Comer o beber al volante es una práctica habitual para muchos conductores, especialmente durante viajes largos o desplazamientos al trabajo. Un café, una botella de agua o un snack rápido parecen gestos inofensivos, pero pueden convertirse en motivo de multa si afectan a la atención o al control del vehículo.
La Dirección General de Tráfico no prohíbe expresamente comer o beber mientras se conduce, aunque sí recuerda que el conductor debe mantener en todo momento la libertad de movimientos, el campo de visión y la atención permanente a la carretera.
Eso significa que cualquier acción que reduzca la capacidad de reacción puede ser sancionada por un agente de Tráfico.
Cuándo puede llegar la multa
La sanción no depende tanto de la comida o bebida en sí, sino de cómo afecta a la conducción. Por ejemplo, conducir con una sola mano, apartar la vista de la carretera para abrir un envoltorio o reaccionar bruscamente tras derramar una bebida caliente son situaciones que pueden considerarse peligrosas.
Comer o beber al volante es una práctica habitual para muchos conductores / Freepik
En estos casos, la multa puede alcanzar los 100 euros y, normalmente, no implica pérdida de puntos del carnet, salvo que la conducta derive en una infracción más grave.
Los agentes valoran especialmente si la acción reduce la capacidad de reacción del conductor, incrementa las distracciones visuales o cognitivas o limita el control del volante.
La recomendación de la DGT
La DGT insiste en que las distracciones siguen siendo una de las principales causas de accidente en carretera. Por ello, recomienda aprovechar las pausas en áreas de descanso para comer o beber tranquilamente.
En el caso de viajes largos, también aconseja hidratarse sin apartar la vista de la carretera y evitar cualquier maniobra que obligue a retirar las manos del volante más tiempo del necesario.
Aunque comer un bocadillo o tomar un café parezca algo cotidiano, al volante cualquier segundo de distracción puede marcar la diferencia.













