El Resurrection Fest ha escrito el capítulo 21 de su historia junto a leyendas universales de la música como Iron Maiden, Limp Bizkit y Marilyn Manson y una sólida comunidad de seguidores que acercó a Viveiro a más de 140.000 personas durante los últimos cuatro días. Fue una edición «histórica» que consolida al festival como referencia en Europa y como un importante motor cultural y económico para Galicia, avalado por un impacto global superior a los cien millones de euros y por la creación de 1.500 empleos directos —4.000 indirectos—. Según explica la organización, se trata de un festival «hecho a mano» que busca seguir creciendo sin perder su esencia y la filosofía con la que nació en 2006: un proyecto construido desde la pasión por la música y la cultura.
Iron Maiden
Durante cuatro días, más de un centenar de bandas desfilaron por los cuatro escenarios del festival y, aunque todas despertaban interés por la diversidad de géneros y estilos musicales que abarcaban, la jornada más multitudinaria fue la del jueves por contar con uno de los grandes reclamos del cartel de esta edición. Una década después de su primera vez en el Resurrection Fest, Iron Maiden volvieron a impartir una lección magistral de técnica e historia musical en un concierto que se prolongó durante dos horas. Las leyendas británicas interpretaron clásicos como Fear of the Dark, The Trooper y Run to the Hills e incluso un tema guardado en la recámara durante 38 años como Infinite Dreams. «No estamos muertos», declaró a su masiva audiencia un atlético Bruce Dickinson que no paró de recorrer el escenario y ondear las banderas de Galicia y el Reino Unido. Con cincuenta años a sus espaldas, los maestros del heavy metal ofrecieron un espectáculo lleno de dramatización, con antorchas del medievo, hachas, espadas y navíos proyectados entre la niebla, en el que tampoco faltó su mascota gigante Eddie.
El festival ya vivía su punto álgido 24 horas después de haber comenzado con grandes nombres del trash y el metalcore como los suecos Sabaton y los de Florida A Day to Remember, que pusieron los primeros crowdsurfings en movimiento. La jornada comenzó con los japoneses A Man With a Mision y los británicos President, que ofrecieron un espectáculo en el escenario principal caracterizados con sus habituales máscaras. Cualquier tensión quedó liberada por completo con el hardcore salvaje de Thrown, llamados a ser la sensación europea entre las nuevas generaciones, y con la fiesta de electrónica y deathcore que acercaron The Browning, llegados desde Kansas con su denominado cyber-metal. La sorpresa de esta primera noche la dieron los británicos High Vis, una banda de post-hardcore con influencias del britpop y de los noventa, que ofrecieron un espectáculo crudo en el Chaos Stage a cuerpo abierto.
Limp Bizkit
El tercer día era el más esperado para muchos. Las carreras se sucedieron en cuanto se abrieron puertas para reservar sitio en primera fila y las gorras rojas que popularizó Fred Durst, cantante de Limp Bizkit, a finales de los noventa inundaban el recinto. Comenzó con los locales Not Yet y su propuesta de metalcore con atmósferas envolventes que nada tiene que envidiar a cualquier grupo de la escena profesional. Los suecos Rasmus animaron el ambiente con su exitoso In the shadows y desde Escocia llegó Bleed From Within para despertar con fuertes dosis de adrenalina a quienes ya experimentaban los primeros síntomas de cansancio. Todavía en la antesala de uno de los momentos más esperados en la historia del festival, con la primera vez de Limp Bizkit en el Resurrection Fest, se subió al escenario el cantante y guitarrista Matt Heafy junto a su cuadrilla de Trivium para dar una lección de técnica y virtuosismo que no dejó a nadie indiferente. Era su segunda vez en un festival y en una tierra a la que pidió volver tras alabar atributos como su gastronomía.
Los corazones ya latían al mismo tiempo cuando comenzó la cuenta atrás para la irrupción de Limp Bizkit sobre el escenario. En ediciones anteriores habían preparado el terreno en lo musical y en lo generacional algunos de los máximos exponentes del nu metal que vieron la luz con el cambio de milenio y que dejaron una huella imborrable para muchos jóvenes de aquel entonces. El público del Resurrection Fest había tenido la oportunidad de disfrutar en dos ocasiones de Slipknot y de Korn. Y, aunque se hicieron esperar hasta 2026, finalmente hicieron su aparición Fred Durst, Wes Borland, DJ Lethal, John Otto y Kid Not, el nuevo bajista que sustituye a Sam Rivers tras su fallecimiento a finales de 2025. La energía estalló y el público gritó, pateó y bailó mientras sonaban himnos como Break Stuff, My Generation, My way, Re-arranged, Rollin’ y Nookie, entre otros. Hasta se invocó el espíritu de Tom Cruise con la icónica banda sonora de Misión Imposible II Take a look around. Hubo público sobre el escenario, entre los que se encontraba una joven a la que los nervios le jugaron una mala pasada y acabó vomitando, pese a finalizar la jugada rapeando junto a Durst Full Nelson. La emoción inundaba el ambiente y hacía que todos los allí presentes compartiesen la exaltación de la eterna juventud.
Marilyn Manson
Sin más alicientes, podría haber sido así una edición histórica, pero aún estaba por llegar la traca final. Todo el cansancio acumulado de cuatro días de conciertos encadenados se esfumó cuando ascendió desde las tinieblas el mismísimo reverendo Marilyn Manson en el concierto más glamouroso de las 21 ediciones de Resurrection Fest. El símbolo e icono del rock y metal industrial ofreció un revitalizado concierto con su habitual exhibicionismo gótico para disparar un mensaje poderoso cargado de crítica social. «¿Habéis venido a colocaros? Pues tengo buenas noticias: yo soy vuestra droga», comentó Marilyn Manson ante un público al que aseguró amar. Sonaron joyas del Antichrist Superstar como Tourniquet, Angel with the Scabbed Wings, y Dried Up, Tied and Death to the World; las celebérrimas The Beautiful People, The Dope Show y Great Big White World del Mechanical Animals y sus grandes versiones de Sweet Dreams y Personal Jesus. La potencia y contundencia de guitarras y sintetizadores acompañaron a una voz y una actitud poderosas con las que demostró que Marilyn Manson está en plena forma musical en su vuelta a los escenarios y que extasiaron a un público que empeñaba sus últimas gotas de energía. Era la cuarta y última jornada que incluyó otras grandes propuestas como P.O.D., Mastodon, Converge o Hamlet.
Debido al riesgo por altas temperaturas, no hubo el emotivo cierre de fiesta que pone el broche a cada edición con un espectáculo de fuegos artificiales, pero tanto público como organización se citan con la vista puesta en el 2027 para la próxima edición. «¡Nos vemos en 2027!», prometen en su mensaje de agradecimiento.












