Arranca la cuenta atrás para LaLiga Hypermotion y Asturias afronta el curso con un aliciente añadido: sus dos grandes clubes encaran el asalto a Primera con un banquillo nuevo. El Sporting ha fichado al argentino Nicolás Larcamón, un enamorado del ataque llegado desde México; el Real Oviedo ha optado por Julián Calero, un veterano de la Segunda División española forjado en el trabajo silencioso. Uno representa el romanticismo ofensivo sudamericano; el otro, el oficio y el orden español. Rojiblancos y azules empiezan la temporada por caminos tácticos opuestos, pero con la misma obsesión: volver a Primera. Este es el perfil de los dos técnicos llamados a protagonizar el curso en Asturias.
El Oviedo fía su nave a un Julián Calero que tiene en sus manos el reto de devolver al club a Primera de forma inmediata. El curso pasado el club azul agotó hasta tres entrenadores (Veljko Paunović, Luis Carrión y Guillermo Almada) sin evitar un descenso que cerró, apenas doce meses después, un regreso a la élite que había costado 24 años de espera. Pero el madrileño no llega como un desconocido: ya se sentó en el banquillo carbayón como segundo de Fernando Hierro en la 2016-17 y le acompañó también en el Mundial de Rusia 2018 con la selección española. Dejó buen recuerdo en el Burgos y, sobre todo, en el Cartagena, al que rescató del descenso, y su gran obra llegó en el Levante, al que devolvió a Primera en 2025 antes de que el proyecto se truncara meses después.
Calero, para el camino de vuelta
La directiva azul vuelve a confiar en un perfil curtido y de garantías para acometer el ansiado regreso. Su trayectoria se entiende desde sus orígenes. Calero, nacido en Parla (Madrid) hace 55 años, no viene de una familia futbolística: se formó como portero y después jugó de centrocampista en equipos modestos como el Parla, el Fuenlabrada, el Pinto, la Alcalá, el Valdemoro o el Coslada, donde colgó las botas en el año 2000. Compaginó siempre el fútbol con otro trabajo, primero en una empresa de servicios y después como policía municipal en Madrid, oficio que le llevó a vivir en primera línea los atentados del 11-M, una experiencia que marcó su carácter y que narra en su libro «Fútbol al rescate».
Desde categorías inferiores y clubes humildes llegaron sus primeras experiencias en los banquillos, antes de dar el salto como segundo de Julen Lopetegui en el Oporto. A primera vista, el esquema azul no tiene por qué sufrir un vuelco radical: Calero no es un dogmático del sistema, ha defendido el 4-4-2, ha trabajado con el 4-3-3 y no oculta sus ganas de probar una defensa de tres con carrileros si la plantilla se lo permite. Lo que sí exige, con cualquier dibujo, es un equipo ordenado para atacar y para defender, valiente sin caer en el riesgo gratuito y con las bandas como principal fuente de profundidad. Hace no mucho, el propio Calero resumía así su idea de fútbol: «Nosotros tampoco jugamos a dejar la portería a cero, jugamos a ganar».
En contra, y a falta de comprobar el encaje de una plantilla reconstruida tras el batacazo, la adaptación al ritmo y la dureza de Segunda será la gran prueba, después de una temporada convulsa marcada por tres cambios de entrenador. La tercera pata de su filosofía pasa por sostener una intensidad y una autoridad emocional altas durante los noventa minutos, algo que en el club consideran clave tras el golpe anímico del descenso. La reconstrucción de la plantilla que ha impulsado la dirección deportiva este verano debe ayudar al técnico madrileño a plasmar su filosofía en el Tartiere y convertirla en la seña de un ansiado regreso exprés a Primera División.
Larcamón, revolución táctica
Nicolás Larcamón tiene en sus manos el objetivo de llevar al Sporting a Primera División. Once lo han intentado en la última década y tan solo dos, Baraja y Ramírez, han podido acercar el objetivo hasta el play-off. Desconocido para el aficionado europeo, la aventura del técnico argentino en Gijón será su primera experiencia al otro lado del charco. En América dejó grandes recuerdos en clubes como Puebla o León, compitió con nivel en el fútbol brasileño y es reconocido como uno de los técnicos más prometedores del continente.
Cercano a Orlegi, la directiva rojiblanca vuelve a apostar por un perfil joven y diferente para acometer el tan ansiado ascenso. Su trayectoria se entiende desde sus orígenes. Larcamón nació y creció en el seno de una familia que respira fútbol por los cuatro costados, tanto su padre como su tío fueron jugadores profesionales. También quiso ser futbolista, pero con 22 años se frustró su sueño. Una osteocondritis en su rodilla fue el final de su carrera, pero no logró apartarlo de los terrenos.
Con 30 años fueron sus primeras experiencias en los banquillos futbolísticos que, por azares de la vida, comenzaron en Venezuela. Ahí ya se esbozaban las primeras líneas de su libreta, una en donde el ataque prima y no se negocia una carrera. A primera vista, el esquema rojiblanco ha dado un vuelco con la llegada del argentino. Acostumbrados en la tribuna de El Molinón al clásico 4-2-3-1 o, en su defecto, el 4-3-3, Larcamón llega para jugar con dos carrileros y tres centrales como sistema de base en sus planes.
Esa variante ya se vivió en la época de Miguel Ángel Ramírez y ahora vuelve a aparecer con un fútbol vertical, de pocos toques y mucha rapidez en ataque. Hace unos años, el propio Larcamón se resumía en una frase: «Prefiero perder atacando que empatar defendiendo». Con sus matices, lo visto en esta pretemporada rojiblanca lo apoya.
En contra y a falta de ver el encaje de los futbolistas, la defensa apunta a ser la gran tarea a resolver. Ante pérdida en campo contrario la directriz pasa por subir las líneas y asfixiar a los rivales, buscando el robo rápido. Sin embargo, esto deja desprotegida a una línea de centrales que no brilla por su rapidez. La tercera pata de su filosofía pasa por mantener una intensidad alta durante todo el partido. El trabajo de despachos del Sporting este verano, confeccionando una plantilla más amplia que el curso pasado, ayuda al técnico rojiblanco a poder expresar su filosofía con la que espera triunfar en El Molinón y convertirla en la seña de un ansiado ascenso.
La apuesta de Orlegi por Larcamón supone la primera aventura del argentino en Europa. Un salto que estaba esperando como un paso más en su carrera y así lo demostró, priorizando la oferta del Sporting por delante de otras más jugosas económicamente o con proyectos más atractivos a nivel de competición. Larcamón hizo las maletas este verano desde México a Gijón con la clara intención de no volver en mucho tiempo.
Su éxito será el del Sporting, aunque en su contrato solo sea para este año. La decisión llega por ambos lados. En Mareo consideran que la mejor opción para el banquillo es ir evaluándole el rendimiento año a año, mientras que Larcamón lo ve como un todo o nada. Puerta grande o enfermería, una mentalidad muy acorde a lo que será su fútbol.
Fuente: La Nueva España













