Presencia, vigilancia y disuasión. Esas son las labores que desde este martes efectúa la Armada Española en aguas de Málaga. Este lunes iniciaron una operación de vigilancia de infraestructuras submarinas en el contexto de la actividad de disuasión que dirige el Mando Operativo Marítimo con sede en Cartagena, en la provincia de Murcia. La misión se extenderá hasta el 9 de junio y dará cobertura a las infraestructuras submarinas en el mar de Alborán.
La Armada tiene presencia permanente en la provincia con la Comandancia Naval de Málaga y su patrullero de vigilancia de zona, llamado Tagomago. Esta embarcación, cuando sale a la mar, hace su labor de vigilancia para confirmar que no hay amenazas, riesgos, ni actividades ilegales. «El Tagomago podría ver o acercarse a un barco para ver si está haciendo algo debajo del mar e informar», asegura Jesús Remiro, capitán de corbeta y comandante del barco Turia. La actividad del Tagomago se limita a la superficie marina. No trabaja en la detección de elementos sospechosos que pudieran encontrarse en el lecho marino. Por esa razón, Málaga contará estos días con un equipo de refuerzo en su labor.
Cómo trabaja la Armada en el fondo marino
Duero, Tajo, Segura, Sella, Tambre y Turia no solo son ríos. También son los nombres que reciben los buques cazaminas que usa la comandancia marina de la Armada para trabajar el lecho del mar. Su labor se centra en la detección de amenazas en el fondo marino para su posterior clasificación e identificación, que servirán para reconocer al sujeto y determinar si es sospechoso, para finalmente detonarlo, o si por el contrario no supone un problema para la ciudadanía, dejarlo en su sitio. En este segundo caso no intervendrían, pero sí harían un escáner de la infraestructura para guardar la información, que potencialmente podría ser valiosa en futuras vigilancias.
Para llevar a cabo las operaciones de caza y de contraminado, los cazaminas disponen de un Sónar de Profundidad Variable (VDS) y de equipos operativos de buceo. El sónar es algo parecido a un radar marino que trabaja mediante la propagación del sonido bajo el agua para navegar, comunicarse o localizar objetos sumergidos en el fondo. Es un objeto pesado que sale de la embarcación con la ayuda de una grúa incorporada en el cazaminas y que, a través de la cámara que lleva incorporada, permite a la comandancia determinar qué tipo de elemento tienen debajo. Una vez detectado un posible contacto mediante sónar, la identificación puede realizarse con vehículos submarinos como los llamados ‘Pluto Plus’ o el ‘Minesniper’, equipados con cámaras y sensores.
La operación busca reforzar la vigilancia de infraestructuras críticas submarinas, entre ellas cables de comunicaciones y otras instalaciones estratégicas situadas en el mar de Alborán.
Sorpresas de la Segunda Guerra Mundial
Todavía se sigue encontrando minas de la Segunda Guerra Mundial en el fondo de los océanos y mares. Javier Molina, comandante de la Primera Escuadrilla Cazaminas, puntualiza que de las más 35.000 minas que se lanzaron en este periodo de conflicto, actualmente solo han explotado o intervenido entre 3.000 y 5.000 y que prácticamente todos los años aparece una mina en el litoral mediterráneo o en el litoral de la zona del Báltico. «Hace muy poco tuvimos desplegados al cazaminas Tambre y no solo encontramos minas, también incluso torpedos que se habían lanzado en la Segunda Guerra Mundial y que siguen teniendo carga explosiva», explica Molina.
El cazaminas Turia, uno de los barcos de la Armada Española que operan hasta el 9 de junio en aguas de Málaga / Gloria Pérez
La comandancia asegura que en la mayoría de conflictos «lo primero que se hace, porque es un arma muy barata, es desplegar minas». Se trata de armas de 1.000 o 2.000 euros que, contra un buque de guerra que vale miles de millones, es «muy efectiva».
Dos nuevas unidades dedicadas a la intervención subacuática
En breve, la Armada tendrá dos nuevas unidades dedicadas a la intervención subacuática. El comandante del centro de buceo de la Armada y director de la Escuela Militar de Buceo, el capitán de navío José María Liarte asegura que, en la actualidad, las intervenciones marinas que puede realizar la Armada tienen una capacidad de alcance de 300 metros de profundidad con vehículos autónomos y ligeros, y de 114 metros con intervención humana. «Trabajamos en un binomio hombre-máquina», explica Liarte.
Para reforzar la labor de los buzos y de los sónar de mano que usan para analizar el lecho marino, Poseidón y Proserpina, dos nuevos buques de intervención, serán incorporados al equipo subacuático. Poseidón es un buque de 5.500 toneladas, más de 93 metros de eslora y con capacidad de intervención al menos hasta los 4.000 metros de profundidad, según explica Liarte. Además, llevará un vehículo autónomo de dos toneladas de desplazamiento con capacidad de intervención hasta 6.000 metros.
La «hormiga atómica», que así es como llaman al otro buque que servirá para realizar intervenciones subacuáticas de mayor profundidad, se trata de una embarcación bastante más pequeña, con solo 33 metros de eslora y 1.200 toneladas. «La Proserpina nos va a permitir el despliegue de equipos operativos de buceo con los medios portátiles o transportables y también dotar a las escuelas militares de buceo con las herramientas necesarias para la formación y adiestramiento de los buceadores, de la Armada en particular, pero de las Fuerzas Armadas en general», relata el capitán. Este buque llegará a finales del 2026, aunque el Poseidón tendrá que esperar algo más y esperan que esté entregado a la Armada Española en julio de 2027. Con estos dos buques, con los medios de intervención van a poder alcanzar una profundidad entre los 4.000 y los 6.000 metros.
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