El pasado domingo 18 de enero, los medios de comunicación se ocupaban con gran despliegue de detalles de la que al día siguiente, lunes 19, parecía destinada a convertirse en la gran cita política de la jornada, una entrevista en el Palacio de la Moncloa entre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo. La semana previa al encuentro, aun con tensiones entre el Gobierno y el Partido Popular (PP) se logró acordar un cierto orden del día para el mano a mano, empeñado como estaba el líder de la oposición en que no solo se abordase la eventual participación de tropas españolas en la guerra en Ucrania (un asunto curiosamente ahora bastante fuera del foco informativo) sino en general todos los asuntos relativos a la posición de España en el mundo y a la seguridad nacional.
El clima reinante aquel fin de semana del primer mes del año, sin caer en la exageración, plasmaba cierta vuelta al entendimiento después de unos meses muy broncos entre los líderes del PSOE y el PP, que habían mantenido su último vis a vis en marzo de 2025. Pero el fatal descarrilamiento aquel domingo de un tren Iryo que cubría la ruta entre Málaga y Madrid, y su choque con un Alvia de Renfe que circulaba en sentido contrario con destino Huelva provocaron, ante la inmensa tragedia saldada con cuarenta y seis muertos, la suspensión de la entrevista en Moncloa. En las primeras horas y días posteriores al siniestro de Adamuz, aquella cancelación consensuada entre el Gobierno y Génova no pareció revestir mayor importancia, en el bien entendido de que se fijaría una nueva fecha para que Sánchez y Feijóo se vieran. Se consideró, por tanto, un mero aplazamiento. No hubo tal, y a día de hoy, con el curso político ya culminado, ambos llevan más de 500 días sin encontrarse.
Aunque la incomunicación entre los dos principales líderes políticos españoles va más allá de la ausencia de una entrevista bilateral, como las cinco que han tenido desde que Feijóo desembarcó en Madrid en el año 2022 tras dejar la presidencia de la Xunta de Galicia. El canal de comunicación entre Moncloa y Génova existe, como no podía ser de otra manera, pero reducido a su mínima expresión, como admiten fuentes de ambas partes. Baste comprobar, sin ir más lejos, el escaso recorrido que salvo sorpresa tendrá la propuesta de pacto de Estado climático o contra los incendios que Sánchez ha lanzado, un verano más, ante la tragedia que el fuego está provocando en buena parte de España, con el peor incendio de la historia de nuestro país, el que afecta a Madrid, Ávila y Toledo, aún activo. El PP no tardó en acusar al presidente del Gobierno de pretender buscar apenas «un titular», como dijo el lunes en la rueda de prensa semanal del partido la vicesecretaria de Regeneración Institucional de los populares, Cuca Gamarra, mientras que al día siguiente, en su rueda de prensa de balance del curso político, el propio jefe del Ejecutivo pareció dar por descontado que no habría ningún tipo de acuerdo.
Una desconfianza radical
A la incomunicación entre ambos contribuyen varios factores, entre los que no son desdeñables los de la mera coyuntura política. En 2027 se celebrarán elecciones municipales y autonómicas el último domingo de mayo y antes o después, según decida Sánchez, tendrán lugar las elecciones generales. Las maquinarias respectivas de Ferraz y Génova rugen, por tanto, a ritmo electoral, ya bien engrasadas tras un curso 2025-2026 en el que se han celebrado cuatro elecciones autonómicas, nada menos, las de Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía. Esta realidad supone un terreno poco propicio ya de por sí para el acuerdo o el entendimiento, o incluso para que se produzca la mera imagen de ambos saludándose en las escalinatas del complejo presidencial, algo que incluso no tardaría en encontrar detractores a ambos lados del espectro político, desde Vox hasta los socios de izquierdas del Gobierno.
Pero lo que se palpa a poco que se indague entre los entornos de uno y otro, y desde hace tiempo, es una radical y profunda desconfianza personal de Sánchez hacia Feijóo y de Feijóo hacia Sánchez. El propio líder del PP lo llegó a verbalizar recientemente en su entrevista en Antena 3, donde bromas y veras admitió su casi nula comunicación.
Episodios recientes como las insinuaciones del PSOE sobre irregularidades en el alquiler de la casa en la que vive en Madrid Feijóo, aireadas en la mismísima sesión de control del Congreso de los Diputados por Sánchez, u otros del año pasado, y escenificados también en la sede parlamentaria, como en el que el líder del PP acusó al presidente de ser beneficiario de un negocio de prostitución en las saunas de su suegro, fallecido hace dos años, evidencian lo peliagudo, hoy por hoy, de cualquier tipo de acercamiento. Y ocurra lo que ocurra en las elecciones generales del año que viene, bien porque Feijóo abandone la presidencia del PP ante el que sería su segundo fracaso en el asalto al poder, o bien porque su victoria supondría el fin de la era Sánchez, parece muy difícil que ambos no estén ante su último año o sus últimos meses de cohabitación.
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