El eclipse permitió que miles de personas disfrutaran del espectáculo en el cielo en la tarde del miércoles. Durante la jornada, no se registraron ni incidencias ni accidentes graves, pero, en momentos previos y posteriores al evento, las carreteras gallegas se llenaron de coches que tenían el mismo propósito. Según datos proporcionados por la DGT, entre las 10.00 y las 20.00, el tráfico en la AP-9 se incrementó un 63%, mientras que desde el final del eclipse hasta las 12 de la noche el porcentaje alcanza el 417%.
Desde primera hora del día, las carreteras de municipios próximos a Santiago se vieron afectadas por retenciones. Alrededor de la 13.00, un vehículo se averió en el kilómetro 84 de la AP-9 a la altura de Padrón, y esto sumado a los coches que extraordinariamente salieron en busca del eclipse, causaron unas retenciones de hasta 6 kilómetros.
Más cerca de la hora del fenómeno astronómico, a las 18.00, salir de Santiago ya era una tarea difícil. El minuto que normalmente necesitan conductores como Pablo para incorporarse en una salida, se convirtió en casi 10. Y como él, miles de circulantes tuvieron que modificar sus itinerarios al atravesar Santiago. Sobre las 19.15 de la tarde, una larga cola de coches colapsó la salida 70 de la AP-9, la necesaria para subir a la Ciudad de la Cultura. En lo alto del Gaiás estaba previsto alcanzar un grado de oscurecimiento del 99,07% y el concierto de Galician Army, por eso tanta gente se acumuló en esta salida.
Pero el mayor colapso llegó una vez terminó el eclipse y todos los coches se pusieron rumbo a casa a la misma hora. Santiago se encuentra en la mitad de la AP-9, por eso la mayoría de los que cruzaron Galicia para ver el eclipse se vieron obligados a pasar por Compostela. Es el caso de Ana Aguilar; la pontevedresa volvía de ver el eclipse en Coruña y durante todo el camino se encontraron con retenciones. «Tardamos 2 horas y media en llegar a casa, era desesperante», aseguraba. La joven recuerda que el peor tramo fue inmediatamente al salir de Coruña, pero confiesa que el atasco durante el camino era evidente. A la hora a la que llegó ella a la altura de Santiago, el tráfico ya se había descongestionado bastante, pero todavía no recuperara la normalidad. Incluso incorporándose en la autopista, Ana no consiguió recortar tiempos. Su amiga Adriana Basurco escogió el camino largo para regresar a casa e, incluso conduciendo por la N-550, consiguieron llegar antes que los que se decantaron por la AP-9.
La jornada especial terminó con demoras, inesperadas para algunos, pero sin incidencias graves. El eclipse abandonó Galicia dejando una imagen difícil de olvidar para los que lo presenciaron, pero tampoco se olvidarán de las carreteras ese miércoles de agosto.













