El pasado mes de abril, poco antes de pronunciar el pregón de la lectura de Sant Jordi y cerrar filas con bibliotecas y bibliotecarios, la escritora Ali Smith dejó caer que uno de sus libros favoritos del año era, estaba siendo, ‘Every One Still Here’, la primera colección de cuentos de Liadan Ní Chuinn, enigmática voz sin rostro del trauma y las heridas generacionales que arrastra el conflicto norirlandés. «Estos relatos sobre Irlanda y su historia reciente revelan la verdad de la vida con tal fuerza que transforman y revitalizan el potencial mismo del género. Dos de ellos ya se encuentran entre mis relatos favoritos de todos los tiempos», celebra ahora la propia Smith en un ‘blurb’ promocional de ‘Todos siguen aquí’, edición en castellano del libro que Feltrinelli acaba de poner en circulación (la catalana, titulada ‘Encara hi són tots’, llega vía La Segona Perifèria).
Basta con teclear el nombre de Liadan Ní Chuinn en cualquier buscador de internet para constatar que algo pasa: elogios prácticamente unánimes en la prensa inglesa e irlandesa y, sin embargo, ni una sola foto. Tampoco más pistas biográficas que un lugar y un año. Irlanda del Norte, 1998. El año de los Acuerdos de Viernes Santo y del fin, al menos sobre el papel, de esos Troubles que marcaron a fuego a varias generaciones. Las calles de Belfast y Derry como campos de batalla, el ejército británico militarizando el Ulster y más de 4.000 muertos, entre ellos los civiles desarmados asesinados por soldados ingleses en enero de 1972, el infausto Bloody Sunday.
El periodista Patrick Radden Keefe, autor de la monumental investigación sobre el IRA que dio lugar a ‘No digas nada’, defiende que durante años se ha intentado desentrañar el conflicto de un modo más bien simplista, pero Liadan Ní Chuinn, añade una nueva derivada fijándose en las secuelas que décadas de violencia han dejado en la llamada generación del alto el fuego. «A mis padres los asaltaron antes de que yo naciera. Justo dos noches antes. Me parece importante. No sé por qué. Salían de la ciudad por una carretera cada vez más estrecha, una en mal estado, cuando un coágulo de gente, con máscaras y barras de hierro, los obligó a pararse», escribe en el arranque de ‘Vamos todos’, el primer relato de ‘Todos siguen aquí’.
Una mujer pasa ante un mural del Ejército Republicano Irlandés (IRA) en Belfast este / EFE
Acto seguido, en cascada, 160 páginas de exploración del duelo, cicatrices heredadas, disecciones de la violencia y autopsias a corazón abierto a un conflicto desgarrador. En ‘Daisy Hill’, escalofriante cuento que cierra la antología, nueve páginas documentan más de medio centenar de asesinatos y ejecuciones de norirlandeses, muchos de ellos menores de edad, a manos de soldados ingleses. Civiles desarmados apaleados, tiroteados por la espalda y arrollados por los Land Rovers del ejército. «Joan se desangra en el campo. Tres soldados británicos admiten haberle disparado. Esta es la verdad: nunca se acusó a nadie», leemos. ¿Para qué estropearlo poniéndole cara, nombre y apellidos?
Atrapados por su pasado
Desde su editorial irlandesa, The Stinging Fly, una somera aclaración. «Desde el principio, expresó su deseo de publicar su obra bajo un seudónimo y de proteger su privacidad durante todo el proceso de publicación. No hay fotografías disponibles de la autora y Liadan no participará en entrevistas presenciales ni eventos públicos». Como Elena Ferrante, también Liadan prefiere que sea su obra la que hable por ella, aunque, también como con la italiana, se pueden encontrar entrevistas realizadas por correo electrónico en las que ahonda en la naturaleza de su escritura.
¿Un ejemplo? Veamos. «Lo que sucedió en el pasado todavía se está desarrollando ahora. Pero puede haber una idea errónea de que crecimos sin nada de eso, cuando la verdad es que ahora se ve en la televisión: los soldados británicos que asesinaron niños en el norte de Irlanda no serán juzgados, los soldados británicos cumplieron con sus difíciles deberes de una manera «digna y apropiada»… Mi experiencia de infancia no se pareció en nada a la de mis padres o familiares, pero no es poca cosa crecer escuchando al gobierno que todavía tiene jurisdicción sobre tu territorio hablar de esta manera sobre las personas que asesinó. Pero esta es la violencia del Estado británico. Y, sin duda, influye en mi forma de escribir y de vivir”, explicaba en la revista digital ‘Tolka’.
Entretanto, ‘Todos siguen aquí’ podría llevarse en los próximos días el prestigioso Premio Orwell de ficción política, galardón que ganaron en el pasado Donal Ryan, Hisham Matar y, eso sí que es cerrar el círculo, Ali Smith.
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