Ferit siente la presión sobre sus hombros desde que Halis le dijo que había llegado su momento para estar al frente de la familia Korhan. Pero el joven no concibe una vida sin su abuelo, e intenta por todos los medios que Halis no se rinda y luche contra la enfermedad que le consume la vida.
En un momento de intimidad, ha recordado todo lo bonito que ha vivido con su abuelo, y le visita en su habitación para animarle. Halis le responde con un cuento de un hombre anciano que se había hecho famoso haciendo pan.
Cuando se acercaba su final, le dijo a su hijo que había hecho pan para todos, pero esta vez haría el mejor pan que habían probado. “Una persona cocina su propia alma con su propio aliento. Si la esencia de tu alma es pura, entonces huele bien”, le dijo el panadero a su hijo.
Al día siguiente, al abrir la panadería, le llegó el aroma del mejor pan más delicioso, descubriendo que su padre había dado su último aliento. “La muerte es el destino de todos, es un regalo para todos”, le dice Halis a Ferit, una metáfora de la vida que él ya ha vivido, amasado y preparado, y que ahora está listo para partir.
Ferit acaba hundido, y decide apoyar a su abuelo en su idea, algo que el propio Halis no esperaba que pasaría y que le deja en shock. “Halis Korhan, que haces temblar a la gente, tu nieto te ha abandonado. Era lo que querías, ¿por qué estás triste ahora?”, se pregunta el patriarca una vez Ferit se ha ido de la habitación, un dolor que le recuerda que aún vive, y que hay tiempo para cambiar de opinión.
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