Un año antes de marcar en un solo partidos dos de los goles más incónicos de la historia del fútbol -la mano de Dios y un slalom inolvidable-, Diego Armando Maradona firmó una curiosa precuela de la mano de Dios. Ocurrió en un partido de la Liga italiana, Udinese-Nápoles. La jugada recuerda enormemente la acción que se vería en el Mundial de México’86 ante Peter Shilton.
Fue el 12 de mayo de 1985 en el estadio Friuli: el partido Udinese-Nápoles, que acabaría 2-2, enfrentaba a dos de los mejores jugadores del mundo en ese momento. De un lado, Maradona; del otro, Zico.
Maradona arrancó como solía, mandando: gol de falta casi de salida para silenciar el estadio. Pero el Udinese, espoleado por su gente y por la calidad del brasileño, reaccionó, se metió en el partido y acabó poniéndose por delante. El guion parecía perfecto para los locales… hasta que volvió a aparecer Maradona.
En los minutos finales, con el Napoli apretando a la desesperada, llegó la jugada que alimenta la leyenda: un balón suelto tras un disparo al larguero y, en el área, Diego salta junto al portero rival. Es casi un calco de lo ocurrido con Peter Shilton en 1986. Ambos saltan a por el rechace, sin más jugadores de por medio, y Maradona gana la partida.
‘Jamás me voy a olvidar’, el libro en el que Maradona recuerda el Mundial de 1986 / Debate
El argentino corre a celebrar el gol: el portero también corre, pero hacia el asistente, para protestar. No sirve de nada. El gol es válido, para desesperación del Udinese.
Para desesperación, también, de todo el estadio. Y por supuesto, de la gran estrella del equipo del norte de Italia, el brasileño Zico.
Se fue directo a Maradona. Le pidió que lo reconociera delante del árbitro, que admitiera que el gol no había sido limpio. Que había marcado con la mano.
«Si no dices que fue con la mano, eres deshonesto», le reprochó Zico.

Maradona y Zico, en un partido de la Liga italiana / –
Ironía ‘postpartido’
Diego Armando Maradona, puro barrio, no se anduvo por las ramas. La diplomacia, ciertamente, no era lo suyo, aunque en esta ocasión sí que tiró de ironía. En vez de esconderse o discutir, le ofreció la mano a Zico. Como si fuera una presentación formal, soltó la frase que ha quedado para la historia: «Mucho gusto, Zico. Me llamo Diego Armando ‘Deshonesto’ Maradona».
Una manera especialmente brillante de admitir que efectivamente, había marcado con la mano. Y que estaba encantado de haberlo hecho.
El asombro y el cabreo de Zico chocó con la normalidad de Maradona. Para el Pelusa, no era la primera vez. De hecho, lo confiesa en un libro de reciente publicación, ‘Jamás me voy a olvidar: México 86, la historia de mi mayor victoria’ (Debate).
«Yo hice muchos goles con la mano, muchos. En los Cebollitas, en Argentinos, en Boca, en el Napoli». Curiosamente, no menciona al Barça.
«Siempre me acuerdo de un árbitro que me anuló un gol que hice con la mano contra Vélez, muchos años después de los Cebollitas, con la camiseta de Argentinos. Él me aconsejó que no lo hiciera más, yo le agradecí, pero también le dije que no le podía prometer nada. Con Boca también le hice también un gol con la mano a Rosario Central, tac, cortita, y no se dio cuenta nadie».
Shilton, la gran víctima
Luego llegaría la mano de Dios, uno de los goles con más relato de la historia. Así lo explica el propio Diego:
«Cuando se la di a Valdano, le rebotó y se le fue un poquito alta, con Hodge al lado. Entonces Hodge se anticipó. Y Hodge comete el error, que para mí no es un error porque en ese momento le podías dar la pelota atrás al arquero, de levantarla para Shilton en vez de revolearla… si la hubiera revoleado, la pelota no me llegaba nunca a mí».

Zico y Maradona, en un Flamengo – Boca / –
Ahí, en un segundo y por pura intuición, nace el gesto que el propio Diego Armando bautizaría poco después como la mano de Dios.
«La pelota me cayó como un globito. ¡Qué regalito, papá! Esta es la mía, me dije. Me la juego, si me lo cobra, me lo cobra. Salté como una rana, y eso fue lo que no se esperaba Shilton. Él pensaba que yo lo iba a ir a chocar. Pero salté como una rana. Él también saltó, sí, pero yo salté antes, porque venía mirando la pelota, y él cerró los ojos».
Una celebración icónica
Maradona festejó ese gol como si lo hubiera marcado con la cabeza. «Le di con el puño, pero salió como si hubiera sido un zurdazo», confesaría después. «Ni el juez, ni el línea, ni Shilton, que se quedó perdido, podían haberlo visto. El único que se avivó fue Fenwick».
«No me arrepiento en absoluto. Porque yo crecí con eso: en Fiorito hacía goles con la mano constantemente. Y lo mismo hice delante de 100.000 personas que no me vieron. Todo el mundo gritó el gol: y si lo gritaron, es porque no tenían dudas».
Años después, Maradona le ganaría un juicio a un diario inglés que publicó ‘Maradona, el arrepentido’. «Fue un gol legítimo, porque lo convalidó el árbitro. Y yo no soy quien para dudar de la honestidad del árbitro», insistía el ‘Pelusa’.












