En el popular barrio madrileño de Carabanchel, estos días se habla mucho de Jesús. Lo hará el papa León XIV, que el próximo sábado oficiará el primer acto de su viaje a España en un local para personas sin hogar regentado por Cáritas. Pero este fin de semana, a pocas manzanas de este centro asistencial, el nombre de Cristo está siendo invocado con gran devoción por los asistentes al Festival de la Esperanza, un macro encuentro evangélico que espera reunir a más de 15.000 personas en el Palacio Vistalegre para orar y recibir las bendiciones del reverendo Franklin Graham, líder de la organización religiosa norteamericana Billy Graham Evangelistic Association que fundó su padre. También habrá actuaciones musicales, bailes, y se podrá “compartir el amor de Jesucristo”, según reza el programa.
En realidad, en este barrio de marcada presencia de población extranjera, sobre todo latinoamericana, a Dios se le reza y se le canta en grupo con cotidianeidad. Solo hay que darse una vuelta por sus calles para tropezar con los sones que escapan de cualquiera de los más de 20 centros evangélicos que hay en la zona, algunos en imponentes construcciones erigidas para la ocasión, como la Iglesia Evangélica Salem, y otros ubicados con discreción en naves industriales y bajos de edificios, como la Iglesia Manantial de Vida a las Naciones, la Iglesia Cristiana Sedientos de Jesucristo o el Centro de Ayuda Cristiano.
La inmigración de origen latino se ha convertido en la fuerza motora del fenómeno
Fenómeno en expansión
Pero Carabanchel, el barrio con mayor concentración de templos evangélicos de Madrid, no es una excepción. En Barcelona, el distrito de Nou Barris alberga 36 locales para rezar a Dios según los principios de este credo, en Sant Andreu hay 29, y en Sants-Montjuïc se localizan otros 28, la mayoría de reciente apertura. Constituyen una de las expresiones más palpables del fenómeno religioso más llamativo de nuestro tiempo: el ‘boom’ que está experimentando en España la fe evangélica, que hoy cuenta con 4.770 centros de oración en nuestro país, cinco veces más que hace 20 años.
Una quinta parte se ubica en Cataluña, la comunidad autónoma con más locales evangélicos (1.010 en total), seguida por Madrid (855) y Andalucía (744). Actualmente, la evangélica es la segunda religión, tras la católica, con más templos de España, muy por encima de la siguiente, la musulmana, que dispone de 1.985 mezquitas en nuestro país.
En España existen 4.770 centros de oración evangélicos, cinco veces más que hace solo 20 años
El año pasado, la Generalitat autorizó la apertura de 27 centros religiosos, de los cuales 24 eran evangélicos. Parejo al aumento de oratorios ha sido el de fieles. En 1998, apenas el 0,2% de los españoles se declaraban seguidores de este credo, pero 20 años después, en 2018, esa cifra se multiplicaba por 10 y alcanzaba al 2% de la población.
Sin embargo, el mayor incremento se ha producido en los últimos cinco años, tras la pandemia, propulsado por la llegada de personas migrantes –sobre todo de Latinoamérica, donde mitad de los habitantes de muchos países ha abrazado este credo–, pero también por motivos ajenos al fenómeno migratorio. “Después del covid ha crecido el ansia de espiritualidad entre la población. Muchos de los que sienten perdidos, encuentran consuelo y sentido a sus vidas en el amor de Dios que ofrecemos en nuestras congregaciones”, explica Guillem Correa, secretario general del Consell Evangèlic de Catalunya.
El Festival de la Esperanza prevé reunir este fin de semana a más de 15.000 personas en el Palacio Vistalegre
Un millón y medio de evangélicos
Este organismo calcula que 250.000 catalanes siguen hoy la fe evangélica y que al menos la mitad acude cada domingo a un centro de oración. A escala estatal, la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE) estima que un millón y medio de españoles profesan esta fe, pero no existen cifras oficiales debido, en gran medida, a uno de los rasgos que distingue a esta religión: aquí no hay papas, ni jerarquías, solo grupos de creyentes que acuden con regularidad a escuchar a un pastor. Esto dificulta el cálculo y el control del rebaño evangélico, pero facilita su propagación, porque nadie pone impedimentos a la creación de nuevas congregaciones.
«En la cárcel, Cristo me hizo libre», dijo Dani Alves desde un escenario más propio de un concierto de rock que de un rito religioso
Buena parte del impulso experimentado por la fe evangélica en España lo han protagonizado las comunidades neopentecostales que se han instalado recientemente en nuestro país importando el modelo que ha triunfado en Estados Unidos y Latinoamérica. Acostumbran a valerse de grandes citas multitudinarias para propagar la fe, como la que tiene lugar este fin de semana en Madrid, o el evento ‘The Change’, que reunió a 40.000 fieles el pasado 2 de mayo en el Estadio Metropolitano de esta ciudad, con presencia del exfutbolista Dani Alves, que confesó su conversión tras pasar por prisión condenado por violación. “En la cárcel, Cristo me hizo libre”, proclamó desde un escenario más propio de un concierto de rock que de un rito religioso.
«Los evangelistas somos muy alegres y nos encanta cantar en nuestras oraciones, pero eso es una cosa, y otra montar ‘shows’ para Youtube, como ocurre en muchos festivales»
La irrupción de estos grupos está generando controversia en el seno de la comunidad evangélica tradicional, presente en España desde 1868. Si bien la FEDERE ve “positivamente” este tipo de celebraciones, “siempre que se hagan respetando la legalidad y la buena convivencia”, en el Consell Evangèlic de Cataluña expresan dudas ante estos eventos.
“A menudo, detrás no hay grupos religiosos sino empresas interesadas en hacer negocio, por eso ponen tanto énfasis en el dinero y las donaciones”, advierte Guillem Correa, quien reconoce “los esfuerzos” llevados a cabo por el Consell para evitar estos macro encuentros en Cataluña y critica la “espectacularidad” que les distingue. “Los evangelistas somos muy alegres y nos encanta cantar en nuestras oraciones. Pero eso es una cosa, y otra montar ‘shows’ para Youtube, como ocurre en estos festivales”, aclara.
Asistentes al evento evangélico ‘The Change’ el pasado 2 de mayo de 2026 en Madrid / The Change
Sermones encima de un cajón
Fuera de las comunidades evangélicas, la puesta en escena neopentecostal también causa desconcierto. En las últimas semanas, en las redes sociales han circulado numerosos vídeos de creyentes dando sermones en el metro o en plena calle ante la incomodidad de viajeros y viandantes. “Nos choca porque no forma parte de nuestra cultura. En el mundo anglosajón no es extraño ver a alguien dando un sermón subido a un cajón, pero nosotros asociamos la religión a la liturgia y a algo íntimo, no a tanta emotividad expuesta a ojos de todos”, analiza el historiador Mario Escobar, especialista en fenómenos religiosos, que advierte: “No es un fenómeno español, esto está pasando en muchas grandes ciudades europeas. La espiritualidad cargada de demostraciones públicas de emotividad ha llegado para quedarse”.
«La espiritualidad cargada de demostraciones públicas de emotividad ha llegado para quedarse»
Sin citar a ningún credo, la Conferencia Episcopal Española publicó recientemente la nota doctrinal ‘El corazón habla al corazón’, en la que alertaba contra los peligros del “emotivismo religioso”. “Las iglesias evangélicas proclaman el emotivismo y la teología del progreso, según la cual si crees mucho tendrás éxito, normalmente económico. Esto les permite captar muchas almas pobres y a gente sencilla”, denuncia el arzobispo de Tarragona, Joan Planellas.
Ajenos a estos debates doctrinales, este pasado martes se respiraba un ambiente de entusiasmo en los alrededores de los templos evangélicos de Carabanchel. Los autobuses públicos de Madrid llevan varias semanas anunciando por toda la ciudad la gran cita de este sábado, y Ernesto, Jaime y Arnulfo, colombianos residentes en España desde hace dos años, confirmaban sus planes para este fin de semana en la puerta de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días: “Por supuesto que iremos al Festival de la Esperanza. Es una ocasión preciosa para compartir con muchos amigos y familiares el mensaje que nos mueve: que Jesús nos ama”.
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