El primer paso para solucionar grandes problemas es analizarlos a escala nanoscópica, tan pequeña como la millonésima parte de un milímetro. Trazado con brocha gorda, es lo que hace Ana Espinosa, investigadora del Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid (ICMM-CSIC), que trabaja para generar calor a escala nanométrica mediante materiales capaces de actuar de forma localizada en el interior de las células tumorales.
P. ¿Cuál es el objetivo?
R. Es un tratamiento en tres frentes. Utilizamos nanopartículas que están funcionalizadas con un fármaco muy habitual en tratamientos oncológicos. Y aplicamos calor, que se puede hacer de dos maneras: con campos magnéticos o luz infrarroja. Con eso generamos calor local y liberamos el fármaco in situ, es decir, dentro de las células. Así conseguimos una liberación del fármaco controlada.
P. Hablamos de subir la temperatura de esas células tumorales.
R. Exacto. Se conoce como hipertermia, que es un tratamiento médico y oncológico que consiste en someter a los tejidos tumorales a temperaturas a partir de 41 o 42 grados para lograr un efecto terapéutico. Se utiliza en combinación con radioterapia y quimioterapia y mejora la eficacia de estos tratamientos convencionales. Nosotros buscamos que ese calor sea local, dentro de las células. Para eso utilizamos la nanotecnología, empleamos unos materiales muy pequeños, del orden de una millonésima parte de un milímetro, que se introducen en las células como un Caballo de Troya y pueden ser activados desde el exterior a demanda y de manera controlada.
P. ¿Por qué 41 grados?
R. A partir de esa temperatura, por encima de 40 grados, el calor empieza a ser efectivo terapéuticamente porque rompe proteínas e inhibe los mecanismos de ADN de replicación celular, por lo que el tumor no puede seguir creciendo. Las células tumorales son más sensibles al calentamiento que las células sanas porque el tumor crece de una manera descontrolada y tiene una vascularización desorganizada, disipa muy mal el calor. Por eso se produce una trampa de calor.
P. ¿Se puede aplicar a cualquier tipo de tumor?
R. Lo hemos probado en células de cáncer de mama, pero hemos visto que este tratamiento es muy prometedor y podría extenderse a otros. Conocemos muy bien cómo son las células tumorales, cómo crecen, cómo es su muerte celular y los fármacos que hacen frente a este tipo de tumores. Podemos ajustar las dosis del tratamiento, los parámetros experimentales de campo magnético y luz infrarroja para producir este calor y la cantidad de fármaco.
P. Uno de los grandes retos es controlar esa temperatura de forma muy precisa.
R. Queremos que sea una temperatura en la que se produzca la muerte celular y no dañe los tejidos sanos circundantes. Nos interesa la temperatura mínima a la que consigamos tener un efecto terapéutico.
P. ¿Ya se aplica en pacientes?
R. La hipertermia sí se utiliza en el ámbito clínico en combinación con la radioterapia y la quimioterapia. Sobre la nanomedicina, ya existen medicamentos y tecnologías basados en nanomateriales que ya se usan en la práctica. En nuestro caso, hemos utilizado nanopartículas de óxido de hierro, que es biodegradable, un elemento que se encuentra de forma natural en el organismo. Estamos todavía en unas fases iniciales, lo hemos probado en modelos in vitro. Nuestro objetivo es aplicarlo en pacientes, pero queda bastante camino. Tenemos que probarlo en sistemas más complejos biológicamente: en modelos 3d, en modelos in vivo y, después, en experimentos preclínicos
P. ¿De qué horizonte temporal hablamos?
R. Es largo, pero somos muy positivos porque la nanomedicina está resolviendo y mejorando los tratamientos para que sean más precisos, más eficientes y con menos efectos secundarios para los pacientes. Hay muchas líneas de investigación que se están realizando en todo el mundo para conseguir materiales muy útiles para que las terapias sean mejores. El camino es largo, pero algunos ya lo han conseguido.
P. ¿Qué limitaciones tiene?
R. No podemos administrar la cantidad que queramos de nanomateriales, siempre tenemos que cumplir una biocompatibilidad y mantener la toxicidad dentro de unos parámetros seguros. Es lo primero que se evalúa. Lo tenemos que modular para conseguir un tratamiento eficaz. Y, por otro lado, la fabricación de los nanomateriales debe poder realizarse a gran escala para que sean reproducibles, para garantizar que puedan producirse con una calidad constante y estar disponibles para su uso clínico.
Fuente: El Periódico de España












