Cuba calificó de «canalla» la acusación del Departamento de Justicia de los Estados Unidos contra el General de Ejército Raúl Castro Ruz, quien fue considerado responsable del derribo de dos avionetas civiles, en febrero de 1996. El Ejecutivo asoció la imputación con la hoja de ruta que derivó en la intervención militar norteamericana en Venezuela, el pasado 3 de enero. «Resulta de gran cinismo que formule esta acusación el mismo Gobierno que ha asesinado a cerca de 200 personas y destruido 57 embarcaciones en aguas internacionales del Caribe y el Pacífico, lejos del territorio de los Estados Unidos, con el uso desproporcionado de la fuerza militar, por supuestos vínculos con operaciones de narcotráfico nunca demostrados». Estas incursiones aéreas, sostuvo La Habana, deben calificarse como «crímenes de ejecuciones extrajudiciales, acorde con el Derecho Internacional y asesinatos, según las propias leyes estadounidenses».
Washington, se señala en el mensaje publicado en la noche del miércoles por Granma, el órgano oficial del Partido Comunista, «carece de legitimidad y jurisdicción» para llevar a cabo el juicio. «Se trata de un acto despreciable e infame de provocación política, que descansa en la manipulación deshonesta del incidente» ocurrido tres décadas atrás, que involucró a «la organización terrorista Hermanos al Rescate, radicada en Miami, cuya reiterada violación del espacio aéreo cubano con fines hostiles era de ostensible dominio público».
Según Cuba, la administración de Donald Trump «omite, entre otros detalles, las múltiples denuncias formales presentadas por Cuba en aquel período ante el Departamento de Estado, la Administración Federal de Aviación de los Estados Unidos (FAA) y la Organización de la Aviación Civil Internacional (OACI), sobre las más de 25 violaciones graves y deliberadas del espacio aéreo cubano que ejecutó la citada organización entre 1994 y 1996″. Eso se hizo «en abierta transgresión de las leyes internacionales y la propia legislación estadounidense».
Washington a su vez «ignora las advertencias públicas y oficiales emitidas por las autoridades cubanas sobre la inadmisibilidad de tales violaciones de su espacio aéreo y los mensajes de alerta trasladados directamente al presidente de los Estados Unidos (entonces gobernaba el demócrata Bill Clinton) sobre la gravedad y posibles consecuencias de tales transgresiones». Subraya el comunicado que la respuesta cubana se aparó entonces en «la Carta de las Naciones Unidas, el Convenio de Chicago sobre Aviación Civil Internacional de 1944, y los principios de soberanía aérea y proporcionalidad».
El Gobierno que encabeza Miguel Díaz-Canel aludió al atentado contra las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001. «Estados Unidos, que ha sido víctima del uso de la aviación civil con fines terroristas, no permite ni permitiría la violación hostil y provocadora de aeronaves extranjeras sobre su territorio y actuaría, como lo ha demostrado, con el uso de la fuerza».
La imputación de Raúl Castro «se suma a los intentos desesperados de elementos anticubanos por construir una narrativa fraudulenta en el esfuerzo por justificar el castigo colectivo y despiadado contra el noble pueblo cubano, mediante el reforzamiento de las medidas coercitivas unilaterales, incluyendo el injusto y genocida bloqueo energético y las amenazas de agresión armada».
Un día con varios frentes de tensión
El mensaje cubano se conoció en un día cargado de tensiones internas debido a una nueva ola de apagones y después de que el propio Trump acusara a las autoridades cubanas de haber «desterrado la noción de dignidad humana y asfixiar las esperanzas y los sueños de su pueblo». Su secretario de Estado, Marco Rubio, había ofrecido iniciar un proceso de normalización de las relaciones a cambio de elecciones libres y un repliegue de los militares de la vida económica en la isla.
Sector del exilio festejaron ampliamente el paso dado por la justicia de EEUU. «Se acabó la impunidad», dijeron a coro. Los analistas se preguntaban si la acusación contra el nonagenario general es una concesión coyuntural a los sectores más radicales de la migración cubana que ni siquiera aceptan que se negocie una salida con la isla, a sabiendas de que nunca prosperará la causa judicial, o Washington está repitiendo los mismos pasos que desembocaron en la captura de Nicolás Maduro. Se recordó al respecto que primero fue imputado al entonces presidente por supuestos vínculos con el narcotráfico, luego se iniciaron los bombardeos contra las llamadas «narco lanchas» y, más tarde, una vez rechazadas por Caracas las condiciones impuestas para evitar un escenario violento, con la inclusión de una salida de Maduro del poder, sobrevino el acto militar.
En este contexto, el embajador cubano ante las Naciones Unidas, Ernesto Soberón Guzmán, dijo a The New York Times que su país no se niega a negociar con Washinton sobre la base de una agenda sin restricciones. «Cuba está dispuesta a hablar de todo con Estados Unidos. No hay tema tabú en nuestras conversaciones, sobre la base de la reciprocidad y la igualdad«.
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