La socialdemócrata Mette Frederiksen y la ultraderechista Giorgia Meloni se han consolidado como una ‘extraña pareja’ a escala europea, determinadas a respaldarse pese a pertenecer a familias políticas antagónicas. Comparten la línea dura en política migratoria, se han reivindicado como «mujeres fuertes» que no se amilanan ante Donald Trump y, en paralelo, practican sin reparos la insolidaridad hacia Pedro Sánchez, el líder que planta cara a la Casa Blanca. Su última expresión de apoyo recíproco es el comunicado emitido este lunes, con la crisis de Ceuta aún candente, en contra de la inmigración «descontrolada», a favor de los centros de repatriación fuera de la UE y por la defensa «de los valores cristianos».
Al contrario de lo que podría pensarse, son muchos los puntos en común entre ambas líderes. Que en el comunicado se vinculen los índices de delincuencia o el aumento de la criminalidad organizada con la inmigración irregular encaja tanto en el ideario ultra italiano como en la alarma nórdica ante el azote de los clanes extranjeros que operan en Dinamarca o Suecia. Llama la atención, sin embargo, –o delata una inspiración italiana– la alusión a los «valores cristianos». Dinamarca es un estado confesional, dominado por la religión protestante-luterana. Pero la cuestión religiosa no suele entrar en el debate político. A no ser que se pretenda marcar distancias frente a otros colectivos, como el musulmán.
Una alianza atípica
Frederiksen, de 48 años y en el poder desde 2019, logró su reelección para un tercer mandato en las disputadísimas elecciones danesas del pasado mes de marzo. Meloni, unos meses mayor que la danesa y primera ministra italiana desde 2022, tiene ante sí su siguiente confrontación con las urnas el próximo año. El pasado marzo vio cómo caía tumbada en referéndum una reforma constitucional donde quedó claro es que no es invencible.
La andanada contra la «inmigración descontrolada» de ambas líderes no es, en rigor, una sorpresa. Frederiksen respaldó a Meloni ante la propuesta italiana de excluir a España de Schengen. Se situó entre el grupo de países que, como Finlandia, apremiaron al gobierno de Sánchez a «recuperar» el control de sus fronteras. Posteriormente, el conjunto de la UE matizó esa posición para expresar su «solidaridad» con España en la protección de las fronteras de la UE.
En el caso finlandés, el apoyo a Meloni procedió de la ministra del Interior, Mari Rantanen, del ultraderechista Partido de los Finlandeses. En el caso de Dinamarca, la alianza ‘contranatura’ con Meloni viene de antes. Lo plasmó Frederiksen en su anterior legislatura en coalición entre socialdemócratas, moderados y liberales. Logró su reelección aunque con una fuerte sangría de votos. Eran comicios por anticipado, precipitados al observar Frederiksen cierto repunte de popularidad, con su defensa de Groenlandia frente a Trump. Le costó 69 días lograr su siguiente coalición, que es un cuatripartito entre socialdemócratas, izquierdistas, centristas y liberales que gobierna en minoría.
Liderar el Partido Socialdemócrata danés no le ha impedido defender una política migratoria propia de la ultraderecha europea. Se avanzó incluso a Meloni en lo que se refiere a los centros de deportación en terceros países: en 2022 negoció con Ruanda un acuerdo similar al suscrito por la italiana con Albania.
Encontronazos con Trump
En su confrontación con Donald Trump, Frederiksen obtuvo el compromiso de apoyo militar de sus socios europeos, determinantes para que el republicano de retractara de su amenaza de anexión. Pero, a diferencia de Sánchez, la líder danesa está entre los propulsores del rearme europeo y el incremento del gasto en Defensa exigido por Trump.
Meloni ha protagonizado sonoras y viralizadas desavenencias con Trump, sea a raíz de los ataques del presidente de EEUU al papa León XIV –intolerables, para todo jefe del Gobierno de Italia– o de la guerra de Irán. De gran aliada europea ha pasado a exhibir sus dotes de confrontación con el líder de la superpotencia global.
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