Hasta ahora, varias especies de animales han superado la prueba del reconocimiento en el espejo, es decir, la capacidad para entender que el individuo que tienen frente a sí son ellos mismos y no otro diferente. Esta prueba, según los científicos, es un claro indicio de autoconciencia. Los primeros animales en los que se descubrió esta capacidad fueron los chimpancés, seguidos de los delfines, elefantes y algunas especies de aves, como las urracas, e incluso un pequeño pez tropical: el lábrido limpiador.
Sin embargo, la lista va creciendo. Una nueva investigación ha añadido las belugas(Delphinapterus leucas) a la lista. Se trata de un cetáceo que vive en la región ártica y subártica que se encuentra también en acuarios de todo el planeta. En uno de ellos, cuatro ejemplares alojados en el New York Aquarium (EEUU) sirvieron para experimentar sobre su comportamiento ante un espejo. La investigación, publicada en Plos One, fue dirigida por Alexander Mildener y por la reconocida experta en conciencia animal Diana Ress.
El experimento consistió en colocar un gran espejo bajo las aguas del acuario y grabar la reacción de dos de estos animales durante varios días. En un primer momento, las dos belugas, llamadas Natasha y Maris, reaccionaron como estuvieran frente a otra beluga. Empezaron a realizar los típicos movimientos sociales y gestos relacionados con la intimidación o interacción, como abrir la mandíbula o levantar la cabeza.
Dos belugas jugando con un balón en un acuario / Agencias
Sin embargo, posteriormente abandonaron estos movimientos y empezaron ejecutar gestos repetitivos y extraños, como mover la cabeza de un lado a otro o hacer desplazamientos muy específicos al objeto de ver si el reflejo hacía lo mismo. Son acciones conocidas por los científicos como ‘pruebas de contingencia’.
Entienden que son ellas mismas
Tal y como hacen los humanos y otras especies, las belugas pasaron de creer que el reflejo eran otro individuo diferente a entender que en realidad son ellas mismas. La comprobación de que hay una correspondencia de movimientos entre lo que hace el sujeto y el que aparece frente a él es clave para llegar a esta conclusión.
Una vez hecho este descubrimiento, los dos cetáceos pasaron a comportarse de forma totalmente diferente, y ya no reaccionaban como si estuvieran frente a otro animal. Las dos hembras empezaron a usar el espejo para mirarse. Las grabaciones muestran a Natasha y Maris realizando giros sobre sí mismas, observando el interior de su boca e inclinando el cuerpo para verse desde diferentes ángulos, entre otros movimientos que son muy poco frecuentes en ausencia de un espejo.
Se movían para observar distintas partes de su cuerpo e incluso lanzaban burbujas de aire para luego capturarlas con su boca frente al espejo, lo que se considera una conducta lúdica para repitieron durante las sesiones de ensayo realizadas.
La ‘prueba de la marca’
Sin embargo, la prueba definitiva de que estaban reconociéndose como individuos frente al espejo llegó con la llamada ‘prueba de la marca’. Se trata de colocar una señal visible en una parte del cuerpo del animal que no pueda ver sin la ayuda de un espejo. Si hace uso del reflejo para inspeccionar dicha marca, entonces se considera que hay un pleno reconocimiento de sí mismo.
Y esto es lo que sucedió sin género de dudas, al menos con la beluga Natasha. La marca fue colocada detrás de su ojo derecho, de modo que no era posible verla directamente por sus propios medios. Cuando, tras su alimentación rutinaria, acudió al espejo, el animal empezó a nadar con la marca orientada hacia él de forma reiterada, incluso llegando a presionarla sobre el cristal.
El experimento demuestra la capacidad de cada vez más especies de autorreconocerse en un espejo, con las implicaciones sobre la autoconciencia que ello implica.













