En un momento político marcado por la velocidad de los escándalos, las redes sociales y los juicios paralelos, la voz de Jordi Évole ha emergido este fin de semana como una de las más singulares y reflexivas sobre la imputación del expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero en el caso Plus Ultra.
Mientras gran parte del debate público se mueve entre la condena anticipada y la defensa cerrada, Évole ha optado por una mirada más humana que jurídica. Lo ha hecho desde las páginas de La Vanguardia, donde ha confesado que habría preferido que su abuelo no hubiera llegado a conocer «la caída del mito de Zapatero«.
La imagen no es casual. El periodista ha recurrido a la película Good Bye, Lenin! para explicar la sensación de asistir al derrumbe de una figura política que durante años representó para muchos una determinada idea de progreso. En su relato, ha comparado a su abuelo con la madre de la película alemana, protegida de una realidad demasiado dolorosa para quien había creído firmemente en un sistema y en unos valores.
Más allá de la inocencia o culpabilidad del expresidente – algo que, como ha recordado Évole, deberá determinar la justicia -, lo que parece preocuparle es el juicio público que ya se está celebrando. «Ahora mismo el partido lo va perdiendo por goleada«, ha resumido el periodista, convencido de que la batalla mediática está prácticamente decidida antes incluso de que Zapatero pueda defenderse ante el juez.
Personalmente, resulta difícil no detenerse en esa reflexión. Vivimos una época en la que las imputaciones se convierten en sentencias sociales instantáneas y donde la reputación de una figura pública puede quedar destruida mucho antes de que exista una resolución judicial. «Va todo tan rápido, tan seguido y tan sincronizado que los acontecimientos se acumulan, se solapan, se lían, y al final tienes la sensación de que el caos y el escándalo son tan tremendos que, sin haberse juzgado todavía a nadie, el Gobierno de Sánchez tiene que saltar por los aires antes de que llegue el papa», ha añadido.
Además de analizar la situación judicial y mediática de Zapatero, Jordi Évole ha aprovechado su columna para introducir una reflexión cargada de ironía sobre el clima político actual. El periodista ha señalado que la rapidez con la que se suceden los acontecimientos hace que un escándalo tape al anterior y que la sensación de crisis permanente termine dominando el debate público.
En ese contexto, ha lanzado una curiosa referencia al próximo Mundial de fútbol. «Imagínate que lo ganamos«, ha relfexionado, para recordar que, de producirse esa hipotética victoria, los dos presidentes del Gobierno que habrían recibido a la selección española campeona del mundo serían José Luis Rodríguez Zapatero, tras el histórico triunfo de 2010, y Pedro Sánchez en 2026.
Évole ha dado un paso más allá y ha dejado una de las frases más comentadas del artículo al referirse al jugador del Real Madrid Dani Carvajal. Con evidente tono sarcástico, ha apuntadp que para suerte de Sánchez el futbolista no ha sido convocado esta vez, después de que en una anterior visita de la selección a La Moncloa pareciera no sentirse especialmente cómodo. «Es raro que no haya salido nadie a decir que si no hay jugadores del Madrid en la convocatoria de De la Fuente es también por culpa de Sánchez», ha ironizado.
Show televisivo
Évole no ha dudado en entrar de lleno en el debate sobre el «ingrediente kitsch para deleite del sensacionalismo mediático: unas joyas«. «Lo de la conexión en directo con joyeros para calibrar el precio de unas piezas que solo se podían ver a través de unas fotos de escasa calidad fue un delirio«, ha añadido.
El comunicador ha definido lo ocurrido en los últimos días como «puro show narrado por todo tipo de profesionales, que empezaron en televisión haciendo otras cosas, pero ahora son referencia informativa con unas audiencias espectaculares».
«Algunos se dieron a conocer como periodistas de sucesos, otros como jurado de concursos de nuevos talentos o como expertos en ovnis y en fenómenos paranormales. No diré nada yo, que empecé como El Follonero«, ha expuesto.
Antes de concluir este análisis sobre la cobertura mediática del caso, Évole ha reconocido que «a esos programas el tema Zapatero les ha dado alas«, una reflexión con la que cuestiona el tratamiento informativo que ha recibido la imputación del expresidente y el protagonismo que ha adquirido en determinados espacios televisivos.
Lo llamativo de las palabras de Évole no es que defiendan a Zapatero ni que lo condenen. Es precisamente lo contrario. En una conversación pública cada vez más polarizada, el periodista reivindica algo que parece escasear: la prudencia. La idea de que una persona puede estar políticamente derrotada ante la opinión pública y, sin embargo, seguir teniendo derecho a que su caso sea juzgado en los tribunales y no en los platós.
Quizá por eso sus declaraciones han llamado tanto la atención. Porque en medio del ruido, los titulares y las trincheras ideológicas, Évole ha preferido hablar de la fragilidad de los mitos, del peso de las percepciones y de cómo la política contemporánea convierte a sus protagonistas en héroes o villanos a una velocidad vertiginosa.










