«Su tiempo se acabó», proclamó Pedro Sánchez el 1 de junio de 2018 dirigiéndose a Mariano Rajoy bajo el argumento de que la corrupción era una «amenaza para la estabilidad» de España. Ocho años después, el presidente del Gobierno anda en la cuerda floja asediado por las causas judiciales que han sembrado la sospecha en el PSOE y en su entorno familiar, una sombra que ha alcanzado incluso a la figura de José Luis Rodríguez Zapatero. Pero lejos de arriar velas, él no da por agotado su reloj político y está dispuesto a surcar la marejada contra viento y marea. Lo ha dejado claro abrigado por las juventudes socialistas, ante las que se ha comprometido no solo a no dar «por perdida ninguna batalla», sino a continuar gobernando hasta 2027 pese a las «maniobras» de una oposición que ha tachado de «marrullera». Más información
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