El presidente estadounidense, Donald Trump, ha amenazado este sábado con destruir todo Irán en caso de que la República Islámica intente asesinarlo. En los últimos días, el propio Trump ha estado hablando abiertamente de esta posibilidad, e incluso bromeando sobre ello. Trump, en la cumbre de la OTAN en Ankara, Turquía, llegó a asegurar que los iraníes son «escoria y basura» y que «a mí me gusta mucho ser el número uno en muchas listas, pero ser el número uno en su lista de asesinatos, que soy yo, no es algo que me guste demasiado», dijo el multimillonario a la prensa.
«Tenemos armados 1.000 misiles apuntando a la República Islámica de Irán, con miles más que vendrían después si el gobierno iraní actúa en su amenaza de asesinar o intentar asesinar al presidente de Estados Unidos, es decir, ¡YO! Ya he dado las órdenes, y el Ejército estadounidense está preparado, dispuesto y capaz de al menos durante un año completamente destruir y diezmar todo el territorio de Irán. ¡ALABADO SEA ALLAH!», ha dicho Trump este sábado en sus redes sociales.
Irán, este pasado jueves, celebró el acto final en la semana de procesiones funerales para el anterior líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí, asesinado por Israel y EEUU al inicio de la guerra en Oriente Medio, el 28 de febrero de este año.
En el acto final de enterramiento, celebrado en la ciudad persa de Mashhad, la multitud de seguidores llevaban miles de estandartes pidiendo venganza. Los cánticos eran mucho más explícitos: «¡Lo juramos por la sangre de nuestro líder supremo! ¡Trump, te mataremos!«, rezaban los asistentes. Altos cargos iraníes han incluso repetido esta promesa.
Tensión y charlas
A pesar de que en principio las negociaciones entre EEUU e Irán siguen vivas, todo alrededor de ellas es incierto. Trump confirmó este viernes que el alto el fuego vigente entre los dos países está muerto, aunque dio instrucciones a su equipo negociador a mantenerse en las charlas.
A partir de aquí, todo está en el aire: en la última reunión técnica entre Teherán y Washington, las dos partes acordaron encontrarse de nuevo una vez terminase la semana fúnebre de Jameneí en Irán. Las perspectivas —filtradas por los mediadores, Qatar y Pakistán— apuntaban en que la siguiente reunión sería este mismo fin de semana. Las charlas no solo no han ocurrido, después de varios días de intercambio de bombardeos y ataques esta semana, sino que no hay ni fecha ni lugar para la siguiente ronda de negociaciones.
Y hay más, porque los problemas se amontonan. Cuando la República Islámica y la Casa Blanca firmaron su primer preacuerdo, hace tres semanas, los dos países se dieron un plazo máximo de 60 días para llegar a un acuerdo de paz definitivo, que debe incluir también el programa nuclear persa.
El reloj ha corrido ya por 20 de esos 60 días, y los dos países no han ni empezado a discutir los dosieres atómicos, los más difíciles de cerrar. Si no hay acuerdo, la alternativa es clara: la vuelta a las hostilidades, el bloqueo de nuevo del estrecho de Ormuz y, con toda probabilidad, también el estrecho de Bab el Mandeb, que separa el mar Rojo del océano Índico.
Irán ha amenazado con forzar también ese cierre en decenas de ocasiones. Hacerlo supondría un revés aún mayor a la economía mundial que el cierre de Ormuz: Bab el Mandeb es la arteria principal del comercio entre Europa y Asia.
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