La reciente elección de las Reinas y Damas de las Fiestas de Elche el pasado 6 de junio, a la que asistí, volvió a convertirse en una de esas noches que trascienden el protocolo para adentrarse en el corazón de la ciudad. Un acto cargado de emoción, ilusión y nervios compartidos que reunió a familias, comisiones, representantes festeros y a cientos de ilicitanos que quisieron acompañar a las jóvenes protagonistas de una velada inolvidable, y en un marco ilicitano incomparable, la Rotonda del Parque Municipal.
Pero, más allá de los nombres anunciados y de la alegría de quienes tuvieron el honor de ser elegidas para representar las fiestas ilicitanas durante el próximo año, la gala dejó un mensaje que resonó con fuerza entre todos los asistentes. Un mensaje pronunciado por el alcalde, Pablo Ruz, que fue mucho más allá de las palabras y que conectó con la esencia de una ciudad que siempre ha sabido crecer desde la convivencia y el respeto mutuo.
Durante su intervención, el primer edil invitó a reflexionar sobre una realidad que forma parte de la identidad de Elche. En un tiempo en el que a menudo se buscan diferencias o se marcan fronteras, Pablo Ruz recordó que la grandeza de esta tierra reside precisamente en aquello que la une.
«No es el campo o la ciudad», vino a señalar. «No son las mujeres o los hombres». Porque Elche no entiende de divisiones cuando se trata de construir futuro. Elche es el campo y la ciudad. Son las mujeres y los hombres. Son los barrios y las pedanías. Son las tradiciones heredadas y las nuevas generaciones que las mantienen vivas.
Un mensaje sencillo en apariencia, pero profundamente necesario.
La historia de Elche se ha escrito siempre desde la suma. Desde la convivencia entre quienes han trabajado la tierra durante generaciones y quienes han impulsado el desarrollo industrial, comercial y cultural de la ciudad. Desde la unión de personas con distintas sensibilidades, procedencias y formas de entender la vida, pero con un mismo sentimiento de pertenencia a una tierra única.
Y precisamente esa unión quedó reflejada en el escenario durante la elección de las Reinas y Damas de Elche.
Cada una de las candidatas representaba una parte de Elche. Detrás de cada sonrisa había una comisión, una familia, unos amigos y un barrio o pedanía que vivían con intensidad cada instante de la gala. Sin embargo, cuando llegó el momento decisivo, la emoción fue colectiva. Porque las elegidas pasan a representar a toda la ciudad. Enhorabuena a todas ellas, y también a las que no resultaron elegidas, igualmente merecedoras de la distinción; y mi felicitación por la organización y la puesta a punto del escenario, incluida la espectacular actuación del Club Positive Dance Studio.
Ese es uno de los grandes valores de las fiestas ilicitanas. Son capaces de transformar lo individual en colectivo, de convertir los sueños de unas pocas jóvenes en el orgullo de miles de personas. Las Reinas y Damas dejan de ser únicamente las representantes de sus Comisiones para convertirse en embajadoras de un sentimiento compartido.
Por ello, las palabras de Pablo Ruz encontraron un escenario perfecto para cobrar sentido.
La elección no fue únicamente un acto festero. Fue también una representación simbólica de lo que es Elche. Una ciudad diversa, plural y abierta que avanza cuando camina unida.
Las fiestas son uno de los mejores ejemplos de ello. Durante esos días desaparecen las diferencias cotidianas para dejar paso a un sentimiento común. Las calles se llenan de convivencia, las familias comparten espacios y tradiciones, y miles de personas participan en los actos con un objetivo compartido: celebrar lo que les une.
En una sociedad donde a menudo se pone el foco en lo que separa, resulta especialmente valioso escuchar mensajes que recuerdan la importancia de la unidad.
Elche ha demostrado a lo largo de su historia que sus mayores logros han llegado cuando ha sabido trabajar desde el entendimiento. Cuando el campo y la ciudad han remado en la misma dirección. Cuando mujeres y hombres han contribuido juntos al desarrollo de la sociedad ilicitana. Cuando barrios y pedanías han compartido un proyecto común.
Ese espíritu fue el que sobrevoló toda la gala.
Las lágrimas de emoción de las elegidas, los abrazos entre candidatas, los aplausos del público y la satisfacción de quienes habían llegado hasta allí tras meses de preparación dibujaron una imagen que va mucho más allá de una simple elección.
Fue la fotografía de una ciudad orgullosa de sus raíces y confiada en su futuro.
Las nuevas Reinas y Damas de Elche 2026 tendrán ahora la responsabilidad y el privilegio de representar ese sentimiento durante todo un año. Serán la imagen de unas fiestas centenarias, pero también de unos valores que identifican a la sociedad ilicitana: la cercanía, el esfuerzo, el respeto y la capacidad de convivir desde la diversidad.
Porque representar a Elche significa entender que cada rincón de la ciudad forma parte de una misma realidad. Que las pedanías son tan Elche como el centro histórico. Que el Palmeral, la agricultura, la industria, el comercio y la cultura conforman una identidad compartida. Que nadie sobra cuando se trata de construir una ciudad mejor.
Quizá por eso el mensaje de Pablo Ruz, alcalde de Elche, fue recibido con tanto cariño por los asistentes. Porque hablaba de algo que todos reconocen como propio.
Elche no es una suma de partes enfrentadas. Es una comunidad que encuentra su fuerza en la unión. Es la capacidad de entender que las diferencias enriquecen cuando existe un proyecto común. Es la certeza de que el futuro se construye mejor cuando nadie queda al margen.
La elección de las Reinas y Damas de las Fiestas 2026 deja así una doble celebración. Por un lado, la alegría de conocer a las jóvenes que representarán a los ilicitanos durante el próximo año. Por otro, la reafirmación de un mensaje que merece ser recordado más allá de una noche de gala.
Elche es campo y ciudad.
Elche es mujeres y hombres.
Elche son barrios y pedanías.
Elche es tradición y modernidad.
En definitiva, Elche es una sola realidad, un único sentimiento y una gran familia que encuentra en sus fiestas uno de sus mayores motivos de orgullo.
Y si algo quedó claro durante esta emocionante velada es que, cuando Elche se une, no hay mejor representación posible de lo que significa pertenecer a esta tierra. Elche es uno. Hasta pronto.
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