El trágico incidente ocurrido el pasado lunes, 15 de junio, en un establecimiento hotelero de Lajares, en el municipio de La Oliva (Fuerteventura), ha tenido el peor desenlace posible. La bebé de un año de edad, que permanecía ingresada en estado crítico en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) Pediátrica del Hospital Universitario Materno Infantil de Gran Canaria, ha fallecido.
A pesar de los exhaustivos esfuerzos del equipo médico por salvar su vida durante la última semana, los daños neurológicos sufridos tras el episodio de sumersión resultaron irreversibles, haciendo humanamente imposible su recuperación.
Un trágico suceso
El accidente tuvo lugar antes de las 09:00 horas del lunes, cuando la pequeña, de nacionalidad británica, fue hallada flotando en la piscina del hotel. A la llegada de los efectivos del Servicio de Urgencias Canario (SUC), la bebé se encontraba en parada cardiorrespiratoria. Gracias a la rápida intervención del personal sanitario, se logró revertir la parada en el lugar de los hechos.
Dada la extrema gravedad de su estado, se activó un dispositivo de emergencia para su evacuación inmediata en helicóptero medicalizado, trasladándola hasta el centro hospitalario de referencia en Gran Canaria, donde ha permanecido bajo cuidados intensivos hasta su reciente fallecimiento.
Un llamamiento urgente a la prevención
Ante esta irreparable pérdida, Sebastián Quintana, presidente de la plataforma Canarias 1500 km de costa y divulgador experto en prevención de ahogamientos, ha querido enviar sus condolencias a la familia y poner el foco en la necesidad de extremar la seguridad en el entorno acuático.
«Con profundo dolor, enviamos nuestro pesar a sus padres y a toda la familia», ha declarado Quintana. El experto ha insistido en la importancia de no bajar la guardia en ningún momento: «Aprovecho para recordar a madres y padres la necesidad de vigilar permanentemente a los pequeños y meterse en el agua con ellos».
Este suceso vuelve a poner de manifiesto la vulnerabilidad de los menores en el agua y la importancia vital de la vigilancia activa y cercana, especialmente en niños que aún no han desarrollado habilidades de nado o autonomía.













