Lo admirable no es lo que hace. Lo que hace es tan repetitivo, es decir, se lo hemos visto tantas veces y de la misma manera, que hasta nos provoca risas que nadie le adivine lo que va a hacer cuando, en realidad, está haciendo lo que ha hecho toda su vida.
Así que, de repente, llegamos a la conclusión que lo que hace Leo Messi no es digno de admiración porque ya forma parte de nuestra memoria. Incluso nosotros, no solo los rivales, nosotros, sabemos, perfectamente, lo que va a hacer. Y lo hace. Por eso disfrutamos con él como disfrutamos.
Lo tremendo, ahora sí que coincidiremos, es que lo haga con 39 años. No, no, peor aún. O, perdón, más admirable todavía: más de 20 años sorprendiendo al mundo y al mundo del fútbol. Leo Messi llegó acompañado de sus padres a Barcelona, el 17 de septiembre del 2000, con 13 años. Mañana, con 39 recién cumplidos, jugará frente a Suiza para acceder, de nuevo, a una semifinal de la Copa del Mundo.
Durante todos esos años, Messi ha pasado por todo, lo ha soportado todo, lo ha superado todo, lo ha mejorado todo y ahí sigue, entero, veloz, fuerte, goleador, líder, poderoso: un auténtico mito. “Bueno, yo siempre pensé que el Mundial de Catar sería mi último Mundial, pero se fue dando y acá estamos”.
Aquel Messi que dejó de comer bolsas de conguitos cuando era uno de los niños de La Masia, junto a Piqué o Cesc Fábregas, adquirió, de la mano de Pep Guardiola y sus ayudantes, los hábitos necesarios de nutrición, preparación, descanso y vida sana que le mantienen, a los 39 años, como el mejor del mundo.
Acá estamos, no. Messi ha metido ya ocho goles y empieza a amenazar el récord histórico del francés Just Fontaine, de 13 goles, en el Mundial-1958. Messi ha vivido la vida más bestia e intensa que puede vivir, no ya futbolista alguno, sino cualquier persona. Leo llegó con 13 años a Barcelona y, tras driblar todas las visicitudes, acabó convirtiéndose en el ídolo de un país, una ciudad, un club, una estadio y una afición. Y, luego, tuvo que salir por piernas, inundando su caminar de lágrimas, porque el presidente Joan Laporta no lo quiso.
Cuando Messi jugaba, crecía y aprendía junto a Piqué o Cesc Fábregas, en La Masia, era un niño normal, ni siquiera vivía en la residencia culé, pues sus padres cogieron un pisito en Barcelona. No tenía vida social, mataba las horas con la PlayStation y comía conguitos (chucherías de chocolate) a puñados.
La llegada de Pep
Nada de todo eso le impedía ir quemando etapas y, sobre todo, demostrar, que tenía todo lo necesario para ser quien ha terminado siendo. Eso sí, le quitaron las bolsas de conguitos, empezaron a inyectarle hormona del crecimiento y ha terminado midiendo 1,68 o 1,70 metros.
Cuando subió al primer equipo y apareció Pep Guardiola, todo empezó a cambiar a mejor. “Todo en Leo es cognitivo, es decir, un conjunto de procesos mentales y funciones inteligentes que permiten a una persona recibir, procesar, almacenar y utilizar información”, explica Juanjo Brau, uno de los fisios preferidos por el argentino. La personalidad de Leo, la mente de Leo, la cabeza de Leo, todo en Leo se mueve, funciona, en función del fútbol, para ser el mejor.
Lionel Messi celebra su gol ante Egipto en los octavos del Mundial. / DPA
Por eso, en esa época juvenil y cuando ascendió al primer equipo del Barça, Leo se dio cuenta de que tenía que adquirir una serie de hábitos, no solo una comida sana (Guardiola, en ese sentido, fue fundamental) sino todo lo que rodeaba a su físico, su descanso, su vida familiar y, sobre todo, su cuidado personal, pues era, muscularmente, muy frágil y no podía contribuir a aumentar esa fragilidad con un comportamiento errático.
A Messi se le conocen muy pocos disparates, muy pocos y esa vida ordenada es, en parte, la que le ha permitido seguir siendo el mejor, con enorme diferencia sobre el resto de futbolistas (Messi es Maradona todos los días, se suele decir, como mejor definición de la ‘Pulga’), en el campo, con el balón en los pies, analizando el juego, guiando a sus compañeros, que, sin él, sería el equipo más vulgar del planeta fútbol.
Cuentan que es cierto que Messi no pensaba repetir, tras coronarse en Catar-2022, en esta Copa del Mundo. Es verdad que no dijo nada, pero todo el mundo (y el mundo no era solo Argentina, era el Mundial, la FIFA, el negocio, quien le necesitaba en este Mundial mediático, revolucionario) pensó que Leo no se perdería esta cita. Y, no solo no se la ha perdido, sino que sigue siendo ‘D10S’, sobrenombre que detesta “por mis hijos, no por nada, no quiero que piensen que su padre es Dios”.
Los datos dicen que Messi no corre. Bueno, sí, corre 6,8 kilómetros por partido, cifra irrisoria comparada con los 11,5 de Kane, los 10 de Vinicius Júnior o los 9,7 de Mbappé. Peor aún, de los 6.800 metros que recorre Messi en un partido de esta Copa del Mundo, 4.000 los hace andando.
A sus 39 años, Leo Messi sigue manteniéndose en forma gracias a la combinación de trabajo físico, nutrición, descanso, familia, entrenamiento (de todo tipo) y planificación. No es solo talento, no, es disciplina, un sofisticado equipo profesional y constancia. Nada más arrancar el 2026, Leo se unió a su amigo Rodrigo de Paul y, junto a un grupo de preparadores físicos y kinesiólogos, se puso en forma, no para ganar con el Inter de Miami, sino para tratar de repetir estrella con su amada Argentina. Y de los conguitos pasó a las bañeras repletas de hielo como el primer paso para recuperarse de un gran esfuerzo.
Es evidente que para jugar el fútbol que se ha inventado Messi y que le hace imprevisible siempre, en cada minuto de partido, hay que estar bien físicamente. Los datos dicen que Messi no corre. Bueno, sí, corre 6,8 kilómetros por partido, cifra irrisoria comparada con los 11,5 de Kane, los 10 de Vinicius Júnior o los 9,7 de Mbappé. Peor aún, de los 6.800 metros que recorre Messi en un partido de esta Copa del Mundo, 4.000 los hace andando.
Podemos hablar y con Messi más que con ningún otro futbolista de lo que significa el físico a la hora de jugar a fútbol. Hay quien piensa y más en 2026, que el fútbol mágico, cómo no, representado por la estrella argentina, está perdiendo contra el fútbol físico. Leo demuestra que eso no es así. ¿Y si el fútbol nunca hubiese sido una competición en la que triunfan los que reúnen los mejores atributos físicos?
Palabra de Cruyff
Volvamos a la fuente de todo, el holandés Johan Cruyff. “¿Qué es la velocidad?, podríamos preguntarnos. Verán, las prensa deportiva suele confundir la velocidad con la perspicacia. Si empiezo a correr un poco antes que el rival, llegaré antes que él y pareceré mucho más rápido que él”. Pues eso hace Leo Messi ¿no?
El comentario de Cruyff, como muchos otros suyos, suenan a acertijo, pero un futbolista rápido no suele ser aquel que tiene las piernas más rápidas. A menudo, son los que despegan antes y llegan los primeros. Lo que parece velocidad es, muy a menudo, una ventaja inicial conseguida gracias a la percepción, a la perspicacia.
Es evidente que todo lo que hace, cómo lo hace y cuándo lo hace Leo Messi está pensadísimo y muy meditado, por eso es incomparable e irrepetible. Y, por descontado, indetectable 26 años después de su llegada a Barcelona.

Musso abraza y consuela a Messi, mientras Leo llora su triunfo ante Egipto. / DPA
Mientras los demás futbolistas miran el balón, Leo está mirando todo lo demás. Leo es el único futbolista del campo, ¡el único!, lo saben los suyos y sus rivales, que tiene todo el partido en su cabeza y, sobre todo, que no deja de trabajar, corra o este parado, en el partido. Por eso es imprescindible.
En los segundos previos a recibir el balón, un pase, mueve la cabeza, se diría que la gira los 279 grados del búho, para observar a sus compañeros, a los rivales y detectar los espacios libres. Cuando el balón, finalmente, llega a sus pies, la jugada ya esta resuelta en su mente. Hay investigaciones, por descontado, que demuestran la mayor cualidad de Leo Messi: los jugadores que más ‘escanean’ el campo antes de recibir el balón, toman mejores decisiones, encuentran espacios que nadie ve y generan muchas más ocasiones de gol.
“¿Por qué podemos disfrutar de esta manera tan especial, tan placentera, tan maravillosa del juego y la actitud de Leo?”, se pregunta Brau. “Muy sencillo porque, en la fase de aprendizaje que vivió en el Barça, especialmente con Pep (Guardiola), Leo se dio cuenta de que todo lo que le decíamos, todo lo que le aconsejábamos, era por su propio bien, para que mejorase, para que rindiese mejor que nadie y se convirtiese, finalmente, en el mejor futbolista de todos los tiempos”.
Cuerpo especial
Brau cuenta que a Messi hubo que explicarle y lleva practicándolo a las mil maravillas, no solo en el Barça, en el PSG, en Miami y, ahora, en el Mundial, que no podía correr siempre ni ir a por todas las pelotas. «Solo debes correr por las pelotas buenas». Ni era su función, ni era su objetivo, ni servía de nada, reflexiona Brau, correr por correr, desgastarse por desgastarse.
“La fibras de Leo se llaman 2B son tremendamente explosivas (fibras de contracción rápidas que generan una mayor fuerza explosiva), de ahí su poderosísimo sprint, su despegue fulminante y, sobre todo, como define Johan (Cruyff) su habilidad para salir en carrera antes que los demás”, continúa Brau. “Pero Leo tuvo que aprenden que esas fibras, en cuanto se descargan por el esfuerzo brutal, de relámpago, fulgurante que su fútbol les exige, necesitan de un periodo de calma, por eso camina, por eso, para recuperarse y estar listas para un nuevo esfuerzo”.
“Este chico está escribiendo la historia con los pies, no con un bolígrafo. Si alguien pretende eliminar a Argentina, que puede, claro, debería intentar no provocar a la bestia que Leo lleva dentro. A partir de ahí, creo que empezaría a tener alguna opción de eliminar a la albiceleste”.
Son muchos los que piensan que Leo es, cuando él quiere y lo necesita, más rápido que los demás. ¿Por qué?, porque piensa antes que el resto. “Los movimientos que hace Leo son para provocar el desequilibrio del rival, de los defensas. Provocando ese desequilibrio, genera los espacios, los inventa e intuye el juego, lo que te hará en carrera”.
El doctor Xavier Valle, durante décadas médico del FCBarcelona y, actualmente, en el ICATME, de Barcelona y, recientemente, campeón de la Champions asiática con el Al –Ahli, de Arabia Saudí, coincide plenamente con todo lo expuesto por Juanjo Brau sobre el fútbol de Leo Messi y, sobre todo, sobre su particular manera de entender el juego y practicarlo.
“Nadie, absolutamente nadie, ni Messi, ni Rafa Nadal, ni LeBron James, ni Tom Brady, ni Fernando Alonso, ni Novak Djokovic, hoy (por ayer) enorme semifinalista de Wimbledon, también a sus 39 años, alcanza esas metas y se mantiene tan competitivo a su edad sin enormes sacrificios”, explica Valle. “No solo debe llevar una, casi, monacal vida personal y familiar, también una nutrición exquisita y estudiada, un entrenamiento milimétrico y programado, un sistema de recuperación física adecuado sino, sobre todo, mucho descanso. ¿Por qué?, porque el mejor entrenamiento, el mejor, es el descanso”.
Veloz, muy veloz
Muchas cosas son únicas en este Messi de 39 años. Todas. Repito, es el único futbolista de los 22 que juega los 90 minutos del partido, esté quieto o en movimiento pues, cuando está parado, también está jugando. Los demás, no. Por eso Messi no necesita correr, le basta con acelerar hasta los 30 km/h, suficiente para superar a cualquier rival porque ha pensado antes lo que hará, ha arrancado antes que él y ha escaneado el espacio por el que pentrar.
“En el Mundial de Catar-2022, Leo tenía 35 años y tuvo un pico de velocidad de 29 km/h.”, explica el nutricionista Ismael Galancho. “Lo esperado hubiese sido que, en esta Copa del Mundial, ya con 39 años, su velocidad máxima fuese aproximadamente, como mucho, esa misma. Pues bien, en los partidos que llevamos de Mundial, Leo ha registrado una velocidad máxima de 30,9 km/h., lo que supone un aumento del 5% con respecto a 2022. Es lo que ocurre cuando se trabaja a conciencia la preparación física, la nutrición, la recuperación, el descanso, la hidratación y la gestión de cargas”.

Lionel Messi es manteado por sus compañeros tras la victoria ante Egipto. / EFE
“Este chico”, explicó, el pasado miércoles, Thierry Henry, “escribe la historia con los pies, no con un bolígrafo. Si alguien pretende eliminar a Argentina, que puede, claro, debería intentar no provocar a la bestia que Leo lleva dentro. A partir de ahí, creo que empezaría a tener alguna opción de eliminar a la albiceleste”.
Henry, cómo no, tiene en su cabeza un montón de anécdotas vividas con Messi pero, en esta ocasión, recordó, por ejemplo, algo que hacía muy habitualmente en los entrenamientos del Barça. “Estábamos en el campo y, de pronto, quien hacía, más o menos, de árbitro, no le pitaba una falta que le habían hecho. Se enfadaba tanto, que cogía el balón, empezaba a regatear a un montón de compañeros y metía un golazo. Y, regresando al centro del campo, le decía al improvisado colegiado: ‘La próxima vez, pita falta’. Ese es Leo Messi”.
Puro fútbol, cabeza y vista. Hay un dicho que se ajusta perfectamente a este prodigioso Leo Messi, cuando tenía 13 años y, ahora, con 39: “La realidad es que siempre se culpa al pie por tropezar, cuando es el ojo quien lo guía”. El ojo de Leo Messi guía a Argentina. Ya saben: “Se fue dando y acá estamos”.
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