«¿Cómo podemos asegurarnos de que en una sociedad muy desarrollada e industrializada protegemos y restauramos la naturaleza?». Es una de las preguntas, y tiene respuesta, que sirven como punto de partida a la hora de trazar la estrategia medioambiental de la Unión Europea. Una de las posibles soluciones pasa por movilizar fondos económicos públicos y privados en defensa del medio natural, un tema recurrente cada año en la Cumbre del Clima. «Custodiar los ecosistemas no solo requiere legislación, sino inversión«, exponen fuentes comunitarias consultadas por EL PERIÓDICO.
Sin embargo, a día de hoy, pese a conocer el camino que se debe seguir, existe un déficit de inversión verde grave en Europa. Según los datos que maneja la Comisión, se tendrían que invertir 65.000 millones de euros en defensa de la biodiversidad anualmente. Pero solo se llega a los 28.000, menos de la mitad.
Uno de los humedales en los que se ha invertido en los últimos años. / UE
Es cierto que esta no es la única brecha en materia ambiental. En economía circular, se estima que convendría gastar unos 200.000 millones, pero apenas se superan los 120.000. En gestión hídrica, en cambio, aun habiendo muchas asignaturas pendientes por resolver, los Estados miembros se acercan un poco más al objetivo, a pesar de que tampoco lo alcanzan (se invierten 55.000 millones cuando se tendrían que rebasar los 77.000).
Aviso económico
La alerta y la urgencia no vienen dadas solamente por la necesidad ambiental, sino también por las peticiones económicas. En Bruselas, se ha acentuado el discurso que insiste en que frenar la degradación de la naturaleza es clave para evitar pérdida de bienestar. El Banco Central Europeo (BCE) ya ha advertido de ello y se ha propuesto redoblar los fondos destinados a la conservación de la naturaleza, que a medio y largo plazo puede suavizar las consecuencias de fenómenos extremos.
En Bruselas crece la conciencia de que frenar la degradación de la naturaleza es clave para evitar pérdida de bienestar
«Parece que necesitamos tener mariposas porque son bonitas, pero no solo se trata de esto: el asunto consiste en poner sobre la mesa la seguridad alimentaria», resumen fuentes de la Comisión de Medio Ambiente. El tema está en la agenda y el Consejo de Europa lo abordará en las próximas semanas.
El asunto de la inversión verde está en la agenda y el Consejo de Europa lo abordará en las próximas semanas
El debate llega en un momento en el que Europa apuesta por reindustrializarse. Pero este proceso es inviable, defienden estas mismas voces, si se renuncia a proteger el medio natural. «Si lo único que se busca es producir barato, se puede construir una fábrica donde no haya derechos, donde se contamine y donde no se proteja a nadie», ironizan. «Esto sería competitivo a corto plazo, pero Europa ha decidido tener aire limpio, derechos y salud para nuestros hijos», zanjan.

la comisaria de medio ambiente, Jessika Roswall, durante la Green Week celebrada en Bruselas. / JULIE DE BELLAING
La competitividad, defienden en Bruselas, no puede medirse solo a corto plazo. Por tanto, la baza europea pasa por un modelo industrial capaz de competir sin rebajar las exigencias ambientales y sociales. De hecho, la comisaria de Medio Ambiente, Jessika Roswall, preguntada por si priorizar la industrialización y la defensa pueden suponer una amenaza para el ‘Green Deal’ (pacto verde) europeo, responde tajantemente que no: «No creo que exista este riesgo porque nuestra seguridad también depende de la conservación de los ecosistemas».
Fondos privados
La Comisión Europea trabaja ahora en cómo movilizar más dinero. En esta estrategia, nadie duda que además de los fondos públicos, será imprescindible la inversión privada, sin sustituir la responsabilidad de los Estados y evitando el ‘green washing’ (lavado de imagen ambiental con el que algunas empresas intentan aparentar un compromiso ecológico a través de proyectos verdes).
«El ‘green deal’ no está en riesgo porque nuestra seguridad también depende de la conservación de los ecosistemas»
Bruselas ha estudiado los potenciales mercados y sostiene que cada país debe encontrar su fórmula para financiar la protección de los espacios protegidos.
Con este escenario, una de las herramientas que en los últimos años ha ganado peso son los llamados créditos climáticos. La idea no es que una compañía pague simplemente por compensar un impacto, sino que invierta para garantizar los «servicios ecosistémicos» que presta la naturaleza: desde la protección frente a inundaciones hasta la captura de carbono en bosques y humedales.
De todas formas, la Comisión advierte de que esta vía no puede convertirse en la única respuesta. «Los créditos son una herramienta, pero no podemos apostarlo todo a los créditos», señalan fuentes consultadas.
En algunos países ya se están estudiando fórmulas para financiar actuaciones de restauración en colaboración público-privada, como proyectos de recuperación de humedales en Normandía, con la participación de propietarios y actores locales: «El objetivo es que la conservación de la naturaleza no sea vista como una carga añadida, sino como una actividad con valor económico y social».
Créditos catalanes
En Catalunya, para potenciar esta fórmula, el Departament de Territori, Habitatge i Transició Ecològica ha tratado de impulsar la creación de créditos climáticos. De hecho, desde la conselleria detllan que Catalunya avanza hacia un modelo de gestión ambiental basado en la creación de capital natural. En algunos casos, se ha apostado por proyectos liderados por la Generalitat, pero también por iniciativas privadas como los planes de gestión forestal y mejora de hábitat en el valle del río Muga (Alt Empordà), promovidos por la fundación Pioneers of Our Time, cuyo proyecto se ha presentado esta semana en Bruselas.
La idea del Govern se centra en acercar biodiversidad y empresa. Con este objetivo, la consellera Sílvia Paneque participará en el nuevo Foro de Empresa y Biodiversidad que se celebra en el Col·legi de Economistes y que pretende generar oportunidades para que las compañías integren la biodiversidad en su hoja de ruta prodcutiva.
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