Benjamin Netanyahu ha rechazado este domingo la última hoja de ruta impulsada por Donald Trump para avanzar en el futuro de Gaza y ha dejado claro que Israel no retirará sus tropas del enclave mientras Hamás conserve armamento. El primer ministro israelí ha fijado así una línea roja que vuelve a complicar la aplicación del plan estadounidense justo cuando Washington intentaba desbloquear su siguiente fase.
“Israel rechaza el documento de 15 puntos”, afirmó Netanyahu en un vídeo difundido en redes sociales. Su exigencia va más allá de la entrega del armamento pesado: sostiene que Hamás debe desprenderse de todas sus armas antes de que las Fuerzas de Defensa de Israel comiencen a retirarse. Reuters confirmó este domingo tanto el rechazo israelí como la negativa de Netanyahu a aceptar una salida militar previa al desarme completo.
El documento discutido ahora no debe confundirse con el plan original de 20 puntos presentado por Trump en septiembre de 2025. Se trata de una hoja de ruta de 15 puntos diseñada para aplicar la siguiente fase de aquel acuerdo. Associated Press publicó el texto a finales de julio y confirmó que Hamás había aceptado esa propuesta, que vincula de forma escalonada el desarme de las milicias, la retirada israelí y la entrada de nuevas estructuras de gobierno y seguridad en Gaza.
Netanyahu asegura que las conversaciones con Estados Unidos continúan y que algunas de las propuestas estadounidenses son asumibles para Israel, mientras otras no. El choque se concentra especialmente en el orden de los pasos: la hoja de ruta contempla que la retirada israelí avance en paralelo al desmantelamiento del aparato militar de Hamás, bajo supervisión internacional. Israel, en cambio, insiste en que el desarme debe estar plenamente garantizado antes de abandonar posiciones.
El desarme, principal obstáculo
La cuestión de las armas lleva meses bloqueando el proceso. El plan de Trump prevé que Hamás deje de ejercer funciones de gobierno, que sus arsenales sean retirados y que la administración del enclave pase a manos de un comité palestino de carácter tecnocrático. La hoja de ruta más reciente establece además mecanismos de verificación internacional y prevé que las armas de las milicias queden bajo la autoridad de esa nueva administración palestina.
Hamás ya anunció en julio la disolución de su estructura gubernamental de facto y su disposición a transferir responsabilidades civiles, aunque Israel calificó entonces ese movimiento de insuficiente mientras la organización mantuviera sus armas. Reuters constató además que las fuerzas israelíes seguían controlando más del 60% del territorio de Gaza en ese momento.
El enfrentamiento diplomático no ha impedido que Israel avance en otras partes de la arquitectura diseñada por Washington. A finales de julio, el gabinete de seguridad israelí autorizó la entrada de la Fuerza Internacional de Estabilización, una misión contemplada en el plan estadounidense y respaldada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
La ONU señala que esta fuerza temporal debe contribuir a vigilar el alto el fuego, apoyar la desmilitarización, proteger operaciones humanitarias y facilitar el despliegue de las nuevas autoridades palestinas. Su preparación se coordina con Israel y Egipto y se enmarca en la resolución 2803 del Consejo de Seguridad.
El primer ministro israelí aprovechó también su intervención para reiterar su oposición a la creación de un Estado palestino tanto en Gaza como en Cisjordania. Esa postura choca con la propia hoja de ruta aceptada por Hamás, que contempla que el proceso pueda generar las condiciones para avanzar hacia la autodeterminación y la estatalidad palestinas.














