus y que está «claramente vinculada a las condiciones y circunstancias propias de la vida universitaria», lo que «refuerza» la «pertinencia» de un dispositivo específico como este.
Sobre los potenciales beneficiaros del programa, el Sergas juzga que, pese a que el estudio estatal apunta a una «elevada necesidad potencial de apoyo psicológico» entre el colectivo —los porcentajes generales se traducirían en Galicia en unas 31.000 personas—, lo «más adecuado» es esperar a la evaluación de este año para ofrecer estimaciones concretas.
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