La XXXII edición de Alfaroleiros se celebra hasta este domingo, 9 de agosto, en el parque Luís Seoane de Santa Cruz (Oleiros). La feria de esta localidad coruñesa, consolidada como una referencia estatal, reúne a 23 talleres de alfarería tradicional que exponen sus mejores creaciones. Este oficio vive un renacer en popularidad que contrasta con la incertidumbre sobre su futuro y la falta de relevo generacional.
Dos buenos ejemplos de esta realidad son los artesanos Alejandro Pajares, de Alfarería José Pajares (Cáceres), e Isidoro Granados, de Cerámica Granados , un taller de Lucena (Córdoba). Ambos representan la quinta y octava generación de sus familias, respectivamente, y han crecido con las manos en el barro, manteniendo viva una herencia que hoy se debate entre la pasión y la precariedad.
Un legado familiar forjado en el barro
Alejandro Pajares recuerda su primera visita a la feria hace 32 años, cuando era solo un niño que acompañaba a sus padres. “Para mí era como un juego, y poco a poco, como un juego, vas aprendiendo sin darte cuenta”, explica sobre sus inicios. Hoy, tras estudiar Bellas Artes, ha decidido continuar con el oficio familiar para que no se pierda.
Por su parte, Isidoro Granados también se inició desde pequeño en el taller familiar y destaca el cariño que le tiene a esta cita. “Ahora mismo solo estamos haciendo dos ferias, porque tenemos bastante trabajo en el taller, y hemos dejado nada más que esta de Oleiros, porque es una de las que más cariño se le tiene”, confiesa.
Entrevista a Alejandro Pajares, alfarero de Arroyo de la Luz (Cáceres)
El inesperado auge de la artesanía
Ambos artesanos coinciden en que la cerámica vive un buen momento. Pajares ha notado el cambio a partir de la pandemia. “He visto un interés por parte de un público joven”, afirma, señalando que incluso recibe preguntas sobre si imparte clases de torno. Es una percepción que comparte Granados, quien habla de un “pequeño renacer de la cerámica”.
“Se está valorando un poco más el trabajo artesano de la alfarería”, comenta Granados. Este resurgir ha permitido que un nuevo público entienda que los tiempos de la cerámica son “muy diferentes a lo que nos están acostumbrando”, y valore el complejo proceso que hay detrás de cada pieza, que puede durar hasta un mes de trabajo.
La pasión frente a la falta de relevo
Sin embargo, este optimismo choca con una dura realidad. “Es un oficio que tiene muy poco relevo generacional”, sentencia Pajares de forma realista. Explica que “la edad de la mayoría de los alfareros es ya avanzada y, en muchos casos, sin un relevo”, lo que pone en peligro la supervivencia de muchos talleres tradicionales.
“Tú no puedes obligar a nadie a que tenga que seguir con el trabajo”, lamenta por su parte Isidoro Granados. Aunque sus sobrinos ya “hacen cuatro cositas” y a sus hijos les gusta el oficio, es consciente de que no puede forzar una nueva generación. “El saber hacer las piezas no ocupa lugar, pero claro, tú no puedes obligar a nadie”, añade.

Imagen de archivo de Alfaroleiros
Para estos maestros, la pasión es un requisito indispensable. “Si no te apasiona, no te gusta la alfarería, no vas a dar el paso de seguir con una alfarería tradicional”, asegura Granados. Pajares coincide, describiéndolo como un oficio que requiere “mucha dedicación y mucha paciencia” y en el que, cuando estás en el taller, “no miras el reloj”.
La feria permanecerá abierta en el parque Luís Seoane hasta el domingo 9 de agosto en horario ininterrumpido de 10:00 a 22:00 horas. Además de la venta de piezas únicas, el programa incluye demostraciones de alfarería y diversas actividades culturales gratuitas para todos los públicos durante todo el fin de semana.











