Con el inglés sucede algo que no pasa con otras materias escolares. Contratar un profesor particular o una academia privada desde edades tempranas es el denominador común de muchas familias, convencidas de que la escuela no es suficiente para que sus hijos e hijas tengan un nivel alto y dominen el idioma. Un nuevo estudio universitario, sin embargo, cuestiona la idea de que, para aprender bien inglés, la receta sea siempre empezar cuanto antes y sumar más clases.
‘Adolescentes e inglés: ¿merece la pena reforzar con clases extraescolares?’, del investigador de la Universidad de Mondragon (Euskadi) Roberto Arias-Hermoso, concluye que asistir a una academia privada marca la diferencia en el aprendizaje del inglés, pero solo en los primeros cursos de ESO, siendo inapreciable en 4º. Con la exposición más informal al idioma (películas y series en versión original, música anglosajona y redes sociales en inglés) ocurre justo lo contrario. En los primeros años de ESO apenas se aprecian diferencias entre quienes tienen esta cercanía al idioma y quienes no, pero a partir de 3º y 4º de ESO la ventaja es notable.
«Los alumnos más jóvenes que asisten a academias obtienen mejores resultados que los que no. Sin embargo, este efecto se va reduciendo a lo largo de ESO hasta desaparecer»
“No se trata de cantidad de horas, sino del momento y el tipo de exposición. Muchas veces pensamos que más es mejor, pero la clave es combinar estratégicamente distintos tipos de exposición que se ajusten a la edad del alumnado”, concluye el autor del estudio.
El investigador de Mondragon Unibertsitatea asevera que la edad es el factor que más influye en la calidad de la escritura en inglés del alumnado. Los estudiantes mayores obtienen mejores resultados en escritura que los más jóvenes. “La importancia de la edad puede parecer obvia, pero tiene implicaciones muy importantes. No se trata solo de acumular horas de aprendizaje, sino de desarrollo cognitivo y madurez. A medida que los estudiantes crecen, mejora su capacidad de expresarse por escrito, tanto entre quienes van a una academia como entre quienes no”, asegura.
«No se trata solo de acumular horas de aprendizaje, sino de desarrollo cognitivo y madurez»
Para realizar su investigación, Arias-Hermoso analizó la calidad de la escritura en inglés de más de 500 estudiantes de entre 12 y 16 años de cinco centros públicos de Euskadi, a los que pidió redactar un texto sobre nutrición. Todos ellos aprenden inglés como tercera lengua en el instituto (además de euskera y castellano) y reciben entre 3 y 4 horas semanales de la asignatura en el aula. Aproximadamente la mitad acude, además, a una academia de inglés.
Extrapolable a otra comunidad bilingüe como Catalunya, el estudio demuestra que no todos los tipos de exposición al inglés tienen el mismo efecto a todas las edades. Las extraescolares sí conllevan ventajas en los primeros cursos de secundaria. “Los alumnos más jóvenes que asisten a academias obtienen mejores resultados que los que no. Sin embargo, este efecto se va reduciendo a lo largo de ESO hasta desaparecer. En 4º de ESO, tener clases de refuerzo ya no supone una ventaja frente a no ir”, explica el investigador.
El giro en 3º y 4º de la ESO
Con la exposición informal, ocurre lo contrario. En los primeros años de instituto, ver películas o series en inglés, escuchar música anglosajona o usar redes sociales en inglés no parece tener un impacto significativo en el rendimiento de los alumnos. Pero a medida que los estudiantes crecen, esto empieza a marcar la diferencia: en 3º y 4º de la ESO, estas actividades se asocian con mejores resultados en la escritura en inglés.
De la investigación de Arias-Hermoso se desprenden conclusiones interesantes tanto para las familias como para las escuelas. “Los padres y las madres tienen que empezar a pensar que, con el inglés, no siempre más es mejor. Hay mucha literatura científica que también ha echado por tierra el mito de que cuanto antes, mejor. Muchos niños empiezan a ir a una academia de inglés con apenas 4 años, pero a los 8 años apenas hay brechas en el conocimiento del idioma entre ellos y los que nunca han ido a clases particulares”, explica.
El investigador de Mondragon destaca “la presión” que sienten muchos padres con el inglés de cara al futuro laboral de sus hijos y les recuerda que no todo pasa por una academia privada dado que el empujón a la asignatura también puede venir de la exposición informal, sobre todo a medida que cumplen años. “Este aprendizaje accidental es más efectivo en los últimos cursos de ESO, pero se trata de un hábito que es mejor alimentar desde que son pequeños para que ya lo tengan adquirido al cumplir los 15 años”, comenta. “A partir de cierta edad, el contacto con el inglés en contextos reales, como son las series y la música, se vuelve muy valioso. Las familias, y también el profesorado, deberían fomentar este uso informal para aprovechar sus ventajas”.
Cambios en el aprendizaje
En opinión del investigador de Mondragon, sería recomendable que los colegios ampliaran la estructura clásica del aprendizaje del inglés. “Estudiar la gramática está muy bien y no se tiene que dejar de hacer. Pero estaría bien imitar un poco el modelo de las academias, que apuestan por la parte más comunicativa del lenguaje. En las escuelas, los alumnos realizan muchas presentaciones en inglés, pero se las llevan aprendidas de casa. Lo ideal sería que tuvieran ejercicios más naturales y usaran la lengua para hablar de manera natural”, insiste el autor del estudio. También admite que las academias tienen otra ventaja frente a las escuelas: las primeras adaptan la enseñanza por niveles, mientras que los docentes de instituto se enfrentan a aulas con una gran variedad de niveles.
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