Quien tiene un buen vecino tiene un tesoro. La frase ya da a entender que no es fácil tenerlo. Con el vecino -y vale para personas, pueblos o países- lo normal son los problemas, razón por la que hay que esmerarse más para paliarlos. Al mejor que tuve en mi vida (y los he tenido buenos casi siempre) le despertaba cada día, sin saberlo, al soltar la cinta de la persiana tras subirla muy temprano. Como no sabía cómo decírmelo, una noche, hacia las 5, apretó el taladro a la pared de mi dormitorio. Al día siguiente, en el rellano, se lo comenté, pidiéndole disculpas por decírselo. El me pidió perdón, y luego, humildemente, dijo "por cierto…", hablándome de la persiana. Luego todo iría mejor que bien. Por favor, entendamos al vecino, ponerse valentón y patriotero es facilísimo, pero solo engorda los problemas de la patria. La firmeza es más firme con buenas maneras que con aspavientos.
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