Díez días después de que el Congreso exigiera a Pedro Sánchez su dimisión o una cuestión de confianza -el resultado sería el mismo- la legislatura continúa y no hay visos de que el fin esté próximo. Más bien lo contrario. El presidente del Gobierno se autoimpuso un límite, perder los Presupuestos, pero sigue estando en su mano la gestión de los tiempos. En el PP ya lo tienen asumido y restan importancia a la fecha de los comicios. Lo importante, dicen, es aprovechar este tiempo para llegar preparados a las urnas. Un tiempo que entre los socios no saben si va a ser beneficioso o no para frenar a la extrema derecha de Vox y su posible alianza con el PP.
Entre las cosas que dejaron en claro los aliados del Gobierno en la comparecencia de Sánchez en el Congreso la pasada semana es que el Ejecutivo debe continuar. Con el propio Sánchez o sin él, como opinan en Junts, pero que hay que agotar el tiempo antes de llamar a elecciones. Sin embargo, es la gestión de los próximos meses lo que genera discrepancias entre los partidos del bloque de la investidura. Hay quienes ya avisan al Gobierno de que el «miedo» a Vox ya no cotiza, quienes creen que es necesario un golpe de efecto legislativo para remontar el vuelo y quienes solo ven la permanencia de Sánchez en la Moncloa como un lastre.
Contenido legislativo
En junio de 2025, en pleno estallido del ‘caso Cerdán’, Sánchez llamó a todos sus socios a la Moncloa. Se fue reuniendo uno a uno con ellos para intentar apaciguar la situación. Gabriel Rufián, portavoz de ERC, salió de aquel encuentro con la sensación de que el presidente del Gobierno estaba «tocado» y que lo único que se podía hacer era «aprovechar» lo que quedaba de legislatura para avanzar en medidas sociales. Un año después, Rufián ha endurecido el tono. Admite que «resistir está bien», que no tiene «puñeteras ganas» de que PP y Vox lleguen al Gobierno, pero que esto no sirve.
«Llenemos de contenido la legislatura», fue el reto que le lanzó el portavoz republicano a Sánchez desde la tribuna de oradores argumentando que la «decepción» de los votantes, y su posible fuga a la derecha, solo se va a solucionar con medidas valientes. Fuentes republicanas señalan que aun así resultará difícil resistir el embate de la ultraderecha en las urnas y que la izquierda debería aprovechar estos meses que quedan para conformar un proyecto nuevo que haga creíble la apuesta progresista.
En pro de la continuidad de la legislatura también está EH Bildu. «No vamos a facilitar que la ultraderecha llegue a los Gobiernos. […] No vamos a ponerle una alfombra roja a la ultraderecha», aseveró su portavoz, Mertxe Aizpurua. Pero fue más concreta que su homólogo catalán. Pidió «superar la parálisis» y buscar un «programa de mínimos» para lograr algún logro en lo que queda de legislatura. Así, ambos socios, los más alineados ideológicamente con el Gobierno, plantean dar la batalla legislativa, algo que, a buen seguro, podrían rentabilizar entre su electorado.
Incumplimiento y ‘tú más’
Los otros dos aliados principales, Junts y PNV son mucho más críticos con la estrategia de Sánchez. Sobre todo, la portavoz posconvergente, Miriam Nogueras, que considera que el crecimiento de la extrema derecha no se debe tanto a la situación judicial del Gobierno sino a los «incumplimientos» que ha hecho el presidente a lo largo de la legislatura. Su propuesta para encarar la subida de la ultraderecha es la que han llamado ‘vía Starmer’ que pasa por la dimisión de Sánchez para que el Congreso elija un nuevo presidente. «No hacer nada lleva a la extrema derecha al poder», avisó, dejando claro que Sánchez es ya el obstáculo.
El PNV también está descontento con el camino escogido por Sánchez. De todos los socios es el único que ha alertado de que los reiterados avisos del Ejecutivo de que «viene el lobo» de PP y Vox ya no funcionan, que los resultados electorales de Aragón, Castilla y León, Extremadura y Andalucía han dejado claro que ya no genera miedo los pactos entre populares y ultras. Es más, su portavoz en el Congreso, Maribel Vaquero, señaló que es el propio Gobierno quien alimenta a la ultraderecha con los discursos del ‘y tú más’, provocando «hartazgo» en la ciudadanía. Un análisis en el que coincide el propio presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, que critica que Vox sea «la coartada para todo».
A este manual de cómo encarar a la extrema derecha también se suma la líder de Podemos, Ione Belarra, aunque es la más negativa. «Cada minuto que pasa no para de sumarles votos al Partido Popular y a VOX. Lo que le da votos a la derecha no es que la gente vote, sino que ustedes no hagan nada para resolver el problema de la vivienda ni su corrupción», le espetó a Sánchez. Aun así, todos parecen conscientes de que lo mejor es esperar y ver si algo cambia.
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