La 14ª etapa del Tour circuló por los Vosgos, en una jornada animada prácticamente con ataques desde el kilómetro 0. La victoria se la llevó de nuevo Tadej Pogacar, con una exhibición en los Vosgos que lo catapultó a su cuarta victoria en la carrera que domina de forma aplastante. Francia enloqueció con la firmeza de Paul Seixas, que aunque no pudo responder a Pogacar sí lo hizo ante Vingegaard. El joven ciclista francés arrebató el jersey blanco a Juan Ayuso por tres segundos y se situó cuarto de la general.
Atención especial merece la etapa de este domingo que finaliza en el durísimo Plateau de Solaison que debuta en el Tour para quedarse como puerto que encierra una enorme dificultad. Se trata de una subida de 11,3 kilómetros con rampas máximas del 9,7 por ciento y una media del 9%; es decir, un puerto durísimo. En el Tour de Auvernia-Ródano-Alpes, nueva denominación del Dauphiné, se impuso Isaac del Toro por delante de Juan Ayuso. Este domingo, previamente, se ascenderán otros dos puertos de tercera y uno de primera (La Croisette).
Unos aficionados mexicanos gritaban entre banderas del país “¡Torito, Torito!”, en honor a Isaac del Toro, el escudero de Pogacar, y el que hizo segundo en la meta de la 14ª etapa. Ellos se comen y se guisan el Tour, aunque entre los condimentos de la carrera, como si fuera el picante del plato principal surge Paul Seixas para que Francia enloquezca y para que Juan Ayuso sufra.
En la salida, los padres del ciclista español apenas pueden verlo. O saludan al hijo o se pierden su llegada en los Vosgos, porque el día es complicado. Una cosa u otra. Deciden partir velozmente. Los mecánicos limpian de polvo las ruedas de las bicis. Todos inquietos, porque todos saben la que se va a liar en la vía verde, el carril bici de poco más de cinco kilómetros que conduce a la cima de Haag, a seis kilómetros de la meta, como aliciente a un circuito por los balones de Alsacia, testigos de tantos líos y bayonetas entre franceses y alemanes.
Si hace un siglo hubo guerra, ahora hay paz. “Ha sido inolvidable el calor del público y sólo he podido darles las gracias con un gran espectáculo”, confiesa Pogacar tras conseguir la cuarta victoria, que igual no es la última. El público vibra cuando los ciclistas pasan a milímetros por la vía verde de Haag y mucho más cuando ven a Paul Seixas al ataque. Aún no puede con Pogacar -todo llegará- pero sí con Jonas Vingegaard, quien responde con timidez al demarraje ganador de Pogacar, a 1,6 kilómetros de la cima de Haag. Desde ese instante ya se sabe quién ganará la etapa.
Ayuso, en la salida de Mulhouse, saluda y da las gracias cuando se le desea suerte en la etapa. Sale del bus en compañía de Carlos Veronas, con quien ha hecho muy buenas migas. Con él y con todo el equipo Lidl-Trek. Parece que no es su mejor día, pero resiste y allí sigue en la pelea por el podio y por ese ‘maillot’ blanco que Seixas le arrebata por tres segundos. Saltarán de aquí a París más que chispas en la lucha por el jersey que identifica al mejor joven menor de 25 años que por la prenda amarilla.
LE MARKSTEIN (France), 18/07/2026.- White Jersey best young rider Spanish cyclist Juan Ayuso (R) of Lidl-Trek crosses the finish line ahead of German cyclist Florian Lipowitz (L) of Red Bull – Bora – Hansgrohe during Stage 14 of the Tour de France, a 155.3 km route from Mulhouse to Le Markstein Fellering, France, 18 July 2026. (Ciclismo, Francia) EFE/EPA/GUILLAUME HORCAJUELO / GUILLAUME HORCAJUELO / EFE
Seixas lo lucirá este domingo como si llevase la camiseta de los ‘bleus’ animado por miles de seguidores que lo apoyarán en los 11 kilómetros de subida al debutante Plateau de Solaison, un infierno en llamas, un puerto que ha venido al Tour para quedarse y de donde saldrá posiblemente una general que no se parecerá en nada a la de ahora, salvo en el ocupante de la primera plaza de la general.
En Mulhouse no se huele la tragedia sino un día grande de ciclismo en el que se le da vida a una fuga encabezada por Richard Carapaz. Sólo sirve de actuación, como si fuera un buen telonero en el concierto de un grupo mediático. Se lo come Vingegaard, vestido con un jersey de topos, líder de la montaña, prestado por Pogacar. El esloveno le cede el control de la subida, hasta que ataca. Menos tiempo que en el destrozo del Tourmalet o en el espectáculo del Macizo Central pero suficiente para saber quién manda en este Tour.
Pogacar gana divirtiéndose, como si jugase. Se le ve más feliz que el año pasado cuando acabó el Tour más agotado de cabeza que de piernas y sin saberse realmente si andaba fastidiado de una rodilla. Es una buena noticia para la Vuelta. Pero todo llegará, que ahora el horizonte está en París, que viene el Plateau de Solaison, y que a nadie le hablen de la doble subida, como traca final, al Alpe d’Huez.
Francia vibra. Seixas hace olvidar el desengaño del balón. 19 años cargados como un arma poética sobre una bici. Hay casta de ciclista. Lo sabe Ayuso, ¡Ah! lo que le costará al ciclista español desnudarlo de blanco. Suerte que el público ciclista respeta, magna etapa en los Vosgos y bendito sea el Tour nuestro de cada día.












