No puede ocurrir lo ocurrido y a otra cosa: el presidente a sus vacaciones, la oposición al asombro indignado, los cadáveres rescatados al mar a un refrigerador en Sevilla, Albares a repetir monsergas indignas, lo normal. Porque esa es el objetivo gubernamental: normalizar la enormidad ocurrida en Ceuta hace pocos días, es decir, la vulneración de la frontera española por parte de decenas de miles de marroquíes en muy pocas horas frente a la imprevisión y la inacción de las autoridades españolas. ¿El presidente del Gobierno al menos habló con el primer ministro de Marruecos, quien por cierto estaba de vacaciones en España? No se sabe. No se sabe nada y nada se sabrá. La única opción tomada lleva a Pedro Sánchez al avestrucismo: ha metido la cabeza en la piscina de La Mareta and nothing else. El episodio del pasado fin de semana, en cualquier país europeo, hubiera conducido fulminantemente a una crisis política y, como mínimo, a la dimisión del ministro de Interior o el ministro de Defensa. En España no: ni siquiera se ha reunido la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados ni se ha abierto investigación interna alguna en los departamentos mencionados, tal vez porque, en realidad, sí se hicieron los deberes y se habían presentado informes alarmantes en los días previos a la invasión. Anoche ascendían a 862 los menores migrantes acogidos donde los ceutíes han podido brindarles una habitación. El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, no ha podido hablar con nadie del otro lado de la frontera sobre los menores. Sabe perfectamente que no cabe esperar ninguna ayuda por parte de Rabat. Al menos por ahora. Marruecos rentabiliza hasta la última gota de los conflictos y perjuicios que ocasionan las crisis fronterizas que promueve. Después de alimentar, vestir y proporcionar descanso a los pibes durarte varios días el Gobierno español debería transportar a todos los menores y entregarlos en Rabat. No lo hará. Todavía era sábado cuando un tarado, Enrique Santiago, secretario general del PCE y diputado, ya exigía que los menores fueran distribuidos entre las comunidades autonómicas.
¿Y el silencio de la clase política canaria? No me refiero a las rituales conmiseraciones, duelos y quebrantos, sino a mensajes con verdadero contenido político y cierta voluntad de análisis. Salvo algunas voces en el Partido Popular no se ha escuchado absolutamente nada. Ciertamente todo el discurso sobre la defensa militar de Canarias ha estado colonizado por un izquierdismo infantil y ramplón que convulsiona en cuanto ve un uniforme o un tanque. Las islas no están militarmente desprotegidas, pero distan bastante de disfrutar de una situación óptima, en particular, desde que se decidió alegremente fragilizar el eje estratégico Baleares-Ceuta/Melilla-Canarias. El analista de seguridad y defensa Jesús Manuel Pérez Triana – por cierto, canario – ha señalado repetidamente que a las islas le urgen mayores recursos como flanco sur y, en particular, necesita ampliar las capacidades de la Armada (fragatas y submarinos) también para asegurar el flujo rápido de suministros y la llegada veloz de refuerzos militares en la coyuntura de una crisis grave. No recuerdo jamás que se haya debatido la situación militar de Canarias en el Parlamento. Por supuesto, la Comunidad autónoma no posee competencias en materia de defensa, pero tampoco en política internacional, y no se les cae de la boca s sus señorías. Canarias debe metabolizar que no es un Shangri-La invulnerable. Al contrario: estamos muy cerca de una potencia expansionista, Marruecos, y de un vasto territorio convulso, el Sahel. Nuestra seguridad no depende solo de disponer de un sistema defensivo suficiente, sino de madurar económicamente y transformarnos en una potencia regional con autonomía energética y una actividad económica que, sin abandonar el turismo, se base progresivamente en el conocimiento y la innovación tecnológica. En este sentido todos – incluido el Gobierno autónomo -deberíamos entender que por seguridad necesitamos fragatas y submarinos pero también universidades públicas más y mejor financiadas para consolidar un sistema regional de I+D+i. El contrato programa es (aun) insuficiente.
Suscríbete para seguir leyendo













