Joyas en la Feria

Si preguntas a alguien por la feria, seguramente pensará que hablas de la feria por antonomasia: la de Sevilla. Pero también podría creer que te refieres, si es taurino, a la de san Isidro, donde cada año jóvenes y viejos matadores abren a menudo la puerta grande.

Pero en Madrid, ya a finales de mayo, lo más probable es que a nadie se le escapa un evento cultural importante: la celebración de la Feria del Libro, donde también, como en los toros, jóvenes y viejos escritores acuden para encontrarse con admiradores y abrir, si pueden, la puerta grande.

La Feria del Libro es un enjambre de nuevos cultos, de aficionados a codearse con algunas estrellas, de burgueses que escogen, mirando de reojo al vecino, un libro para exhibirlo en el trabajo. Hay colas cuyo fin es difícil alcanzar con la vista, aunque la experiencia ya demuestra que seguramente desembocan en una caseta algo extraña, con un desconocido metido a escritor.

Yo he visto a autores sentados a firmar con la mirada triste, pertrechados con la pluma, pero sin público. Parecen santos en una hornacina, pidiendo la limosna de la admiración, la ofrenda del entusiasmo. O, al menos, que un potencial lector dé la humilde oportunidad a su libro.

“La Feria del libro huele; en el Retiro, en medio de un verdor casi amarillento, con un bochorno que se regodea en una larga avenida sin sombra, hormiguean miles y miles de individuos intentando pescar erudición”

Madrid a finales de mayo huele a Feria, pero también a impostura. En el Retiro, en medio de un verdor casi amarillento, con un bochorno que se regodea en una larga avenida sin sombra, hormiguean miles y miles de individuos intentando pescar erudición.

Confieso que no siempre acudo a la Feria y que casi siempre, cuando lo hago, compro más por costumbre. La semana en que se celebra es como el asueto o la interrupción destinada a la cultura que se toma la ciudadanía, la obligación autoimpuesta, como la desganada visita a los suegros en domingo o el plan para quien no tienen otro plan.

El que no la frecuenta, piensa que allí, en el parque más grande y famoso de Madrid, por el que ha paseado la inspiración junto a poetas y escritores, va a encontrar un fondo editorial tan vasto como desconocido. Lo normal, sin embargo, es que si va buscando algo en concreto no lo encuentre y que los expositores muestren lo que el editor quiere con toda porfía vender.           

No lo entiendan mal: puestos a elegir, mejor pasear entre volúmenes y pasillos colapsados que quedarse en casa leyendo un libro comprado con comodidad, gracias a una elección libre y no mediática.

Con todo, también es posible encontrar algunas perlas. Aquí van algunas sugerencias, sobre las que he pensado de repente, sin pensar mucho, movido solo por el placer reciente que me han deparado.

“Juan Tallón consigue con maestría introducir al lector en el vertiginoso día de una pareja y en su frenético trabajo, lleno de llamadas, encargos y marrones”

Veneno para escritores, publicado hace un año por la editorial Siruela, viene como anillo al dedo. Se trata de una novela de misterio, con una ironía bastante bien construida, divertida, fácil de leer y un poderoso mensaje de fondo. Su autor, Nicola Lecca, trata de desentrañar la muerte de cuatro escritorzuelos tras la ingestión de un risotto de setas.

La principal culpable es otra escritora, inteligente, sarcástica, a quien entrevistan en la BBC. ¿Lo mejor del libro? La crítica que la acusada realiza a las veleidades precisamente de la industria editorial. “Antes se vendían los libros que se imprimían; hoy se imprimen los que se van a vender”. Una maravilla.

A cuentas de la polémica con México y el descubrimiento, llevaba tiempo intentando hacerme con El corazón de piedra verde, una novela de Salvador de Madariaga que recrea los mundos que se encontraron gracias a Colón. A pesar de su extensión -Alianza no ha dejado de editar la obra en dos volúmenes-, la verdad es que no defrauda.

Madariaga no idealiza la empresa, pero tampoco la demoniza, con lo cual se saca bastante en claro. Cada uno podrá pensar lo que desee sobre AMLO y Sheinbaum, pero un intelectual preparado como Madariaga pinta los conflictos sociales y culturales no solo entre las cosmovisiones mesoamericanas y españolas, sino también las que tensionaban internamente a cada una de ellas.

En otro orden de cosas, y ante la visita de León XIV, podría el visitante adquirir su encíclica o el repaso biográfico de Elise Ann Allen, que incluye una entrevista bastante sugerente con el propio pontífice. Hay quien cree que, siendo agustino, su elección podría contribuir a poner de actualidad a san Agustín. Buen momento, pues, la feria para adquirir la nueva traducción de sus cartas filosóficas en Trotta.

Hace unas semanas volví a releer una maravillosa novela, tierna, de las que encienden el deseo de vivir. Se trata de Recuerdos de un jardinero inglés, publicada por Periférica hace ya algún tiempo. Tiene lo que uno busca siempre en un buen libro: prosa perfecta, una historia emotiva, momentos desternillantes y la capacidad de estimular el reencantamiento del mundo. Es una auténtica joya.

Me gustó también bastante una novelita corta, la última de Juan Tallón, Mil cosas, que publicó hace unos meses con bastante éxito Anagrama. El final es tan imprevisible como trepidante el ritmo. El escritor español consigue con maestría introducir al lector en el vertiginoso día de una pareja y en su frenético trabajo, lleno de llamadas, encargos y “marrones”.

En un momento de crisis, en el que los jóvenes se quejan de que viven peor que los mayores y parece que estamos empobreciéndonos a marchas forzadas, Daniel Waldenström, profesor de economía sueco, explica la consolidación de una abundante clase media como consecuencia de la difusión del liberalismo. Es una buena ocasión este mes de junio para introducirse en las páginas de Más ricos y más iguales y, por tanto, hacerse una idea fidedigna de la situación económica que realmente atravesamos.

Para el final dejo un ensayo algo voluminoso en el que he tenido la suerte de participar y que publica el Instituto Berg. Me refiero a Los internacionalistas, que explica el diseño reciente del marco del derecho internacional, frente a la deriva decisionista y violenta de la geopolítica. Pero este ensayo de Oona A. Hathaway y Scott J. Saphiro será el tema de otro artículo. Buena feria.

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