Una pizca de eclipse al principio y al final. Los alicantinos tuvieron que conformarse con una observación parcial de un fenómeno astronómico que llevaba más de un siglo sin producirse en España a causa de la nubosidad que tapó el disco solar a la hora más esperada.
El desánimo cundió de forma generalizada entre los miles personas que se dieron cita en el Parque Científico de la Universidad de Alicante, en el Castillo de Santa Bárbara, en Orihuela o Torrevieja, entre otros espacios: muchos se quitaron las gafas especiales que tanto les costó conseguir y empezaron a marcharse a casa.
«Estamos muy tristes. Hemos venido desde Francia a pasar las vacaciones y aprovechábamos para ver el eclipse», lamentaba Christelle Peramato, una turista gala, resumiendo el sentir de muchos.
A pesar de tener puestas las gafas homologadas de protección, los asistentes comentaban con sorpresa que no lograban ver nada en el cielo, perdiendo por completo de vista incluso la figura del sol. «No se ve nada, ni con las gafas puestas», aseguraba una joven desde uno de los miradores del castillo de Alicante, donde se tuvo que clausurar el acceso por ascensor por la masiva afluencia.
La avalancha de turistas y curiosos llevó a los trabajadores del recinto a desviar a más de 200 personas, que tuvieron que realizar la subida andando para poder llegar a tiempo y disfrutar de un fenómeno que empezó a congregar a público desde las 17 horas pese al intenso calor pertrechados con sillas, sombrillas, sombreros y abanicos.
También Letizia Díaz, una fotógrafa aficionada, confesaba su decepción desde su punto de observación en el campus oeste de la UA «después de haber estado esperando hasta última hora para hacer la foto del eclipse». «Al menos he podido verlo un poco con los prismáticos», comentaba resignada. Mari Ángeles y Javier, un matrimonio de mediana edad de Alicante, señalaba a su término que «ha sido una experiencia chula. Se nos ha ido un poco pero era previsible con tanto calor», explican sobre la nube en la fase central del eclipse.
Al final el cielo se despejó
Los más pacientes, sin embargo, tuvieron su recompensa pues en la fase final del eclipse el cielo despejó, con una puesta de sol espectacular y comentarios como «se ve la sonrisa naranja» o «parece una luna de fuego». Pudieron observarse los últimos minutos del fenómeno antes de que el astro rey cayera por el oeste como guinda a una tarde de fiebre astronómica, en la que el cielo se oscureció repentinamente, extendiéndose las tinieblas y suavizando de forma drástica la temperatura de otra jornada bochornosa para acto seguido retornar la luz crepuscular del atardecer.
«Ahora es cuando se nota el efecto del eclipse. Ha cambiado la luminosidad, aunque desgraciadamente tenemos una nube, pero el sol se está oscureciendo y baja la temperatura, lo que se agradece. Es la luna que se ha puesto delante del sol, no hay magia ni truco», explicaron los astrónomos de la Asociación Universitaria de Astronomía (Astroingeo), que organizó una observación en el Parque Científico de la Universidad de Alicante a la que asistieron más de 3.000 personas.
Venus
Los científicos intentaron suavizar la decepción animando a los presentes a mirar sobre la montaña de Fontcalent. «¿Veis una estrella que brilla mucho. Es Venus». «Se ha nublado un momento pero ha servido para que la gente viviera con más emoción la salida del sol al final con aplausos y un largo oooh», resumía al término del evento Anés Ortigosa, de Astroingeo.
Además, ofrecieron explicaciones a los asistentes sobre el eclipse solar, las fases del mismo y la mecánica celeste utilizando una esfera, precisando que en la provincia de Alicante se esperaba que se viera en un 99 % -aunque finalmente no se visualizó tanto- y que el efecto sería como si se pusiera el sol dos veces. «Para la gente joven será una cosa espectacular», prometieron sobre el cono de luz proyectado básicamente sobre España.
La asociación de astrónomos preparó cajas de cartón de zapatos como sistema de observación indirecto para no tener que mirar al sol directamente, pensado sobre todo para quienes no disponían de gafas, que permitían ver cómo se iba cerrando el sol. «Hacemos pasar un rayo de luz por dentro y se proyecta en la caja. Así no hace falta mirar al sol y estamos protegidos porque estamos de espaldas al mismo y lo vemos en la caja».
Asimismo, activaron un telescopio electrónico para ver la superficie solar con más detalle, con varios dispositivos para que pudiesen disfrutarlo el mayor número de personas posible sin saturar la red de la Universidad. Y anunciaron a los presentes otro eclipse para el 2 de agosto de 2027. «Guardad las gafas, por cierto», recomendaron. Gafas como las que llevaban María Eugenia y Luis, madre e hijo, que se desplazaron desde Elche a contemplar el histórico acontecimiento hasta el campus de la UA. «Es un evento único que queremos ver en primera persona porque no sabemos cuando será el próximo», dijo la madre. A sus 11 años Luis confesaba que le atrae la astronomía y que le gustaría tener aparatos de observación. «Me gustan eventos de astronomía como los eclipses que no se ven a menudo». Ambos miraban al horizonte tomando como referencia una lejana torre eléctrica.
Aficionados a la astronomía
Un grupo de aficionados a la astronomía de La Romana montó un telescopio de gran tamaño para observar el eclipse. Entre ellos Ángeles Marchante explicó que realizan habitualmente observación planetaria, de la vía láctea, galaxias o cúmulos. «En La Romana nos tapa la montaña. A última hora supe que libraba y decidimos venir a la Universidad de Alicante a ver el eclipse». La diferencia con la habitual observación de este grupo es la temperatura. «En planetaria es de noche y hace fresco pero con el sol es lo que hay»
«Se ve como una corona alrededor», comentaba Antonio Gómez, que disfrutó de un acontecimiento único «con la poca vista que me queda». Formaba parte de un grupo de unas 50 personas de la Organización Nacional de Ciegos (Once) con diferentes grados de afectación visual. Para los que no ven, se utilizó un sistema denominado «Light sound», que trasmite el sonido según la intensidad de la luz solar. Un proyecto inclusivo coordinado por el Instituto de Ciencias del Espacio en colaboración con Astroingeo.
En Alcoy cientos de personas ocuparon espacios públicos como el parque de Cantagallet. También se llenó la Carrasqueta y la gente tomó la calle en Benidorm o Altea para ser testigos de cómo la luna se interponía ante el sol y la tierra se sumía en la penumbra.
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