Pedro Sánchez llegó este martes a Roma con los ecos de varios escándalos domésticos resonando en Madrid —el último, el caso Zapatero— y salió de la sede de la FAO con once ovaciones. La aritmética de los aplausos no resuelve nada en política interior, pero dice algo sobre la popularidad de la que goza el español en los foros internacionales. «Se le conoce como un hombre de Estado, un pilar de estabilidad; en China se le ve así», llegó a decir el jefe de esta agencia de la ONU, Qu Dongyu.
Los elogios no vinieron solo del lado chino. Cindy McCain, estadounidense y directora ejecutiva del Programa Mundial de Alimentos, tomó la palabra para felicitar a España por haber aumentado sus contribuciones al PMA y por su agenda de desarrollo sostenible. «Liderazgo humanitario de España, más necesario que nunca», celebró. «Los hambrientos del mundo tienen un auténtico aliado en España«, sentenció. Por su parte, Qu Dongyu también recordó que conoció a Sánchez en la COP27 y que ya entonces le había dicho que sería muy bienvenido en la FAO. «España ha sido un pilar fundamental para este organismo», añadió.
El momento de mayor temperatura se produjo cuando Sánchez, después de reafirmar su compromiso contra la lucha contra el hambre, abordó el conflicto entre Israel y Palestina. «Gaza, donde algunos pretenden ganar una guerra sometiendo a ese pueblo a la inanición«, dijo, y la sala respondió con un aplauso largo. No había terminado. «Son los mismos que la semana pasada vejaron a los integrantes de una flotilla humanitaria que solo pretendía llevar ayuda», continuó, sin citar a Israel aunque todos lo habían entendido. Más aplausos. El contexto era la Rome Nutrition Week, un foro sobre seguridad alimentaria global, pero la referencia era inequívoca y la sala lo entendió. Ni sombra de Zapatero.
Los asuntos de casa
Así, visiblemente sonriente, Sánchez citó dos veces al papa León XIV —con quien se reunirá mañana miércoles— y una a José Saramago. También defendió el multilateralismo con énfasis y pidió que el mundo siga invirtiendo en la ONU, en un momento en que varios países van en dirección contraria. Por ello, clamó contra los «delirios geopolíticos ajenos» que amenazan la seguridad alimentaria, en referencia a las disrupciones que está provocando el cierre del estrecho de Ormuz. Y apuntó algo más personal: recordó la memoria del hambre que también sufrió España, un argumento que en estos foros funciona como credencial moral tanto como histórica.
«¿Mantiene su apoyo al presidente Zapatero?», le había preguntado un periodista a su llegada. «Mañana», respondió el presidente. Y fue prácticamente el único momento en el que el clima español se sintió. Eso sí, Sánchez también se ocupó de algunos asuntos de casa. Pese a que se había dicho que no lo haría, respaldó la reelección de Álvaro Lario al frente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (IFAD) y la candidatura de Luis Planas a la dirección general de la FAO, cuya elección se celebrará en 2027. Ambas candidaturas, afirmó, representan la «mayoría». Es la misma pugna que ha generado fricciones con Italia, que apoya a Maurizio Martina y ha acusado a España de buscar una «hegemonía alimentaria» en los organismos de la ONU.
Suscríbete para seguir leyendo











