Se comprende mal que, si el PSOE confía como debe de confiar, –porque, si no, Sánchez no lo mantendría ¿no?– en el CIS de Tezanos y ante la presión de sus socios después de los escándalos acumulados, no convoque esas elecciones que tan ampliamente ganaría y que le permitirán pasar página, esas sí, como una salvífica moción de confianza afirmativa que el pueblo todo ofrendaría a su líder siempre inocente, pero asediado por el fango y la confabulación antidemocráticaq ue la prensa, los jueces, Vox y los seguidores de Aznar con «su quien pueda hacer que haga», perpetran a diario.
Hasta el juez Pedraz, antaño valoradísimo como baluarte progresista e independiente por haber sido calificado en el PP como pijo ácrata, debe de haberse enganchado por ignotas razones, que ningún progresista de pro asocia con el respeto a la justicia y la acumulación de indicios sospechosos, a la recomendación aznarina, que qué es eso de investigar lo que todos sospechaban de que Leyre, Cerdán y compañía desde el PSOE mismo intentaron desacreditar ilegalmente a quien se atreviera a investigar al amado líder.
No se comprende, por tanto, que Sánchez no acabe con esta tortura, puesto que le aguarda la victoria segura para terminar su labor de progreso hasta el 27 y más allá. Mientras tanto, su prensa, que sigue teniéndola, aunque más matizado, continúa con un relato que difumina las sospechas y mantiene bajo apariencia de ecuanimidad la equidistancia, sosteniendo la presunción de inocencia de Zapatero, que está muy bien,peroesparciendo la especie de que puede que él sea lo que no parecía pero los otros expresidentes… ¡ah! los otros expresidentes eran, si no iguales, incluso peores. González, Aznar, Rajoy, cuando no ricachos, sospechosos de todo lo malo
También Suárez, aquel hombre dignísimo, al que un desahogado articulista acusa ahora de haberse muerto antes de poderse demostrar que era un acosador sexual. Eso en el más importante periódico de la izquierda. Y todo por diluir la aún presunta responsabilidad de Zapatero. El colmo de la desvergüenza.
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