Están por todas partes. La vaca que recibe a los clientes de Ale-Hop puede verse ya en prácticamente todos los grandes ejes de las principales ciudades, centros comerciales o destinos turísticos de España y parte de Europa. Y las cifras no dejan de avalar su estrategia empresarial, con récords de facturación y de beneficios año tras año.
La compañía de la familia Grimalt cerró el pasado ejercicio con el mayor volumen de ventas de su historia al alcanzar los 281 millones de ingresos, una cifra un 10 % superior a la que cosechó en 2024. Pero, además, la firma también mantiene un envidiable nivel de rentabilidad, que no deja de resultar llamativo y, aún más, en el contexto actual.
A pesar del considerable aumento que han experimentado la mayoría de materias primas, el transporte o los alquileres, Ale-Hop sigue convirtiendo en beneficio prácticamente uno de cada cinco euros que entra por caja, lo que el año pasado se tradujo en un beneficio de 54 millones de euros, frente a los 51 millones del año anterior.
Y esta cifra después de haber contribuido a las arcas públicas con 77 millones de euros durante el último ejercicio.
Expansión
En buena medida, el crecimiento de las cifras viene dado por los planes de expansión de la compañía, que el año pasado abrió 23 nuevas tiendas nacionales e internacionales. Además de España, la firma está presente en Portugal, Italia y Croacia.
La popular mascota de Ale-Hop, junto al gran canal de Venecia, con el equipo de la tienda que la cadena ha inaugurado en esta ciudad italiana. / INFORMACIÓN
Para la compañía de la vaca, que mantiene su política de autofinanciación y de reinversión de beneficios, el 2025 comenzó con la apertura de su nuevo centro de innovación en la localidad de Oliva, que ha elevado la superficie logística de la marca hasta los 40.000 metros cuadrados.
Además, durante 2025 la compañía invirtió 42 millones de euros en la apertura y renovación de la imagen de sus puntos de venta, centros logísticos, digitalización de procesos y otros aspectos relacionados con el I+D+i.
Por otra parte, destaca el desarrollo del P.I.A. (Proyecto de Interés Autonómico) «Activa Safor», un proyecto logístico que se desplegará sobre una superficie de 325.000 metros cuadrados. Esta iniciativa está impulsada junto a la Generalitat Valenciana y los ayuntamientos de Gandia y Bellreguard. El plan, que prevé una inversión global de 120 millones de euros y la creación de 200 puestos de trabajo directo, se encuentra actualmente a la espera de recibir la aprobación definitiva.
Previsiones
Para el año en curso, la estrategia de crecimiento de la empresa se enfoca en continuar su expansión nacional y consolidar su presencia en los mercados internacionales donde ya opera como Portugal, Croacia e Italia. Aunque continúan explorando nuevas oportunidades, no se ha confirmado la entrada a nuevos países, manteniendo su postura de crecimiento prudente y sostenido, un pilar fundamental para la compañía.
«Siempre hay una combinación de factores que influyen en nuestros resultados. Sin embargo, destacamos el esfuerzo realizado por todo el equipo», concluyen desde la dirección de Ale-Hop.
La firma originaria de Gata de Gorgos cumple este año su 25 aniversario aunque sus orígenes se remontan mucho más atrás en el tiempo, a cuando su fundador, Vicente Grimalt, con solo 17 años decidió dejar la agricultura y dedicarse al comercio.

La tienda de Ale-Hop en la localidad italiana de Cesenatico. / Información
Empezó vendiendo sombreros mexicanos en su municipio natal, para pasar a abrir una tienda de menaje y mobiliario en Dénia. Sin embargo, el verdadero salto lo dio cuando en 2001 puso en marcha Ale-Hop, que desde entonces se han consolidado como uno de los mayores referentes en el sector de los bazares.
Y todo gracias, en buena medida, a la idea que tuvo de colocar una vaca a tamaño natural en la puerta de sus establecimientos, lo que conseguía llamar la atención de todo el que pasara por la calle, en una de las mejores acciones de marketing que se recuerdan.
La cadena tiene ahora su sede y sus principales instalaciones logísticas en la población valenciana de Bellreguard, una consecuencia de la falta de suelo industrial de la Marina Alta.
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