Hay futboleros que van a su estadio a ver a su equipo. Y después están locuras como las del deportivismo. Esta temporada volvió a quedar claro que la relación entre el Deportivo y su gente hace tiempo que dejó de entender de categorías, distancias y horarios imposibles. Cada viaje fuera de Riazor se convirtió en una pequeña expedición blanquiazul. Carreteras llenas desde la madrugada, hoteles reservados semanas antes y grupos de amigos pendientes de un sorteo para conseguir una entrada como visitante. El Dépor jugó lejos de casa durante todo el curso, sí, pero nunca estuvo solo.
La imagen se repitió prácticamente cada quince días. Una grada visitante teñida de blanquiazul y decenas de aficionados repartidos por el resto del estadio después de buscar entradas por su cuenta. Porque muchas veces el cupo enviado al Deportivo apenas alcanzó para una parte mínima de la demanda. Aun así, siempre hubo deportivistas dispuestos a viajar. Algunos con entrada. Otros únicamente para acompañar al equipo y vivir el ambiente alrededor del partido.
Uno de los primeros desplazamientos marcados en rojo fue Leganés. Las entradas para Butarque se agotaron rápidamente y dejaron fuera a muchos aficionados. Pero Madrid volvió a llenarse igual de camisetas del Dépor durante aquel fin de semana.
La afición del Deportivo en el Reino de León, ante la Cultural Leonesa. / Fernando Fernández
Después llegó Gijón y ahí el fenómeno alcanzó otra dimensión. Cerca de 3.000 seguidores inundaron las calles asturianas y las gradas de El Molinón. Una movilización masiva que superó con creces el cupo enviado por el Sporting y que volvió a repetirse semanas más tarde en Santander. Las 850 entradas oficiales para El Sardinero supieron a muy poco ante la marea deportivista que desembarcó en Cantabria. León también dejó una de las imágenes de la temporada. Unos 1.800 aficionados silenciaron el estadio local a base de cánticos que recordaban a las grandes noches de Primera. Incluso en escenarios mucho más pequeños, como Ipurua, los blanquiazules volvieron a hacerse notar. Los 300 privilegiados que consiguieron entrada animaron como si fueran miles.
Pero el calendario también dejó espacio para la nostalgia y la frustración. Zaragoza fue el único punto del mapa donde la marea blanquiazul no pudo desplegarse. La falta de acuerdo entre los clubes y las obras en La Romareda dejaron a los peñistas sin entradas para el Ibercaja Estadio y rompió una racha de presencia ininterrumpida que dolió especialmente entre los viajeros habituales. Pero no fue excusa para ver camisetas del Dépor entre los asientos.

Aficionados desplazados a Valladolid celebran el ascenso en el Nuevo Zorrilla / Carlos Pardellas
Cádiz terminó convertido en otro de los viajes inolvidables del curso. Era uno de los desplazamientos más largos y, precisamente por eso, acabó siendo uno de los más especiales. El deportivismo tomó las calles de la ciudad andaluza. Las terrazas, el paseo marítimo y los alrededores del Nuevo Mirandilla se llenaron de acento coruñés. Muchos aprovecharon el viaje para convertir el fútbol en una escapada colectiva. Porque seguir al Dépor fuera de casa también consiste en eso: compartir kilómetros y recuerdos.
Incluso Juan Carlos Escotet, presidente actual del club, quiso acompañar al equipo en alguno de esos viajes al final de temporada, convirtiéndose en un aficionado más, como ocurrió en Huesca, Burgos, Cádiz o Valladolid. Y cuando parecía imposible superar otra movilización, apareció Pucela. Otro desplazamiento masivo que volvió a demostrar que, juegue donde juegue el Deportivo, siempre habrá una grada blanquiazul detrás. Más de 15.000 solicitudes para presenciar el tan ansiado ascenso. Porque esta temporada deja una imagen imborrable en la memoria de los coruñeses, la de los jugadores abrazados frente a su afición, mientras toda la grada salta al ritmo del «dale, dale, dale, dale, dale, dale, Dépor…». Una escena repetida durante meses, y no solo en Riazor, también en cada grada visitante, en cada esquina de cada campo de España. Porque en todos los estadios en donde apareció una bandera blanquiazul quedó escrita la misma verdad: mientras esta gente siga viajando, el Deportivo nunca estará en territorio enemigo.
Así, con todos juntos, el Deportivo volvió a demostrar que también juega en otra liga cuando le toca desplazarse. Jamás lo hace solo. Y después de mucho tiempo, «el Dépor ya está aquí» para evidenciar que no hay campo de España en donde no aparezca un deportivista.













