Lunes, comparecencia de Begoña Gómez en los juzgados de la que podría salir con fecha para el juicio oral; martes, comparecencia en la comisión de Interior del Senado de la directora de la Guardia Civil, la socialista Mercedes González, quien deberá aclarar su relación con la ‘fontanera’ del PSOE, Leire Díez, tras varias negaciones y vaivenes explicativos sobre los encuentros entre ambas; miércoles, día que como siempre arrancará en lo político con la sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados, vendrá sin duda marcado por la primera comparecencia de José Luis Rodríguez Zapatero ante el juez José Luis Calama y al final de la semana, el viernes, comparecencia en la comisión de Justicia del Senado de la fiscal general del Estado, Teresa Peramato, para dar explicaciones sobre los encuentros que Leire Díez tuvo en su día con el número dos del Ministerio Público, Diego Villafañe, mano derecha del ex fiscal general del Estado inhabilitado por revelación de secretos, Álvaro García Ortiz.
Se trata de lo que fuentes de la dirección del Partido Popular describen como todo un «carrusel deportivo de la corrupción», aludiendo al célebre programa de la Cadena SER. «Les toca afrontarlo a ellos, es el armagedón del socialismo» insisten las mismas fuentes en un tono casi sarcástico sobre la ‘semana horribilis’ de su principal rival político, que coincidirá además con la presencia de Pedro Sánchez en Bruselas, en la reunión ordinaria del Consejo de la Unión Europea (UE).
La estrategia de los de Alberto Núñez Feijóo, por lo tanto, y casi paradójicamente, volverá a plasmar un cierto perfil bajo, dado que, al menos en esta ocasión, no parece una mala noticia para los populares que el peso del foco recaiga en el PSOE y en el Gobierno. Y a todo lo anteriormente descrito se le podría sumar la sentencia por parte del Tribunal Supremo (TS) del caso mascarillas, que según varias informaciones podría conocerse próximamente, y que no sería ninguna sorpresa que conllevase la primera condena a un dirigente socialista de envergadura, en este caso el ex ministro de Transportes, José Luis Ábalos. Sin descartar, tampoco, que el juez Calama tome medidas cautelares contra Zapatero, algo absolutamente inédito en la historia de la democracia.
«Decencia y elecciones»
Frente a todo ello, Génova quiere seguir manteniendo un discurso de firmeza y de denuncia, pero sin agitar manifestaciones como las que se convocaron el año pasado, tras el estallido del caso Cerdán, y sin pedir más que una convocatoria anticipada de elecciones. En la píldora de argumentario que ya ha empezado a hacer fortuna entre Feijóo y los suyos: «Decencia y elecciones». Y además, poniendo mucho cuidado (un aspecto que mima especialmente la sala de máquinas de los populares) en que lejos de sonar cenizo, el discurso de denuncia de la corrupción ofrezca un horizonte de salida a los españoles.
En esa clave cabe entender, por ejemplo, el discurso que pronunció Feijóo el pasado jueves en la VII edición del Foro Taleñto España celebrada en el espacio Matadero de Madrid, donde reivindicó como máxima el que «la honestidad vuelva a la vida pública», y añadió: «Yo no vengo aquí a hacer el inventario de las tramas, de los sumarios, de los detalles, de los personajes sórdidos… vengo a intentar ofrecer una salida a nuestro país, vengo a hacer un alegato contra la resignación, y a decirles que la situación es grave, pero no irreversible, y que el cambio que necesita España pasa por una reivindicación del talento».
Además de todo lo descrito, en el PP no descartan ni nuevas piezas sobre la corrupción del PSOE ni que la investigación abierta por el juez de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz, termine con una imputación del propio Partido Socialista dentro de la presunta trama criminal en la que tenía un papel protagonista Leire Díez pero que estaría dirigida por Santos Cerdán, a la sazón secretario de Organización del partido. Y según escalen cada vez más los problemas jurídicos para el entorno político y familiar de Sánchez, el debate sobre si es pertinente o no presentar una moción de censura volverá a estar sobre la mesa. Una posibilidad que Feijóo no descarta, pero hacia la que tampoco realiza maniobra alguna, bajo el consabido mantra que ha expresado en más de una ocasión: «No me faltan ganas, me faltan votos».
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