Es innegable que el antiguo puerto ha sido, a lo largo de los últimos siglos, una pieza clave en el desarrollo económico y social de Las Palmas de Gran Canaria. Gracias a ello, muchas familias han vivido durante generaciones de lo que va y viene del mar. Esta realidad convive con una historia que a menudo ha sido silenciada, y es que buena parte de la riqueza de antaño, sobre la que sentó sus bases fundacionales, se debió al comercio de personas esclavizadas. A través de una ruta histórica por el casco antiguo de la ciudad, el guía y narrador oral Dieguito Flores desenterró una parte de ese pasado oculto, donde la ciudad es protagonista de una dicotomía difícil de enfrentar: la de ser, al mismo tiempo, un territorio colonizado y colonizador.
Las cabalgadas son una parte fundamental del relato. Se trata de una práctica de las flotillas españolas, desarrollada entre los siglos XV y XVII en el norte de África, que consistía en realizar incursiones militares para obtener botines y secuestrar personas para comerciar con ellas. Coexistió con la esclavización de los aborígenes canarios fuera del Archipiélago, cuyos nombres han sido recuperados con posterioridad, en muchos casos, gracias a los archivos antiguos de venta.
Cabalgadas y piratería
Ambas narrativas forman parte del patrimonio isleño. El comercio de personas a través del puerto «no se menciona casi nunca», aseguró Flores, porque es el tipo de legado histórico que «levanta tensiones y dolores en una sociedad». Sin embargo, paralelamente, ayuda a entender cómo fue el pasado y cuáles son sus consecuencias en el presente. De este modo se ha hecho posible que la población descienda, al mismo tiempo, de esclavistas y personas esclavizadas.
Como respuesta a las cabalgadas, y en venganza por los secuestros, los países norteafricanos comenzaron a realizar ataques piráticos que sembraron pánico en la población. Llegó un punto en que se prohibieron las cabalgadas, pero desencadenaron una profunda crisis económica en la ciudad por la que incluso la Iglesia dejó de recibir limosna.
Una quinta parte del patrimonio de Pedro de Vera procedía de las cabalgadas en el norte de África
La crisis no solo afectó a los grandes empresarios y propietarios de los barcos, sino que también arruinó a las familias trabajadoras que sostenían su funcionamiento diario. Por ese motivo, volvieron a permitirse durante un tiempo. El gobernador Pedro de Vera fue uno de los grandes beneficiados de estas prácticas, ya una quinta parte de su patrimonio procedía de ellas. Pero incluso durante el periodo en que estuvieron prohibidas, el puerto siguió participando en la venta de personas a través del mercado esclavista portugués.
Es de sobra sabido que Canarias es un punto estratégico para la navegación. De este modo, por el antiguo puerto pasaron personas de orígenes muy diversos antes de que se colocase en 1883 la primera piedra de La Luz. Este nuevo puerto sirvió, entre muchas otras cuestiones, como un enclave para que las potencias europeas pudieran proveerse antes de partir hacia sus colonias, lo cual brindó a la ciudad un papel importante en auténticos «actos de barbarie».
Colaboración con el genocidio en el Congo y los nazis
La compañía Elder ejemplifica esta realidad. Fue «uno de los mayores colaboradores del genocidio en Congo con Bélgica», de lo que la ciudad «sacó un beneficio enorme». Sin embargo, «en el museo no hay ninguna mención». Años más tarde, la emblemática Torre Woermann, perteneciente a una naviera alemana durante la Segunda Guerra Mundial, ofreció su apoyo estratégico a marineros nazis.
Buena parte del relato identitario de Las Palmas de Gran Canaria se ha construido alrededor de su puerto, con una mirada positiva fijada en su indudable aportación económica. No es de extrañar, ya que muchas familias canarias lograron salir de la pobreza gracias a su actividad. Sin descartar esa versión de la historia, Flores invitó a los asistentes de la ruta a cuestionar cuál fue el precio que tuvieron que pagar otras personas y otros territorios.
El legado de Fernando León y Castillo
En su línea argumental, Flores añadió que Fernando León y Castillo –cuyos restos se encuentran en la Catedral de Canarias– ha pasado a ser «uno de los intocables» por su proyecto portuario en la ciudad, entre otras aportaciones. No obstante, difícilmente se le recuerda por haber tenido un papel fundamental como negociador con Francia en el reparto colonial del continente africano. Es por ello que le otorgaron el título nobiliario de Marqués de Muni en el año 1900, referente al río situado en Guinea Ecuatorial, a pesar de que nunca estuvo físicamente en dicho territorio, que fue provincia española.
La última guerra colonial española
Pero hay historias que han sido tan invisibilizadas que apenas quedan espacios físicos, más allá de los documentos, para recordarlas. Tal y como explicó Flores, la vinculación colonial de la ciudad también está presente en la Guerra de Ifni, un conflicto no declarado de España y Francia contra Marruecos.
Como resultado de ello, se creó un campo de concentración con presos marroquíes y saharauis que fueron capturados en el frente. El recuerdo de la última guerra colonial española apunta a que este recinto estuvo en la zona militar de La Isleta, seguramente en Las Coloradas, y que operó durante el año 1958 y parte del siguiente bajo la gestión de las autoridades franquistas.
Suscríbete para seguir leyendo












