La Feria del Queso y el Vino de Avilés en sus cuarenta y cuatro años que tiene de historia revive como si nada cada año. Los queseros se reúnen este fin de semana en la pista de La Exposición. Dicen que no están acostumbrados al solazo que está cayendo estos días porque en otras ediciones lo que había era fresco, cazadora y paraguas. “Pedimos un poco de buen tiempo y salió esto”, bromea Santiago Medina mirando al cielo despejado. Medina, de normal, vende sus vinos en el Merlot, en Cabruñana. “Cuando cerramos, la gente no se quería marchar”, confiesa el hostelero. Por el calor, porque corría el fresco que había quedado muerto a lo largo de la primera jornada de la Feria del Queso y del Vino de Avilés: cuarenta y cuatro ediciones y casi cuarenta grados de temperatura.
De un tiempo a esta parte andan los queseros por Las Meanas, antes estuvieron en la plaza de Álvarez Acebal, en La Magdalena. Los organizadores han dispuesto dos líneas de casetas de madera reservadas para las fábricas invitadas: de Asturias, de Aragón, de Extremadura… Los vinos, mientras tanto, quedan para la carpa central. La música -por si emergen los aguafiestas- se ha quedado en “un fino hilo de apenas nada”, señala Damián Alonso con una copa en la mano, apoyado en una de las barras de los bares. El peluquero Agustín Hernández, que será candidato a presidir a los comerciantes de la Ucayc, donde está parado es delante del puesto de Medina. Gerardo Llana, que le acompaña, pide un vino. “No, yo no, que tengo que trabajar”, apunta Hernández aceptando una botella de agua fresca. “El queso pide vino”, determina el hostelero que recorre toda su oferta, todas las denominaciones de origen y “hasta vino con un toque de naranja que deja un gusto parecido al spritz”, dice.
Angie Salinas, mientras tanto, está con Alba García y Sara Huelga en el puesto de Queso Asiegu. “Es un queso ecológico de Cabrales, el único ecológico que hay”, cuenta. “Tenemos una pequeña ganadería que solo produce leche de vaca. Y hacemos dos tipos de queso. El gigante, que está elaborado con leche cruda de vaca, en la misma cueva del Cabrales, tiene la corteza prensada, por eso no permite que pase el ‘penicillium’, el hongo”, explica Salinas, que ofrece uno de sus pinchos a un cliente que se mete en este reportaje.
Bajo un paraguas que hoy es sombrilla, Elena Lancharro y Álex Tow entran en el recinto ferial. Una criatura dormida en el pecho de Tow es ajena al calor desorbitado de este mediodía de tan buen tiempo como desacostumbrado. “Somos muy fans del queso; hoy, la verdad, no es el mejor día para esto, pero no queríamos perderlo”, admite Tow.
María José Sánchez y Esteban Gutiérrez son los que están al cargo del puesto de Porrúa: queso de oveja, cabra, vaca y tres leches. “Y tres leches”, aclara la primera de las dos. La feria avilesina del queso y el vino es uno de los momentos buenos para vender su producto a los visitantes en una de las ferias gastronómicas más populares de Avilés. Y se notó ayer mismo.
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