El calor se apiadó de los manifestantes. Es una deferencia que no pueden esperar de sus torturadores PP/PSOE, esclavos al alimón de los mismos grupos criminales que han destruido Mallorca, ya irreversiblemente. Con el agravante de que los socialistas se humillan pensando que los mafiosos van a votarles (risas en off). Esta conjura se ve amparada por los parásitos de la sociedad civil de pago, heraldos del «nada se puede contra los gigantes turísticos». Se olvidaron de comunicárselo a Don Donald Trump, que ha expulsado a los hoteleros mallorquines a latigazos del templo cubano.
La Mallorca decente toma un día al año las calles que le han robado, en esta edición con una participación sin precedentes contra las mafias turísticas, a quienes nadie persigue porque andan muy liados desarticulando grafiteras. La manifestación se ha convertido en un foro sin edad, de bebés a jubiladas, todos al borde de la desesperación porque no es agonía sino entierro.
Una gran fiesta en paz y armonía, inadmisible por tanto para PP/PSOE, así que luego llegó la Policía. Los esfuerzos del socialista Rodríguez Badall, respaldado por el Govern popular que nombra altos cargos a acosadores policiales y sexuales, exigían un nuevo despliegue de su torpeza para ver de enturbiar una manifestación ejemplar.
Ni siquiera procede entrar en una discusión sobre el aforo semivacío de ses Voltes que no requería de control policial, ni sobre la manía persecutoria de los dos partidos que amparan a los grupos criminales contra una concentración autorizada de antemano. Se trata, como en Santa Maria, de transformar a las víctimas en agresores, en este caso profanando el refugio solidario de la manifestación.
Por definición, un mallorquín tiene que pedir perdón a los millones de turistas, a los suecoalemanes que le roban las casas, a los grupos criminales turísticoinmobiliarios que se enriquecen explotando a los nativos, y a PP/PSOE. Las incipientes reacciones de protesta obligan asimismo a disculparse ante Madrid, a través del lacayo en la delegación del Gobierno. Y una gran enhorabuena a Aina Calvo por sus nombramientos en Palma, una lección de pedagogía a garrotazos.
El fin de fiesta de las cargas policiales, que parecía tan teledirigido como diseñado de antemano, solo demuestra que el bipartidismo PP/PSOE también coincide en que preferirían que la protesta masiva nunca se hubiera celebrado. Cuando ambos partidos hipócritas «respetan» a los congregados, equivale a que escupieran sobre ellos. De hecho, las dos formaciones políticas se creyeron con derecho a abortar la manifestación, por eso planearon esposamientos preventivos intimidatorios que se les han vuelto en contra. Y es curioso cuando menos que se enturbiara por la fuerza el desfile pacífico de cincuenta mil personas sin un solo incidente.
La Mallorca decente ni siquiera insulta, aunque tendría perfecto derecho ante la mezcla de corrupción y estupidez que la gobierna. ¿Qué tienen que decirle PP/PSOE, los esposadores gratuitos, los grupos turísticos y el gangsterismo inmobiliario a la joven que levanta sobre una caña el hermoso manifiesto, «No vull partir per obligació»? Sean sinceros, reconozcan que ahora mismo no se vende ni se construye ninguna vivienda para ella, que se largue antes de que tengan que esposarla si se le ocurre reaccionar con indignación, o si pretende escuchar ‘La Balanguera’ sin llevarse unos porrazos. Las dos veinteañeras engrilletadas de Santa Maria acudieron a la marcha, en libertad y con el ‘SOS Residents’ a cuestas.
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