Sin tener a nuestra disposición estudios e investigaciones al efecto, lo cierto es que cada uno puede constatar a través del contacto con jóvenes no solo que estos acuden más al gimnasio y en edades más tempranas, sino que prefieren castigarse con pesas los músculos antes que apuntarse a clases o deportes colectivos.
Los chavales -chicos y chicas- van al gimnasio ataviados con cascos, pertrechados de toalla y, sobre todo, llenos de aspiraciones: aumentar el peso con el que hacen press de banca o sentadillas. Los vídeos de Joan Pradells y otros tienen miles y miles de seguidores y el culturismo ahora es casi una afición para las masas.
En las universidades y en los colegios hay alumnos cuyos músculos amenazan con rasgar su ropa. Cuidan la cantidad de proteínas que toman cada día y ya no siguen el calendario natural de las estaciones, sino que se organizan dependiendo de si tienen que definir o aumentar masa.
Ir al gimnasio es un hábito saludable y que aquel sea hoy uno de los principales lugares donde acuden los jóvenes evidencia la preocupación por la salud, un fenómeno que debería alegrarnos. Pero es evidente que uno se puede hacer pesas por razones más o menos equivocadas y que a veces incluso el deporte puede ser contraproducente.
En la nueva cultura digital, se está estudiando una moda adolescente que resulta insana y peligrosa. Lo llaman “looksmaxxing” y tiene que ver con el esfuerzo desmedido de los jóvenes por llevar su obsesión por el atractivo físico al extremo y, especialmente, con medidas casi sobrenaturales.
Se trata de algo parecido a la vigorexia, si bien hace referencia sobre todo no a una determinada obsesión, sino a una tendencia más generalizada entre los jóvenes, que se sacrifican hasta puntos insospechados con el fin de ver crecer unos milímetros más sus bíceps.
Hace solo unas semanas un equipo de investigación de la Universidad de Michigan ha rastreado el consumo de anabolizantes entre los jóvenes durante los últimos cuatro años. Sorprendentemente, ahora los chicos están más concienciados sobre las nefastas consecuencias de hormonarse para condicionar artificialmente su crecimiento muscular, pero sí que se ha evidenciado un abuso de suplementos, como la creatina.
El looksmaxxing tiene que ver con el esfuerzo desmedido de los jóvenes por llevar su obsesión por el atractivo físico al extremo y, especialmente, con medidas sobrenaturales
Hay que tener en cuenta que los jóvenes hoy se alfabetizan en el entorno digital, donde existen personas sensatas y otros influencers que ni son especialistas ni parecen tener dos dedos de frente. Pero siempre ha habido falsarios y truhanes, se aducirá. El problema es que en el marco cultural anterior las oportunidades de contrastación y refutación eran mucho mayores.
Si el acceso de información se reduce al mundo digital, es fácil que un chico se obsesione. Como el consumo se produce a la carta, el adolescente verá culturalismo a todas horas. E incluso ya cuando se acueste, el algoritmo puede que le sugiera una serie de forzudos o un podcast nuevo sobre esa misma temática.
La creatina es natural y no está prohibida. Pero, según el estudio, el consumo entre los más jóvenes puede no ser beneficioso. Además, se suma a otros hábitos alimentarios y suplementos, como el exceso de proteína o el abuso de bebidas energéticas, que puede llevar el cuerpo hasta el colapso.
Según los expertos, estas tendencias no se dan solo ni mayormente entre chicos. De hecho, el estudio pone de manifiesto que durante el periodo de investigación entre las chicas se elevó el consumo de creatina un 168%, mientras que entre los varones fue el 90%.
Philip Veliz, autor del estudio, realizó varias consideraciones ante los medios en el momento de su publicación. Entre otras cosas, señaló que, aunque el consumo de esteroides no ha aumentado, sí que hay una actitud hacia ellos menos crítica. En este sentido, una vez alcanzada la edad adulta, esa mayor tolerancia quizá se traduzca en mayor consumo.
Hoy los chicos están más concienciados sobre las nefastas consecuencias de hormonarse para condicionar artificialmente su crecimiento muscular, aunque sí que se ha evidenciado un abuso de suplementos, como la creatina
En entrevistas y programas dedicados a la forma física, hay culturistas y deportistas que confiesan sin apuros que toman sustancias prohibidas. Hace unos meses, un influencer culturista murió: era conocido por contar su experiencia con los anabolizantes y por su disposición a tomar lo que fuera con tal de tener un buen físico, asumiendo los costes para su salud.
Pero ¿acaso no son también nocivos todos los personajes públicos que lucen músculos definidos e impresionantes y que, según manifiestan, jamás se han dopado?
La vigorexia está creciendo entre la juventud, pero sería superficial pensar que solo plantea un problema de salud. A tenor de la incongruencia entre las aspiraciones físicas de la juventud y las espirituales, se puede decir que vivimos en un momento de deformación, de desequilibrio. Ojalá algún día se diera un inconveniente análogo y tuviéramos noticia de que hay chavales que buscan anabolizantes culturales. Quizá sería el síntoma de algo estaría cambiando.













