«Invasión, invasión». Riazor advirtió, saltó, botó y, con el pitido final, cumplió. «Vamos a saltar», cantaban desde la grada una y otra vez. Primero desde Marathon inferior; después, todo el estadio. Había una fiesta preparada, pero la gente quería la suya propia. Como antaño. Fue imparable. Con todo el estadio sobre el campo. «El Dépor es de Primera». Al unísono saltaban los aficionados sobre el césped del estadio.
El palco tuvo que esperar, también las ovaciones y los jugadores. Era el momento de los hinchas, que saltaban y cantaban. Festejaban. Pogos, vítores y, otra vez, cánticos que se reprodujeron una y otra vez. Cuatro Caminos podía esperar. Era la fiesta del pueblo.
Sobre el césped en Riazor
«Ximo quédate, Ximo quédate…», entre la masa de aficionados, el tinte rosa del cabello teñido emergía con dificultad. La seguridad protegió la entrada al vestuario, pero algunos jugadores lo vivieron con la gente. Cariño para quienes se quedaron en los momentos más difíciles. En especial, para el de Guadahortuna, que acaba contrato. Junto a él, Barcia y Quagliata se hacían espacio como podían.
Banderines, cachos de red, seguidores subidos al larguero e incluso doblando la portería… La fiesta se alargó sobre el césped, donde llegaron a emerger incluso algunas bengalas.
«Una vez celebrada la invasión de campo, si volvéis a vuestros asientos, continuaremos con la fiesta con los jugadores», anunciaron desde la megafonía. Era una «petición» de los propios futbolistas. Y, aunque poco a poco los hinchas regresaron a sus asientos, los accesos estaban taponados de seguidores. «Por favor, ayudadnos a continuar la fiesta y lo pasaremos todos juntos mejor», expresó el capitán Diego Villares.
La afición regresó a la grada
Después de muchos avisos, y una larga espera, los aficionados blanquiazules regresaron a sus asientos. Hizo falta un repaso al césped, que había quedado lleno de vasos y desperfectos. Con las porterías ya sin redes e incluso el círculo central arrancado.
«Barça, Madrid, el Dépor ya está aquí», empezó a cantar la afición, con todo ya colocado, una hora después de que acabase el partido. Los jugadores saltaron al campo de nuevo, ovacionados, con una camiseta especial por el ascenso. Faltaba uno. Yeremay, comiendo empanada, se había quedado atrás. Le siguió el cuerpo técnico, encabezado por Antonio Hidalgo. El club, además, homenajeó a los ocho jugadores que cumplieron el camino de Primera RFEF a Primera División: Puerto, Parreño, Dani Barcia, José Ángel, Mella, Villares, Yeremay y Ximo Navarro. «Siento felicidad, esto es una locura», expresó el de Espasande. Le tocó hablar al capitán, justo después de un sonoro «Ximo quédate» que interrumpió al de Guadahortuna, coreado también por sus compañeros. «Darles las gracias por todos estos años que llevamos. Creo que lo merecen más que nadie», expresó el de Samarugo.
El Deportivo sorprendió a todos con una actuación sobre el escenario, en directo, de ItaloBrothers. Acompañado de fuegos artificiales, sonó uno de los clásicos de Riazor: Stamp on the Ground. Matthias Metten, el vocalista, puso en pie a la grada con varias de sus canciones más conocidas, poniendo el colofón al momento de los jugadores sobre el escenario.
«Nos vamos a Primera». Los jugadores saltaban y celebraban con la afición. Tocó el tradicional paseo alrededor de todo el campo. El acto había durado poco, y quedaba un momento más para volver a unirse con la gente. «Capitán, capitán». Diego Villares encabezó la comitiva, junto a José Ángel, Ximo Navarro y Escudero. Los capitanes saltaron y celebraron entre los aficionados blanquiazules, que volvieron a cantar una vez más «Ximo quédate».
«Hoxe é día de pesca», continuaron los hinchas tras pedir a Mella que se acercase. El zurdo no dudó al agarrar el micrófono. Le siguió el estadio: «Infierno de qué…». Se sabía unas cuantas el zurdo, que añadió otro clásico: «Y si vuelves a Europa, tal vez…». Botó de nuevo el estadio. También subió Hidalgo, quien dio «las gracias» a la afición por no fallar nunca. Y, por último, Bil Nsongo, el nuevo ídolo de la grada. «Nsongo balón de oro, balón de oro», ovacionó el público antes de que los futbolistas diesen la vuelta definitiva al campo, entre ovaciones y cánticos, para encaminarse a Cuatro Caminos.










