El octavo aniversario de la moción de censura de Pedro Sánchez contra Mariano Rajoy -uno de los grandes hitos de la historia de la democracia española, pues en medio siglo nunca antes ni después se ha producido un cambio de gobierno mediante ese instrumento- no es esta semana una efeméride redonda. Sin embargo, las circunstancias en las que ha llegado, con los nuevos escándalos que salpican al Ejecutivo y al PSOE, la han traído fácilmente a la memoria.
Si Sánchez dio el paso después de la sentencia de la Audiencia Nacional sobre la trama Gürtel, que condenaba al Partido Popular (PP) como beneficiario, la pregunta de si Alberto Núñez Feijóo debería hacer lo mismo está en todos los mentideros, aun cuando todavía no se ha dictado la primera sentencia sobre los casos de la corrupción socialista, algo que podría producirse en las próximas semanas sobre el caso mascarillas, el primero por el que se sentaron en el banquillo el ex ministro de Transportes, José Luis Ábalos, y su estrecho colaborador, el ínclito Koldo García. Opiniones hay para todos los gustos, aunque en una extraña transversalidad a Feijóo le animan a presentarla desde Vox a las formaciones de izquierdas, estas últimas de alguna manera retándole a que evidencie que no tiene los apoyos suficientes, pues solo podrían venir de los diputados de Junts per Catalunya y/o de los del Partido Nacionalista Vasco (PNV).
El líder de la oposición no ha rehuido nunca esa cuestión central, la de los eventuales apoyos a una iniciativa de ese tipo. «No me faltan ganas, me faltan votos», ha señalado hasta la saciedad en distintos momentos de la actual legislatura, la primera completa que vive en el puesto de mando en Génova. Aunque la sala de máquinas de los populares ha tenido que hacer y rehacer una y otra vez el catálogo de argumentarios para despejar esta cuestión que invariablemente se pone sobre la mesa cuando estallan escándalos que afectan a Moncloa, singularmente el caso Koldo en 2024, el caso Cerdán el año pasado por estas fechas y ahora la imputación del ex presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el auto del juez Santiago Pedraz que sienta las bases para investigar la supuesta trama de cloacas en el PSOE a través de la célebre ‘fontanera’ de Ferraz, Leire Díez.
La pelota, en el tejado de Junts y el PNV
La idea principal que esos hacedores de posicionamientos, siempre comandados por la dirección nacional que lidera Feijóo, es dejar claro que no existe un rechazo o temor a presentar la moción, como parece sugerir en muchas ocasiones Santiago Abascal cuando insta a presentarla. Vox, a diferencia de la legislatura pasada, cuando llegó a presentar ahasta dos mociones de censura, una liderada por su propio líder y otra por el ex diputado comunista Ramón Tamames, no posee ahora el número suficiente de diputados para poder presentarla.
Y la segunda idea es situar la pelota en el tejado de Junts y el PNV y relajar así la presión interna. Por eso Feijóo lanzó el lunes en Telecinco, donde abrió la semana con una entrevista en profundidad, el compromiso de que, llegado el caso, él solo ofrecería «decencia y elecciones». Es decir, que a no mucho tardar se convocarían elecciones anticipadas. El portavoz nacional, Borja Sémper, evitó dar alguna pista más. Fuentes de la dirección nacional consideran que lo dicho por el presidente del partido no es nuevo, y que solo apela a una idea central, la de que son los nacionalistas catalanes y vascos los que más se juegan en este envite. «Hay que preguntarles a ellos», insisten casi por invariable respuesta.
La oferta de Feijóo a Junts y el PNV, si es que se la puede denominar así, se produjo la víspera de la visita a Barcelona este martes del presidente del PP, que volverá a recalar en el Cercle d’Economia, donde no cabe duda de que la posibilidad de una moción volverá a ser objeto de preguntas y comentarios. El líder popular cuida mucho esos contactos con la sociedad civil catalana desde hace años, donde según uno de sus colaboradores cada vez escuchan más un mensaje por parte de sectores del nacionalismo conservador: «No os vamos a votar, pero estamos deseando que lleguéis». Una sentencia que bien podría resumir la imposibilidad de llevar a cabo la tan traída y llevada moción de censura.
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