La robótica vuelve a demostrar su utilidad concreta en situaciones límite: un equipo de investigadores estadounidenses ha llevado robots serpiente a Venezuela para colaborar en la búsqueda de supervivientes tras el terremoto que golpeó el norte del país.
Investigadores de la Universidad Carnegie Mellon han desplegado en Venezuela sus robots serpiente para colaborar en las tareas de búsqueda y rescate posteriores a los devastadores terremotos que sacudieron el norte del país el 24 de junio. El equipo trabajó junto a cuerpos de emergencia internacionales para inspeccionar edificios colapsados y ayudar a localizar posibles supervivientes entre los escombros.
Inspirados en la naturaleza
Estos robots, diseñados para moverse como serpientes, son capaces de introducirse en espacios estrechos y peligrosos. En su extremo frontal incorporan una cámara que ofrece a los rescatistas una visión del interior de estructuras derrumbadas, algo especialmente útil en escenarios de desastre donde la visibilidad y la seguridad son mínimas.
De acuerdo a una nota de prensa, esta capacidad puede mejorar la búsqueda de personas atrapadas y orientar mejor las decisiones operativas de los equipos de rescate sobre el terreno.
Un trabajo vital
La misión en Venezuela se desarrolló en La Guaira, una de las zonas más afectadas por el seísmo, durante tres días de trabajo entre el 30 de junio y el 3 de julio. En ese momento, el grupo de la universidad estadounidense coordinó sus esfuerzos con la Cruz Roja venezolana, la Cruz Roja colombiana, voluntarios del equipo Topos de México y otros cuerpos de emergencia llegados de distintos países.
Aunque no se encontraron supervivientes en los lugares inspeccionados, la revisión de los puntos críticos permitió descartar la presencia de personas atrapadas y aportó información valiosa para reorganizar las labores de rescate y tranquilizar a las familias.
Los equipos de rescate y los técnicos se preparan para desplegar un robot serpiente en un edificio derrumbado para buscar sobrevivientes. / Crédito: Universidad Carnegie Mellon.
Superando escollos y pruebas
La historia detrás del despliegue comenzó con Beatriz Gonzalez, una venezolana afincada en Atlanta que buscaba ayuda para su país y pensó que la robótica podía ser una herramienta decisiva. Al investigar soluciones ya existentes, dio con el trabajo de la Universidad Carnegie Mellon y contactó con el equipo. En apenas 24 horas, los investigadores y los robots estaban en Miami, listos para volar a Venezuela.
Los dos terremotos que sacudieron la parte norte de Venezuela el 24 de junio han provocado un saldo de más de 5.000 muertos, 16.800 heridos y 18.000 personas sin hogar. Hasta el momento se han rescatado 6.500 supervivientes.
Durante la intervención, los científicos se enfrentaron a condiciones cambiantes, fallos de equipo, barreras lingüísticas y complicaciones logísticas.
Una robótica útil en situaciones reales
Para Howie Choset, director del Laboratorio de Biorobótica de la universidad, la misión dejó una lección clara: la robótica para emergencias no puede pensarse solo para funcionar en laboratorio, sino para resistir en escenarios reales, donde pesan la potencia, las comunicaciones, el transporte y la fiabilidad.
El despliegue en Venezuela también abrió nuevas líneas de investigación para mejorar las prestaciones y la preparación operativa de estos sistemas inspirados en la naturaleza.
En un contexto de catástrofe, los robots serpiente han servido como apoyo inmediato, pero también han mostrado hacia dónde puede avanzar la tecnología de rescate en el futuro.













