El mercado del lujo en China se contrae y muda hacia opciones patrias

Muchos pequineses aún recuerdan la fastuosa inauguración de las Galerías Lafayette trece años atrás en Xidan, una zona comercial al oeste del lago Houhai. Al centro, sello del lujo occidental, se le presumía el éxito en el país que más lujo consumía. Durante mucho tiempo convocó a la clientela capitalina más elitista pero hace tiempo que en sus tiendas solo veías dependientes ociosos. La semana pasada recuperó el brío con el estertor de los moribundos. La clientela agarraba los saldos mientras los trabajadores desvestían a los maniquíes. El imponente edificio, de seis plantas y casi 50.000 metros cuadrados, echaba el cierre. “No estéis tristes, no es un adiós para siempre. ¡Pekín, hasta que nos encontremos de nuevo!”, pedía la compañía en sus redes sociales. Siguen abiertos sus centros de Shanghái y Shenzhen pero su derrota en la capital del país huele a cambio de ciclo.

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