Una noche al año, la Familia Real se reúne en Palma con su vulgar vecindario, salvo que este diario descubrió que la nueva barriada de Marivent está compuesta por caravanistas sin derecho a vivienda estable. No consta por desgracia que fueran invitados al ágape, aunque se expresan mejor que los asistentes de pago, que son todos porque «no hay cena gratuita» (Milton Friedman). Lástima que los Reyes se hayan refugiado con sus cortesanos en un decorado palaciego de cartón piedra, en lugar de compartir el pan con la Mallorca auténtica. Los asistentes hubieran cargado complacientes con las ollas para servir a las caravanas, a cambio de comparecer ante Sus Majestades.
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