La Feria de Julio, la Gran Feria, la Fira de València, la Gran Fira de València, la Fira de Juliol, o como se llame, quedó oficialmente inaugurada con un acto en la plaza del Ayuntamiento al que le sobraron dos cosas: un poco de duración y el intento de reventarlo por parte del profesorado que, con camisetas verdes en ristre acudieron a tratar de defender su legítima defensa de la cultura silenciando otra cultura. A los músicos que protagonizaron el hilo conductor de un acto en el que, además, el valenciano fue el idioma más usado -que es mucho pensando en otras ocasiones-.
El director de la banda, de hecho, hizo un pequeño ademán llevándose los dedos a la boca en referencia a los silbatos que impedían disfrutar de la partitura o incluso concentrarse a los propios músicos. En algún momento dio la sensación de que iban a dejar de tocar ante la falta de respeto de una parte del auditorio.
La horchatera fue la protagonista del hilo argumental / Moisés Domínguez / D
El caso es que el acto inaugural se basó en un viaje retro -un pelín rancio si se quiere, pero a gusto del público objetivo y justificado en que es la edición número 155 del festejo- a los primeros años de la Feria (o de la Fira) a base de mucho folclore, costumbrismo decimonónico, sombreros de ala ancha y del recuerdo de los elementos troncales de la feria. Incluyendo la Batalla de Flores, el Certamen de Bandas, los Jocs Florals y, quizá para pavor de algunos, la feria taurina de San Jaime con un gran póster de Mazzantini como estandarte antes de aparecer un matador de verdad recordando la fiesta primigenia.

Los músicos fueron los más perjudicados por el intento de boicot / Moisés Domínguez / D

Alcaldesa y concejales acabaron en la verbena / Moisés Domínguez / D
Durante los cincuenta minutos que duró la puesta en escena, el elemento troncal fue la horchatera, concebida como personaje secundario pero siempre presente en el evento ferial.
El acto avanzó hasta rematarlo con bailes tradicionales y la irrupción de la pirotecnia, con la que nunca te equivocas. Desde la replaza donde se planta la falla municipal y desde la fachada municipal, a cargo de Penyarroja.
Cómo remate ya más íntimo para el público que así lo quiso, el fin de fiesta fueron un par de pasodobles en los que se arrancó todo aquel que quiso, incluyendo la alcaldesa, concejales, falleras mayores de València y la corte mayor.

La protesta de los profesores / Moisés Domínguez / D
En definitiva, un acto que nada absolutamente nada tuvo que ver con, por ejemplo, la pianista aérea del año pasado. Tradicional hasta el agotamiento, pero para recordar aquel 1871 en el que la municipalidad concibió la creación «de una feria anual que sirva de gran mercado de contratación a los habitantes de la comarca, una de las más pobladas de España, y tal vez la de mejores condiciones para llenar de atractivos esta solemnidad comercial». Ahora es un enorme bidón con cientos de pequeños actos en diferentes lugares de la ciudad porque la Feria de Julio, la Gran Feria, la Fira de Valància, la Gran Fira de València, la Fira de Juliol, o como se llame, es sobre todo una colección de miquetes que se rematará con los actos más multitudinarios. Desde el tributo de turno a la Preselección, los castillos pirotécnicos y la Batalla de Flores. Pero eso será mucho más adelante. Y mucha horchata.













