Los documentales y series de deportes se han convertido en un género. El deporte es un producto de consumo masivo y plataformas como Netflix, Amazon o Movistar, en España, han apostado por generar este tipo de contenidos que tienen su origen en la necesidad de llenar el vacío que dejó en su día la cancelación de eventos deportivos en vivo las primeras semanas de la pandemia. Series como ‘Last Dance’ o ‘Fórmula 1: Drive to Survive’ abrieron una ventana.
Origen: el confinamiento de la pandemia
Este fenómeno ha generado una proliferación de documentales de factura no siempre conseguida. La semana del 7 al 13 de marzo de 2019, fecha de estreno de la primera temporada de ‘Fórmula 1: Drive to Survive’, la serie se convirtió en la quinta más vista de Netflix y el precio de las acciones del Grupo Fórmula 1 aumentó un 62% desde la primera temporada. Sin embargo, el relato superó a la realidad. Max Verstappen advirtió que la representación de las rivalidades entre pilotos era «falsa». Las libertades narrativas que se tomaron al guionizar las historias provocó una excesiva ‘dramatización’ que fue criticada desde dentro del ‘pit lane’. Netflix abrió una ventana con ese mismo formato en el tenis y en el rugby. ‘El corazón del rugby’, traducción (‘Full contact’ en el original) duró dos temporadas del Seis Naciones. El director ejecutivo del torneo, Tom Harrison confirmó que Netflix decidió no continuar y «entendemos que se trata de una decisión estratégica global de cara a su apuesta por los documentales deportivos». La realidad es que el mundo del rugby quedó desencantado por cómo se retrataba a su deporte de forma superficial y hasta grotesca para guionizar historias forzadas que nada tenían que ver con este deporte.
Es cierto que la producción se ha disparado llenando el catálogo con una gran parte de documentales que resultan ser insulsos, publirreportajes diseñados para ensalzar o blanquear la imagen de deportistas, clubes o selecciones. Sin embargo, hay otros que incomodan, que descubren la vulnerabilidad del atleta o descubren al espectador un prisma desconocido, incluso dan a conocer a deportistas anónimos. Estos últimos son los que tienen más éxito. ¿Era necesario que Carlos Alcaraz mostrase tan abiertamente su afán por disfrutar de sus 20 años en lugar de querer amontonar títulos de Grand Slam? ¿Por qué el mejor ‘insider’ de clubes del fútbol inglés es la del calamitoso Sunderland (‘Til I Die’) muy por encima de las del Chelsea, Tottenham o Manchester City? ¿Qué lleva a escaladores como Tommy Caldwell en ‘Dawn Wall’ o Alex Honnold en ‘Free Solo’ a mostrar sus dudas escalando ‘El Gran Capitán’ mientras se juegan la vida? ¿Realmente Michael Jordan sabía que ‘The Last Dance’ iba a revelar lo cretino que era con sus compañeros? ¿En qué momento se les fue de las manos ‘El día menos pensado’ a los directores del equipo Movistar de ciclismo?
‘El día menos pensado’ cruzó líneas rojas
Cuando el deporte deja de ser efímero y de estar ligado a un momento concreto para proponer una narrativa que indaga más allá de la cancha y los vestuarios entrando la vida personal de los atletas, hay generar un valor añadido. «Las historias deben contarse con distancia. Los aficionados al deporte, en particular, son muy inteligentes y saben inmediatamente cuando no les están contando la historia completa», advertía Connor Schell, fundador de la productora ‘Words + Pictures’ en 2021. Arsenal y Tottenham ingresaron de Amazon diez millones de libras esterlinas por las series del formato ‘All or nothing’, pero los jugadores estaban avisados y cuando aparecían las cámaras huían de ellas, como confesó en su día Hugo Lloris. Al equipo ‘Movistar’ de ciclismo le informaron en 2020 que Telefónica iba a empotrar un cámara en el equipo para seguir entre bambalinas las carreras. La serie se convirtió en un producto de culto porque llegó a desvelar situaciones que ni siquiera publicaron los medios especializados. Piques entre compañeros, desobediencia de órdenes de carrera, salidas del equipo… Un retrato tan descarnado que tras cinco temporadas se echó el cierre después de que hubiese pasado factura dentro del propio ‘Movistar’.
En la otra orilla aparecen documentales en los que protagonistas son socios de las productoras o incluso creadores de la serie. Desde el ‘Studio 99’ de David Beckham coproduciendo la serie de Netflix sobre su vida a ‘Fifa+’ haciendo lo propio con todos los productos de sus dominios, lo que genera un conflicto de intereses que condiciona todo. Estos productos son la comida basura del género audiovisual. Contenido alejado del propósito de incomodar al poder que motivó el auge del documental moderno con títulos como ‘Fahrenheit 9/11’, ‘Bowling for Columbine’ o ‘Super Size Me’. Así que cuando la historia trasciende al deporte y en lugar de explicar qué ocurrió explica por qué importa, está más cerca de despertar la curiosidad del espectador.
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